
El pasado domingo, mientras hacía zapping para seguir el discurrir de las elecciones en Galicia y el País Vasco, conecté varias veces con Telemadrid. Allí me encontré con Isabel San Sebastián, periodista a la que admiro por su coraje y su coherencia, aunque a veces no estoy de acuerdo con sus postulados. Como en el caso del domingo. Se notaba que iba con ganas contra Rajoy. Hasta el punto de que cuando ofrecieron los datos del sondeo de Ipsos (que pronosticaba una victoria insuficiente para el PP en Galicia y una considerable caída en el País vasco), no dudó en sacar el puñal y empezar a hablar ya de “batacazo” y de que la causa era el seguir una “política sin principios”. Luego, ya con los resultados (¿tanto cuesta esperar a los resultados?), tuvo que bajar el tono… Lo que no le quitó de decir algo que me irritó verdaderamente. Calificó a Aralar de “partido como ETA, pero sin armas”.
No, no y no. Cualquier partido que haga en exclusiva política y no mantenga connivencia con la violencia, no puede ser “como ETA”. Jamás. “Como ETA” sólo son los violentos, los extorsionadores, los borrokas, los terroristas. No los partidos políticos. Los que defiendan la misma ideología que ETA, el independentismo vasco, no son ETA. Bajo ningún concepto. Es legítimo y democrático defender la independencia de Euskadi, Cataluña, Galicia, Baleares o Extremadura, si se quiere. Todas las ideas son aceptadas y bienvenidas en democracia, por fortuna.
Pero es que además es positivo que exista Aralar (fue uno de los partidos emergentes en las pasadas elecciones, con 62.000 votos y 4 escaños). Se trata de un partido que integra a los miembros de la llamada izquierda abertzale –un vasco amigo mío me dijo que ‘abertzale’ en vascuence significa ‘nacionalista’, en genérico, por lo que no es acertado identificarlo con un grupo concreto, más radical y de izquierdas; aunque aquí, echa la aclaración, y para entendernos, mantendremos la definición– que rechazan los métodos violentos de ETA y su entorno. En una interesante entrevista hoy en El País, Aintzane Ezenarro, líder de Aralar, habla claro: “Cada vez somos más y estamos más unidos quienes estamos creando una nueva izquierda abertzale que apuesta por las vías políticas. Nos acercamos a los números de la otra izquierda abertzale. Nosotros vamos a la alza y ellos, a la baja, lo cual es un síntoma de que va en aumento el número de personas que queremos abandonar para siempre la espiral del sufrimiento (…) Aralar se ha fortalecido en el espacio de la izquierda abertzale, lo que refleja que la gente (de Batasuna) está muy cansada del terrorismo”.
Ojalá que no sean muy lejanos los días en que la única izquierda abertzale sea la de Aralar. Ojalá que la ETA política, en sus distintas marcas, desaparezca por siempre. Ojalá que haya el número de independentistas que sea, pero que ninguno coja un arma o queme un autobús para luchar por su “nación”. Yo estaré siempre a favor de esa izquierda abertzale. Ese, por supuesto, será el grupo político al que disfrutaré criticando por su “falsificación de la Historia”, su “aldeanismo en el siglo XXI” o su “egoísmo e insolidaridad” ante los que, sumando, serían más. Aborrezco el nacionalismo y el soberanismo. No me gustan los ERC, PNV, CIU o BNG de turno… o Aralar, pero siempre los respetaré por la gente que sí está pacíficamente con esas ideas (salvo cuando promueven medidas impositivas y liberticidas, aun desde la no violencia) y defenderé que existan como cualquier otro partido. Porque gracias a Dios estamos en democracia y en ella caben todos los que aceptan las reglas del juego. La totalidad de los que no son “como ETA”.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
