La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Carta a Francisco Marhuenda, director de La Razón

Estimado Francisco Marhuenda, director de La Razón: Antes de nada, me presento. En mi casa se compra su periódico a diario desde su nacimiento, un mes antes de cumplir los 26 años había conseguido concluir mis estudios en las licenciaturas de Historia y Periodismo y, desde hace cuatro años, afortunadamente, ejerzo esta última profesión. Por darle otro dato, no pertenezco a ningún partido o sindicato y no me he calificado nunca como alguien de izquierdas. Espero que le basten estos breves apuntes biográficos para pararse a atender mínimamente lo que quiero expresarle.

En otras circunstancias, no hubiera creído necesaria esta introducción, pero leyendo algunas afirmaciones en su cuenta de Twitter, creo que es lo mejor. Me refiero a frases como éstas: “Es imposible debatir cuando vuestro argumento es descalificar e insultar. No veo que ninguno sea un ‘Premio Nobel’ que pueda dar lecciones”. “En lugar de debatir y pensar que el contrario tiene otras ideas, vuestra respuesta en la propia de un radical en el peor sentido”. “Un poco de humildad. Agradecería que no creáis que sois una multitud. Un grupo de radicales y punto. Mucha paciencia. Mirar las encuestas”. No soy un radical, no insulto. Sólo quiero expresarle una inquietud. Ahí va:

Como periodista, pero sobre todo como ciudadano, me preocupa la deriva de su periódico. La Razón siempre fue un diario con principios claros, pero personas como su fundador, Luis María Anson, o el que para mí fue su mejor director, José Antonio Vera, le daban a su línea editorial un aire más reflexivo, abierto y conciliador. Ha habido muchas excepciones a esta regla en sus más de diez años de vida, pero no están tan lejanos los días en que escribían en La Razón políticos como el socialista Belloch o las escritoras Espido Freire y Ángeles Caso (a quien, por cierto, un día escribí una carta como ésta, que fue publicada en sus páginas, y en la que yo defendía que en la Guerra Civil todos fueron víctimas y no es tan fácil hablar de “buenos” y “malos”). Entonces, pese a que insisto en que su rotativa siempre ha tenido una línea ideológica muy definida, era “otra cosa”.

Me han entristecido mucho portadas suyas en los últimos meses. Primeras páginas en las que se animaba a “trabajar por España” en una jornada de huelga general; en las que se afirmaba que “ésta es la oposición del PSOE” cuando ha habido disturbios en algunas manifestaciones; o, como la de anteayer, en la que se calificaba como “los malos estudiantes” a una serie de líderes sindicales estudiantiles (con nombres y fotos incluidas), utilizando como principal argumento el que, a su juicio, resulta excesivo el tiempo utilizado en acabar sus estudios universitarios por parte de estas personas.

Y yo me pregunto: ¿es más español el que no ejerce su derecho a manifestarse? ¿Es el PSOE quien está detrás de todas las movilizaciones ciudadanas que cada vez surgen con más fuerza en todo el país? ¿Quién establece cuáles son las circunstancias que hacen que un alumno concluya antes o después sus estudios? Es más: ¿por qué cuando se manifiestan, por ejemplo, las víctimas del terrorismo pertenecientes a unas asociaciones muy concretas (otras no reciben esa misma consideración por su diario), o los católicos en marchas por la vida, se califican estas movilizaciones como “la sociedad”, “la ciudadanía” o “los españoles”? Y, para que vea que está ante un «radical» de los que le insultan, le ofrezco otro dato: yo he estado en la gran mayoría de las manifestaciones que le refiero en último lugar.

Concluyo con una súplica: en un contexto de fuerte fracción social, de lógica frustración ciudadana y de un peligroso escepticismo ante la clase política y las instituciones más elementales como instrumentos encargados de establecer unas mínimas normas de convivencia, no eche más gasolina al incendio. Nos podemos quemar todos. Si La Razón quiere tanto a España, por favor, no contribuyan a generar odios innecesarios.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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