
Respeto y entiendo perfectamente a quienes están en contra de los toros. Sin embargo, me atrevo a apelar al mínimo sentido humano de cada uno y exponer para el reconocimiento el valor del ejemplo de Juan José Padilla, un artista al que un toro casi se lo llevó por delante hace casi dos meses. En la arena se dejó un ojo, media cara y casi la vida entera. Su familia, por supuesto, junto a todos los aficionados a la tauromaquia, nos encogimos con las imágenes dantescas y brutales por las que un hombre fue literalmente destrozado por una fuerza de la naturaleza con dos pitones por banda.

Pero Padilla se ha empeñado y quiere seguir adelante. No solo quiere recuperar su cara, y tal vez el ojo. No solo quiere olvidar la pesadilla y recogerse en el abrazo de su sufrida familia. No, quiere acometer un hecho que escapa al raciocinio que se diría “normal”: quiere volver a ser torero. Y lo ha repetido hoy con una fuerza sobrehumana a la salida del hospital, tras su última operación de casi doce horas: “Que nadie tenga pena de este torero porque voy a luchar lo indecible para reencontrarme vestido de torero con todos ellos”.
No me considero un salvaje por ser aficionado a los toros. Sí me daría qué pensar el que, aunque abominara por completo la profesión de Padilla, no me impactara mínimamente su pasión por seguir regalando a sus aficionados lo que considera un arte.
¡Fuerza Padilla!
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

