La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

París es una fiesta

‘París era una fiesta’, tengo entendido que se titulaba un libro póstumo de usted, señor Hemingway. Perdone la osadía, pero quiero transmitirle lo que he comprobado estos últimos cuatro días: París sigue siendo una fiesta. Sí, y como sé que le gustará saberlo, ahí donde está, le voy a contar lo que he visto con mi mirada alucinada, esa que algunos ignorantes llaman imaginación. Como si usted y yo no supiéramos que es la verdad que, aunque no se ve, resplandece con la autenticidad de las cosas que merece la pena que existan. Pero, para continuar, creo que es necesario que nos tuteemos. Y que nos sirvamos un buen tinto. ¡Camarero, dos copas para don Ernesto y un servidor!

Ven conmigo. Sí, aquí. ¿No lo oyes? Es París, que clama por la revolución. Aunque ahora, con esto de los tiempos modernos tan desnaturalizados, el ardor bélico se funde con la poesía melancólica. Los miserables a los que cantara Víctor Hugo, hijos de la épica en entrega por la justicia, ahora son honrados con los susurros de Édith Piaf. No está mal el cambio, ¿eh? La musa, tras adorar al Santísimo en Sacré Coeur, se asoma al balcón de Montmartre. Sobre todo París llueve amor. Su letra es la del Himno Revolucionario Humanista.

¿No lo oyes? Es París, cuyo Panteón se ha abierto en canal. Un terremoto ha rajado por la mitad la tela sagrada del cielo parisiense. Hasta los usuarios de las cafeterías, entregados al vino callejero aunque el frío haga estremecerse las entrañas, han huido despavoridos al interior de los viejos cines y teatros. Bajo del péndulo de Foucault, hoy ausente, han estallado las almas de Voltaire, Rousseau, Zola, Dumas, Marie Curie… ¡Hasta Víctor Hugo! Han vuelto a la vida y, con solo exhalar una mota de su esencia, el mundo es mejor. Aunque la masa no lo perciba por estar viendo una sensual película de pechugonas en blanco y negro. Asustado ante este brote libertario, pretende imponer orden Napoleón… pero se ha golpeado en la cabeza al erigirse sobre su mausoleo. El pensador que naciera de las manos de Rodin, testigo de excepción del hecho vergonzante, no puede evitar soltar la coña fresca: “Hoy has sido tú el que se ha agachado ante tu tumba…”.

¿No lo oyes? Es París, donde la Torre Eiffel, libertaria al fin, ha crecido hasta tocar las puertas del cielo. Llama con gran estruendo, motivando la salida asustada de Pedro; quien queda cegado por la luz nocturna que emana de este mastodóntico amasijo de hierros, cuyas manos de seda se apoderan de las llaves que abren el paso a la vida eterna. Es la Mona Lisa de Leonardo la que nos advierte que “el paso es ya franco para todo el mundo”. He aquí el secreto que ocultaba durante siglos bajo su misteriosa sonrisa. Sabía lo que iba a pasar en este instante en la ciudad surcada por el Sena, el río enamorador de pintores, escribas y mujeres entregadas a la vida en estado puro.

¿No lo oyes? Es París. Aquí mismo, Dalí, beodo ya, se está pegando el palo con una gárgola de Notre Dame. “Un vinito para la musa”, clama entusiasta. Mas no es consciente de que su acompañante es en realidad muso… Y no viene solo, sino que le acompaña una danza de enormes dimensiones. “Ciclópea, diría yo”. Aunque eso, Ernest Hemingway, no hace falta que te lo cuente: lo has dicho tú. Gracias a la pasión por lo que se debe dejar escrito, embelesado con este gran teatro que es París, has vuelto a la vida. Estás aquí. Eres testigo de excepción de este gran milagro: París es una fiesta.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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