Pakistán ha llegado al límite de su paciencia con los talibanes. En la madrugada de este viernes, llevó a cabo bombardeos sobre objetivos en Kabul, Kandahar y Paktia.
El ministro de Defensa, Khawaja Asif, no dejó lugar a dudas en un mensaje en X: «Nuestra paciencia ha llegado al límite. A partir de ahora, es la guerra abierta entre nosotros y ustedes».
Este ataque es una respuesta directa a una ofensiva talibán que tuvo lugar el jueves. Desde Afganistán se lanzaron operaciones contra puestos paquistaníes en la Línea Durand, esa extensa frontera de 2.600 km que separa a los pastunes de ambos lados.
Según Kabul, 55 soldados paquistaníes perdieron la vida y varias bases fueron capturadas. Islamabad, por su parte, afirma haber abatido a 133 talibanes y dejado 200 heridos, además de destruir 27 puestos afganos y tomar 9.
La tensión ha ido en aumento desde 2021, cuando los talibanes recuperaron el control de Kabul. Pakistán enfrenta un repunte de violencia interna, con grupos como Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) llevando a cabo numerosos atentados en las áreas fronterizas. Islamabad acusa a los talibanes de proporcionarles refugio, mientras que Kabul lo niega y reclama violaciones a su soberanía.
Las madrasas paquistaníes complican aún más la situación.
Muchos de estos centros educativos se han convertido en focos para talibanes y extremistas. Niños pastunes cruzan la frontera para asistir a estas instituciones, donde se les inculcan ideologías radicales que luego utilizan contra Pakistán. Los talibanes afganos han establecido más de 24.000 madrasas propias, centros que funcionan como espacios de adoctrinamiento sin supervisión.
La zona fronteriza es un auténtico polvorín.
La Línea Durand, trazada en 1893, no toma en cuenta los vínculos étnicos entre los pastunes. Las tribus comparten lengua y cultura, pero esta línea las separa. Los ataques cruzados son una constante: solo en octubre se reportaron decenas de muertes. Un alto el fuego mediado por Qatar fracasó estrepitosamente, al igual que las conversaciones que tuvieron lugar en noviembre.
- Semana pasada: Pakistán bombardeó campamentos del TTP en Afganistán, causando entre 70 y 80 muertes entre militantes según Islamabad; mientras que Kabul informa sobre 17-18 civiles fallecidos, incluidos niños en una madrasa.
- Jueves: Los talibanes respondieron con artillería, generando explosiones en Kandahar y Helmand.
- Viernes: Pakistán lanzó Operación ‘Ghazab lil Haq’, atacando cuarteles y depósitos en las capitales talibanas.
El portavoz talibán, Zabihullah Mujahid, confirmó los bombardeos: «El cobarde ejército pakistaní ha llevado a cabo bombardeos en algunas áreas de Kabul, Kandahar y Paktia». Anunció represalias sin detallar bajas propias.
¿Cómo puede evolucionar?
Khawaja Asif acusó a los talibanes de actuar como «representantes de India«. Esta estrategia busca fortalecer su apoyo interno en Pakistán, obsesionado con su rival histórico. Sin embargo, esto complica aún más el escenario: Nueva Delhi está ganando influencia en Kabul.
Los riesgos son evidentes:
- Refugiados: Millones de pastunes se ven obligados a huir; ya hay 5,9 millones de desplazados en la región.
- Terrorismo: Tanto el TTP como el grupo ISKP (filial del Estado Islámico) operan desde Afganistán; madrasas radicales están reclutando nuevos militantes.
- Intervención externa: Qatar y Turquía habían mediado previamente; ¿regresarán? Mientras tanto, EE.UU. observa la situación aunque su atención está centrada en Ucrania.
Es probable que Pakistán intensifique sus bombardeos; los talibanes han prometido «operaciones importantes». Los combates nocturnos siguen activos. Si aumentan las bajas civiles, la ira entre los pastunes podría unir fuerzas contra Islamabad.
Esta madrugada se escucharon explosiones en Kabul, mientras aviones paquistaníes sobrevolaban la ciudad. La declaración de guerra abierta redefine el mapa regional. En este fuego cruzado pastune nadie parece salir ganando.
