Obama no ha explicado cómo va a reconstruir un país agitado y traumatizado

Obama no ha explicado cómo va a reconstruir un país agitado y traumatizado

“Sector por sector, la estructura crediticia de la nación se estaba paralizando. La crisis se respiraba, pero era una crisis extraña y paralizante. … Era peor que un ejército invasor; estaba por todas partes y en ninguna, dado que estaba en las mentes de los hombres. Era miedo.”

— James MacGregor Burns, «Roosevelt: El león y el zorro.”

(David Ignatius).-Podría ser el final de una era económica en Wall Street, como a lo largo de las últimas semanas han venido observando los comentaristas. Pero aún no es el comienzo de una nueva era política de Washington. En ese paréntesis se encuentra la oportunidad de que Barack Obama explique a la nación cómo propone hacer un nuevo comienzo.

El frenético debate acerca del plan de rescate de los 700.000 millones de dólares ha eclipsado la realidad de que habrá de ser construido un nuevo marco de recuperación por parte de la próxima administración. El paquete de la crisis es importante, pero es el equivalente político a un préstamo rápido, una solución a corto plazo para mantener en funcionamiento el sistema. La definición de la nueva era – la era post-quiebra – no ha empezado de verdad.

Para ganar, Obama necesitará dar a los votantes una imagen más clara de cómo va a gobernar en esta nueva era. Sigue hablando como un abogado, prodigando lemas de debate y refutando argumentos, pero no explicando cómo va a reconstruir un país agitado y traumatizado. Esta “visión” cobrará aún más importancia en las próximas semanas, conforme la debacle económica pase de Wall Street a la gente corriente y el país empiece a sentir verdadero dolor.

Franklin D. Roosevelt es el referente obvio para un nuevo presidente que es investido en mitad de dificultades económicas serias. ¿Pero cuáles son las lecciones que enseña Roosevelt?

Una primera decisión de Roosevelt, antes de ocupar el cargo, fue que no se vería atrapado en las flaqueantes medidas de rescate de la administración titular Hoover. Entonces, igual que ahora, el problema era la crisis crediticia paralizante. Un Hoover desesperado enviaba a Roosevelt una nota escrita de puño y letra el 18 de febrero de 1933, suplicándole aprobar un programa para restaurar la confianza. “La principal dificultad es el estado de la mentalidad de la opinión pública, dado que parece que pierde de manera constante la confianza en el futuro.”

Roosevelt ignoró el llamamiento. Pensó que trabajar con el desacreditado Hoover socavaría el apoyo de la opinión pública a su propio programa de recuperación cuando fuera investido unas cuantas semanas más tarde.

Al respaldar el plan de rescate de Bush, Obama ha perdido esa libertad total de acción. Pero en realidad no tenía elección. Más peligroso es que no haya articulado aún un plan general de reconstrucción económica. En la práctica, se zafó del asunto en el primer debate presidencial. Eso es un error.

Una segunda lección de Roosevelt es que la raíz del problema es psicológica. Como escribía Roosevelt en su discurso de investidura el 4 de marzo de 1933, había abierto un volumen de Thoreau que contenía el pasaje, “nada es tanto de temer como el miedo.” Eso se convirtió en el famoso y llamativo discurso “Antes que nada, déjeme manifestar mi firme convencimiento de que lo único que tenemos que temer es al mismo miedo.” En cuestión de unos cuantos días, había recibido medio millón de cartas y telegramas de entusiasmo.

Un tercer precepto de Roosevelt fue acompañar sus motivadoras palabras de acciones decisivas. Roosevelt anunció un día de cierre bancario en su segundo día en el cargo, convirtiendo en virtud el hecho de que los bancos presa del pánico habían cerrado sus puertas. Hacia el final de su primera semana, había aprobado una ley bancaria de emergencia que volvía a abrir los bancos en lo que la opinión pública percibió como un sustrato más firme. La propuesta de ley fue aprobada por el Congreso en apenas ocho horas. Un líder Republicano de la Cámara, el Representante Bertrand H. Snell, decía simplemente: “La casa está ardiendo hasta los cimientos, y el presidente de los Estados Unidos dice que esta es la forma de sofocar las llamas.”

Una lección final de Roosevelt es que en crisis, en ocasiones es mejor seguir las corazonadas que esperar un plan sistemático. Roosevelt consideró disolver el Congreso después de que aprobara la ley bancaria de emergencia que podría plantear como una propuesta integral de recuperación. En su lugar fue poco a poco, sembrando el camino con el paquete de 15 leyes de importancia que componían el célebre “First Hundred Days.”

Roosevelt entendía que era un juego de confianza. Se rodeó de personas inteligentes con buenas ideas. Pero su verdadero éxito en 1933 fue que convenció a un país asustado de que sabía lo que estaba haciendo, y nunca se detuvo en el hecho de que, como dice su biógrafo Burns, «se estaba moviendo por intuición.” Es ese sentido de la iniciativa lo que la opinión pública quiere ver en Obama.

© 2008, The Washington Post Writers Group

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Autor

Luis Balcarce

De 2007 a 2021 fue Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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