Pakistán y Afganistán han cruzado el umbral hacia un conflicto armado. Islamabad ha llevado a cabo bombardeos en Kabul, Kandahar y Paktia como respuesta a ataques de los talibanes.
Estos últimos, a su vez, han replicado disparando contra posiciones paquistaníes en Kandahar y Helmand. La situación ha resultado en decenas de muertes en la frontera.
Desde las extensas llanuras del Indo hasta las imponentes montañas del Hindu Kush, esta región volátil se encuentra marcada por una mezcla de religión, etnicidad y geopolítica.
Las treguas son efímeras. La Línea Durand, establecida en 1893 por los británicos, divide a las tribus pastunes en dos.
Afganistán nunca ha reconocido esta frontera. Por su parte, Pakistán la protege con una serie de vallas que se extienden a lo largo de 2600 km, además de torres y sensores, todo ello con un costo aproximado de 500 millones de dólares.
La chispa reciente
El conflicto estalla esta semana. Pakistán lleva a cabo la Operación ‘Ghazab lil Haq’ («Ira por la verdad»). Esta ofensiva tiene como objetivo campamentos del Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) situados en Afganistán. Según Islamabad, han eliminado entre 70 y 80 militantes; sin embargo, los talibanes reportan la muerte de 19 civiles y 26 heridos en Khost y Paktika.
El contraataque talibán no se hace esperar: informan sobre la muerte de 75 soldados paquistaníes y 84 heridos, conforme al portavoz Mawlawi Wahidullah Mohammadi. El ministro de Defensa paquistaní, Asif, ha expresado en X: “ya no queda paciencia”. Además, acusa a Kabul de albergar al TTP y califica al país como “colonia de India”.
- Víctimas reportadas:
| Lado | Muertos | Heridos |
|——|———|———|
| Pakistán (según talibanes) | 75 | 84 |
| Afganistán (según Pakistán) | 70-80 militantes | – |
| Civiles afganos (según talibanes) | 19 | 26 |
Las fronteras se cierran. Los precios comienzan a dispararse: el tomate alcanza las 600 rupias por kilo y el pimiento llega a las 300. Pakistán también ha comenzado a expulsar afganos. Mientras tanto, el cultivo de opio crece en Baluchistán.
Antecedentes: apoyo mutuo y traición
En los años noventa, Pakistán fue el creador de los talibanes con el fin de ejercer influencia sobre Afganistán. Proporcionó refugio en madrasas ubicadas en Khyber Pakhtunkhwa, que se convirtieron así en auténticos nidos talibanes. El nacimiento del TTP se produce en 2007; este grupo agrupa a pastunes radicales que se levantan contra Islamabad. Uno de sus ataques más notorios fue en Peshawar en 2014, donde murieron trágicamente 130 niños.
Desde la toma del poder por parte de los talibanes en Kabul en 2021, estos no han logrado controlar al TTP, que opera desde territorio afgano. En el año 2025, se registraron alrededor de 2414 muertes en Pakistán atribuidas al grupo. Islamabad ha lanzado ataques contra madrasas y aldeas afganas. Aunque los talibanes niegan brindar refugio al TTP, desde Pakistán consideran que representan una amenaza directa.
La larga guerra entre Pakistán y los talibanes continúa su curso. Islamabad celebró el regreso al poder del régimen talibán; sin embargo, ahora lo percibe como una amenaza. Desde el año 2017, se construye una valla fronteriza que es constantemente vulnerada por clanes pastunes que cruzan libremente. En este contexto, las lealtades tribales parecen tener más peso que las fronteras estatales.
Evolución posible
En medio de esta crisis, mediadores como Qatar y Turquía habían intentado establecer un alto el fuego durante conversaciones celebradas en Doha en octubre del año pasado. Sin embargo, ahora esa posibilidad está tambaleándose. Los riesgos son evidentes:
- Una escalada irreversible si continúan las muertes civiles.
- La posible intervención de India, ya que Pakistán sospecha una alianza entre los talibanes y Nueva Delhi.
- La mirada atenta de potencias como China, EEUU, y países del Golfo; Pekín está invirtiendo tanto en Pakistán como en Afganistán mientras que Washington teme la proliferación del terrorismo transnacional.
- La economía paquistaní enfrenta serios problemas: el FMI intensifica sus exigencias mientras la inflación sigue aumentando.
Con todo esto sobre la mesa, es China quien presiona por estabilidad mientras que el Golfo financia iniciativas para lograrla. Un solo error puede arrastrar toda la región hacia un caos mayor. Aún así, existen canales diplomáticos abiertos; sería posible retomar negociaciones similares a las realizadas en Doha.
La Línea Durand representa una herida abierta para Asia Central. Divide a hermanos pastunes e impulsiona el terrorismo regionalmente. Sin un reconocimiento mutuo entre ambas naciones, alcanzar la paz parece una meta distante. Este pulso nuclear despierta temores al caos pero también podría abrir puertas hacia un acuerdo forzado.

