
Aunque hasta a mí se me pasó desapercibido, ayer cumplió cinco años este blog, ‘La hora de la verdad’. Echando la vista atrás, veo que todo y nada ha cambiado. Sigo teniendo las mismas ideas de entonces, aunque hoy las defiendo con más conocimiento. Esto es, con más lejanía, con más matices, reconociendo las contradicciones existentes, con menos ilusión.
Soy demócrata, sí, pero ya no creo en la democracia con mayúsculas. Hay muchos tipos de democracia y en ella caben muchos tipos de demócratas, incluso los poco demócratas. Soy católico, sí, pero ya no veo la Iglesia como un todo homogéneo. Conozco más a la institución y a los hijos que la conforman (conformamos). Hay mucho amor, pero también mucho odio y división en su seno. También hay muchos hipócritas y fariseos, a uno y otro lado, que fomentan ese odio y división. Yo mismo, con mis comentarios, aunque llevado por la buena intención y el deseo de ser coherente, a veces he hecho más mal que bien, contribuyendo a la confrontación. Lo reconozco.
‘La hora de la verdad’ cumple así cinco años. A veces pienso que ha envejecido mal. Otras que puede estar cercana a la muerte. Pero no, aún tiene vida. Menos idealista, más desencantadamente realista, aún sigo teniendo necesidad (como ayer me dijo un buen amigo) de mostrar lo que pienso y siento. Y me siento un privilegiado por poder hacerlo aquí.
Para terminar, cuento un secreto. Este blog se iba a llamar ‘¿Cuál es la verdad?’. Le puse el otro nombre por empezar con fuerza, pero el verdadero espíritu es el de esta pregunta. Y hoy lo veo con muchísima más claridad.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
