
Ayer me emocioné viendo las imágenes de la rueda de prensa del maestro Juan José Padilla anunciando su vuelta a los ruedos. Será en Olivenza, en marzo. Menos de medio año después de una brutal cogida que le costó perder un ojo y dejó su vida pendiendo de un hilo. Fue increíble comprobar su fuerza. Su parche y la mueca de su boca, aún torcida, mostraban unas secuelas que ofrecían una imagen de debilidad. Pero su palabras evidenciaban espíritu: pide a la afición que no le mire con pena. Todo lo contrario, anima a que vayan a ver a quien siempre ha sido: el Ciclón de Jerez. Y a exigirle lo que antes le exigían: pasión y arte.
Admirado ante el espíritu del torero, veo a mi Real Madrid y pienso en que me gustaría que él fuera el entrenador del equipo. Cuánto tiene que aprender de Padilla Mourinho, un señor que no cree en sus jugadores y que no respeta ni a su afición ni a los valores que han configurado siempre la Historia del club. El otro día, en una nueva y dolorosa derrota ante el mejor Barça de siempre, donde volvimos a convertirnos en un equipo mediocre y ramplón, la afición pedía “once Juanitos”. Por desgracia, Juanito solo hubo uno y ya murió.
Pero, aunque sea imposible, qué orgullo sería tener de líder del equipo a una persona leal, comprometida y que ama a su profesión. A una persona que no se empequeñece ante los retos más difíciles y que, independientemente de que consiga vencerlos o no, los acomete siendo fiel a su estilo, no renunciando jamás a él.
Para el Real Madrid, consigamos o no volver a ganar al Barcelona, ¡prefiero mil veces a un Don Quijote que a un Maquiavelo!
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
