António José Seguro, candidato del Partido Socialista, asume la presidencia de Portugal tras su victoria en la segunda vuelta electoral celebrada el pasado domingo 8 de febrero.
Con el 99% de los votos contabilizados, este político de 63 años logró un 66,7% de los sufragios válidos, frente al 33,3% que obtuvo André Ventura, líder del partido de extrema derecha Chega. Esta victoria refuerza un cordón político que se extiende a lo largo del espectro tradicional con el objetivo de frenar el avance del populismo en el país.
Más de once millones de portugueses fueron convocados a las urnas para elegir al sucesor de Marcelo Rebelo de Sousa, quien deja su puesto después de casi diez años caracterizados por una gestión conciliadora y decisiones polémicas. La participación estuvo cerca del 50%, con Seguro recibiendo más de 3,3 millones de votos, mientras que Ventura alcanzó los 1,6 millones.
En su primer discurso como presidente electo, Seguro declaró que «los verdaderos ganadores esta noche son los portugueses y la democracia», enviando un mensaje directo en medio de la polarización que define el panorama político luso.
La formación de este cordón sanitario es especialmente relevante. Seguro no solo recibió el respaldo de su propio partido, sino también el apoyo de candidatos de partidos centristas durante la segunda vuelta y figuras destacadas de la derecha tradicional, como el expresidente Aníbal Cavaco Silva. Esta unión refleja una preocupación común entre las élites políticas portuguesas ante el crecimiento electoral de Chega, que en las legislativas del 2024 se posicionó como la segunda fuerza parlamentaria con un 31,2% de los votos, superando incluso a los socialistas.
Con 43 años, Ventura ha visto cómo su popularidad ha crecido rápidamente en los últimos tiempos. A pesar de no haber logrado la victoria electoral, el líder de Chega comentó a los periodistas que «todo el sistema político, tanto a la derecha como a la izquierda, se unió en mi contra», interpretando su resultado como una reafirmación de su liderazgo dentro del espectro político conservador. Su discurso anti-establishment y sus críticas a la inmigración han resonado entre sectores descontentos del electorado portugués, reflejando tendencias similares observadas en otros países europeos donde la extrema derecha está ganando terreno.
El nuevo presidente toma posesión en un entorno político complicado. Seguro se encontrará con un gobierno minoritario liderado por Luís Montenegro del Partido Social-Democrata, mientras que Chega ocupa ahora la segunda posición en la Asamblea de la República. En el sistema semipresidencial portugués, aunque las funciones presidenciales son principalmente ceremoniales y representativas a nivel internacional, también cuenta con poderes significativos como disolver el Parlamento y convocar nuevas elecciones; prerrogativa que utilizó Marcelo en tres ocasiones durante su segundo mandato.
La década bajo el mandato de Marcelo dejó un legado complejo. Fue reelegido en 2021 con un 60,7% de los votos, logrando así una ventaja histórica en las elecciones democráticas portuguesas y triunfando en todos los municipios del país. Sin embargo, sus tres disoluciones parlamentarias generaron inestabilidad política. La más impactante ocurrió en noviembre del 2023 tras la dimisión del primer ministro António Costa, quien se vio envuelto en una investigación judicial relacionada con negocios sobre litio e hidrógeno verde. En lugar de permitir que el Partido Socialista, que contaba con mayoría parlamentaria, designara un nuevo jefe del gobierno, optó por disolver el Parlamento.
Seguro enfrenta ahora un país lleno de desafíos inmediatos. Las tormentas que azotaron a Portugal coincidiendo con las elecciones provocaron aplazamientos en algunas áreas electorales, lo que subraya la vulnerabilidad del país ante fenómenos climáticos extremos. El nuevo presidente ha dejado claro que su mandato priorizará aspectos como la transparencia y la ética, así como mejorar servicios esenciales como sanidad y prevención frente a incendios forestales; objetivos que marcarán sus próximos cinco años al frente del país.
La victoria de Seguro supone un respiro temporal para las fuerzas políticas tradicionales portuguesas; sin embargo, no elimina las causas profundas detrás del ascenso de Chega. El partido liderado por Ventura sigue ganando terreno entre votantes insatisfechos con la situación económica y cuestiones relacionadas con la inmigración. Este fenómeno probablemente seguirá moldeando los próximos años en la política lusa sin importar quién ocupe finalmente la presidencia.
