
Como vivimos en un momento en el que parece que hay que justificar toda opinión libremente forjada, me adelanto: soy monárquico. No solo un agradecido juancarlista, no, sino un convencido de que la monarquía parlamentaria es el sistema más conveniente para la España del siglo XXI.
Dicho esto, expreso mi opinión. Más allá de que Iñaki Urdangarín, investigado por la Fiscalía Anticorrupción, habrá de ser sometido a un juicio justo en el que se debería demostrar su hipotética culpabilidad, creo que el gran error del Duque de Palma es a priori y fue adentrarse en el mundo empresarial a gran escala. Pero es que ni aunque hubiera sido como gerente de una pequeña fábrica de lápices. No, por su posición institucional, como marido de la Infanta Cristina, como miembro de la Casa Real, debería de haberse abstenido en todo momento de ingresar del mundo de los negocios. Si quería trabajar, que está bien, debería haberlo hecho como un contratado más. Como lo es su mujer en la Caixa (más allá de la responsabilidad que desempeñe).
La monarquía basa su futuro en la credibilidad. Ocupar la parte más alta del Estado y crear un tejido empresarial en torno a su posición privilegiada siempre es susceptible de todo tipo de maledicencias, fundadas o no. La simple posibilidad de ser en un futuro rey consorte o padre de rey o reina invalidaba a Iñaki Urdangarín, moralmente, de querer ser, en este caso sí, un ciudadano normal.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
