La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

UPyD o la indignación organizada y pacífica

Lo vengo diciendo desde hace un tiempo: el movimiento de los indignados, tan plural y tan diverso, se está empezando a ir de las manos. No me ha gustado nada ver zarandear al líder de IU, Cayo Lara. No me gusta que Rubalcaba tenga que anular un viaje a Valencia por temor a las protestas. No me gusta que miles de personas dificulten el paso de los políticos al Parlament de Cataluña al grito de “no pasarán”, empujando a los que iban a pie, optando otros, como el president de la Generalitat, Artur Mas, por llegar en helicóptero. Y no me gusta que al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, del PP, decenas de personas le esperen en la calle para insultarle… mientras pasea a su perro con su mujer e hijos. No, no me gusta. Creo que la inmensa mayoría de los indignados son pacíficos, pero es peligroso (repito, peligroso) que empiece a asomar la patita de la violencia y el antisistema.

Lo diré las veces que haga falta. Estoy de acuerdo en cuestionar a los políticos cuando lo hacen mal. Y lo hacen mal, porque la ciudadanía así lo percibe. Los percibe como un problema. Y eso es muy peligroso. Lo que no entiendo es que se boicotee el acto de constitución de un ayuntamiento. Ese es un acto esencialmente democrático: los ciudadanos de un municipio votan a sus representantes para regir unas instituciones de gobierno y estos toman posesión de las mismas. Gritar en contra de esos representantes políticos (antes de que empiezen a gobernar; antes de que se puedan equivocar) es gritar contra los ciudadanos que les han votado. Millones de personas votaron hace menos de un mes en las pasadas autonómicas y municipales. Esa es la tan manida “Voz del Pueblo”.

En este contexto de descomposición, estoy en mi derecho de creer en la democracia española nacida en 1978. Creo en su Constitución y en sus instituciones. Creo en los partidos políticos. Los critico cuando actúan mal (como es el caso), pero los veo instrumentos necesarios. Dejando las utopías aun lado: ¿cómo se organiza una sociedad conformada por 50 millones de personas si no es eligiendo a unos representantes de los ciudadanos, cada uno bajo el paraguas de su ideología, su coherencia y su historia?

Pues en este momento, sin ninguna duda, me manifiesto al lado de un partido político concreto: UPyD. Por su ideología (basada, ante todo, en la idea de la transparencia, la regeneración y la igualdad de todos los ciudadanos), por su coherencia (lo están demostrando en sus primeros roces con el poder) y por su historia (tan breve, que aún no les ha dado tiempo de perder la “virginidad”). En un mundo cada vez más deshumanizado y desequilibrado, quiero creerme que están aquí por los ciudadanos. Necesito creerme que son diferentes a los politicastros. Amo la democracia y, analizando la historia del mundo y, concretamente la de mi país, esta cainita España, entiendo que la democracia nacida en 1978 es un tesoro tan grande que no podemos renunciar a él así como así.

Desde luego, entre la indignación violenta que quiere hacer tabla rasa con el sistema y un partido nuevo que promete renovar el sistema desde dentro, me quedo con la indignación organizada y pacífica. Me quedo con UPyD.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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