Este mensaje no es solo una respuesta directa a los comentarios xenófobos del exmandatario Donald Trump, sino también una declaración de principios que enfrenta de lleno el discurso del odio.
«Tenemos que dejar de decir que los inmigrantes están envenenando la sangre de Estados Unidos. Ellos son la sangre de Estados Unidos», dijo Biden.
Con estas palabras, el presidente rechazó las retóricas que han buscado demonizar a la comunidad inmigrante, y en particular, desmontó el lenguaje tóxico que se ha instalado en ciertos sectores políticos desde hace años. La referencia no es fortuita: el año pasado, Trump insinuó que la inmigración «envenena» al país, perpetuando una narrativa racista y divisiva.
Biden, en cambio, coloca a los inmigrantes como el centro vital del país, reconociendo su papel fundamental en la construcción de una nación diversa y próspera. Su administración, señaló, ha hecho «la inversión más significativa de la historia de la comunidad latina», aunque también admitió que queda mucho por hacer, entre ellos la reforma integral del sistema migratorio, uno de los temas pendientes más urgentes.
La inmigración no es solo una cuestión de política económica o de fronteras; es un reflejo del alma de un país que históricamente se ha construido sobre las espaldas de quienes llegaron buscando un futuro mejor.
Joe Biden, al mencionar esto en plena campaña electoral y con las elecciones de noviembre a la vista, plantea una visión de unidad frente a la creciente polarización. Frente a la narrativa del miedo, la desinformación y el rechazo, como el reciente bulo difundido por la campaña de Trump, que aseguraba falsamente que los migrantes haitianos en Ohio se comían las mascotas de sus vecinos, el presidente responde con hechos y compasión.
Además, Biden no solo habló de inmigración. En su discurso, advirtió que no se puede «retroceder» en temas fundamentales como el derecho al voto, el acceso al aborto o la discriminación positiva en las universidades. Estos temas, aunque no están directamente relacionados con la inmigración, se entrelazan en un escenario político donde las libertades civiles están siendo atacadas. Es un recordatorio de que la lucha por los derechos de los inmigrantes es inseparable de la defensa de los derechos de todas las comunidades marginadas.
Con la comunidad latina como protagonista de la noche y la banda mexicana Los Tigres del Norte animando el evento, la Casa Blanca reafirmó su compromiso con la celebración del Mes de la Herencia Hispana. Biden, junto a figuras públicas como la actriz Jessica Alba, subrayó que “no demonizamos a los inmigrantes” y que su gobierno no atacará a quienes buscan un mejor futuro en Estados Unidos.
En tiempos de crispación y discursos peligrosos, Biden apela a lo mejor de Estados Unidos: su diversidad, su historia de acogida y el respeto por los derechos humanos. No es una cuestión de política migratoria, es una batalla por el alma de la nación. Como lo demuestra este debate, el país debe decidir entre avanzar hacia una sociedad inclusiva o ceder a la retórica del odio y la exclusión.
El llamado es claro: los inmigrantes no envenenan a Estados Unidos, son su fuerza vital.


