La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

“Unamuno supo ser parte del alma de Fuerteventura” (Entrevista a Ruth Armas, Cala en ‘La isla del viento’)

La actriz Ruth Armas (Las Palmas de Gran Canaria, 1980) es Cala, un personaje clave en La isla del viento, la primera película dedicada a Miguel de Unamuno desde que falleciera hace 80 años. Dirigida por Manuel Menchón, relata su exilio forzado durante unos meses de 1924 en Fuerteventura, por su oposición a la dictadura de Miguel Primo de Rivera, antes de poder huir hasta París. Un episodio que no dejó indiferente al filósofo bilbaíno, que realmente se encarnó entre sus gentes, fascinado por su vida sencilla y su carácter luchador. Para la actriz tampoco pasa sin más Unamuno, a quien estudió en su adolescencia pero ante quien se ha sentido interpelada de un modo profundo ahora. Hasta el punto de asomarse a su esencia, siempre volcánica, y reclamar que los espectadores la acompañen en un viaje, sin duda, fantástico.

¿Qué Unamuno es el que has descubierto en La isla del viento?

Conocía al Unamuno de San Manuel Bueno, mártir, aunque siempre, en clase de literatura, nos lo presentaban como un escritor con una presencia un poco aburrida. Descubrir en la película lo inmenso que podía haber sido gracias al gran José Luis Gómez, sentir su humanidad o su mirada en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, oliendo esa rabia de los estudiantes, sentir esos gritos y empujones mientras Miguel de Unamuno permanecía firme a su “venceréis pero no convenceréis”… Ha sido importante, porque era lo que me había enseñado en su día: intentar ser inteligente y no dejarme amedrentar.
Me sentí muy conectada con mi personaje de Cala-niña, porque lo veía como un padre, un profesor, que era capaz de enseñar y educarte, hacerte imaginar… Y todo en una isla donde no había nada en esa época. Ha sido un regalo el que me ha hecho Menchón.

Su figura permanece en el olvido en nuestro país… ¿Qué clamaría Unamuno en la España de 2016?

Creo que clamaría lo mismo que hace 80 años. El valor de la palabra, la inteligencia del pueblo… Nos separan muchos años desde entonces, y tampoco ha cambiado tanto la cosa. “Redescubrirlo” en la película es sentir una necesidad de tener un Unamuno cerca. Qué pena que no se le haya dado esa fuerza e importancia que tenía, sobre todo por lo que luchó por la educación de los estudiantes.

¿Qué ha supuesto para ti interpretar a quien, a modo de aldabonazo, le lleva finalmente a coger la lanza quijotesca y dar el paso de su último acto revolucionario, ni más ni menos que ante Millán Astray y lo que este representaba en ese momento?

Aunque mi personaje sea ficticio (nunca se sabe…), Cala es el refuerzo de humanidad y dulzura a un personaje como Unamuno. Es una roja en medio de la selva. Pasé mucha angustia, por momentos pensaba que pasaba de verdad. Ese Paraninfo de la Universidad de Salamanca que se retrata en la película tiene el olor a muerte y a podrido; me daba muy mala energía. Solo necesitaba que mi mentor, Unamuno, se acordara de quién era, por qué luchaba y por qué estaba allí. Y, fuera de la manera que fuera, era emocionante oírle y mirarle, entre tanto dragón escupiendo fuego a su alrededor.
Cala es una niña fuerte desde que le conoce. Es pastora de cabras y tiene carácter. A pesar de vivir en una isla sin recursos, tiene esas ganas de aprender a leer, de imaginar, de ganas de cultura que, de modo metafórico, es algo muy actual. Es esa inocencia que necesita Unamuno para moverse, ya que “creer es crear”.

Como canaria, ¿crees que la película ayudará a percibir las raíces de vuestra cultura, que Unamuno desconocía y de la que se enamoró cuando entonces era completamente desconocida en la península, lejanos aún los tiempos del turismo masivo?

Eso espero. Como canaria, lucho por la cultura y me toca de cerca, porque dirijo un festival internacional de cine en Gáldar (Gran Canaria), manteniendo y promoviendo el cine en la isla; una isla que no está acostumbrada a ir al cine. Me puedo imaginar lo que Unamuno vivió en Fuerteventura, que, a pesar de no tener agua, no llover y tragar viento y tierra, donde apenas había nada salvo aridez, en cambio, estaba llena de belleza, misterio y amabilidad en sus rincones. Amigos, humildad y dulzura en una época complicada. Supo descubrir, disfrutar y ganarse a Fuerteventura. Supo ser parte de la esencia y alma de la isla.

¿Qué escena crees que capta mejor el alma de La isla del viento?

Es difícil elegir una. Quizá el momento ensoñador del molino que acaba dando agua a una isla pobre y seca, donde solo existen viento, aridez y soledad.
Pero mi favorita (aunque forme parte de la ficción, como mi personaje) es cuando nombra en su discurso en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca ese molino de agua. De alguna manera, está haciendo caso a Cala y coge la riendas, en un momento infernal entre tanto falangista gritando “viva la muerte”. La vida fue ese molino, fue ir a la isla y conocer la amistad y la amabilidad en un sitio inhóspito pero luchador. La vida era mirar a los ojos de Cala y ver sus ganas de aprender, de luchar y de formarse en la época que conducía al franquismo, donde los estudiantes estaban mareados y cegados por un Millán Astray poco humano.

¿Por qué, en definitiva, hay que ver esta película?

Es necesaria. Te educa y te enseña parte de la historia. Tus ojos se llenan de tierra, viento y belleza con la fotografía del paisaje que crea la película. Puedes oler esa soledad y ese aburrimiento, incluso esas ganas de beber agua con tanta aridez. Además, te hace querer saber un poco más y ver en “carne” a Unamuno, porque no era José Luis Gómez, sino el mismo Miguel de Unamuno. Yo puedo decir que conocí a Unamuno, y su muerte fue uno de los días más tristes, no solo para Cala, sino para Ruth Armas.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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