PRÁCTICAS PELIGROSAS

Feministas rocían con lejía las pelotas a los ‘machitos’ que se desparraman en el Metro

Esta acción es mas desafortunada que el hecho que supuestamente la provoca

La feministas siguen en pie guerra contra el manspreading, un neologismo utilizado desde hace 3 años, para nombrar la postura que muchos hombres adquieren al sentarse en el metro o el bus, con las piernas abiertas y ocupando casi dos o tres sitios (Los 13 referentes feministas con los que crecimos sin darnos cuenta).

La activista rusa, Anna Dovgaliuk, que tiene tanta creatividad como mala leche, y muy poco aprecio por la seguridad y salud de sus ‘víctimas’, se ha grabado en vídeo echando lejía sobre los genitales de los hombres, que considera necesitan este correctivo suyo, para ‘aprender’ a sentarse en el metro de San Petersburgo (Feministas acusan ahora a Apple de fabricar iPhones demasiado grandes para las manos de una mujer). 

Según Dovgaliuk, sólo pretende llamar la atención de todo el mundo sobre este tema, algo que ha conseguido con creces.

Una legislación al respecto parece lejana, pero la rusa insiste en que es necesaria para evitar esta conducta irrespetuosa. Dovgaliuk ya ha rociado con lejía a 70 hombres en San Petersburgo, y avisa que hará lo mismo en Kazán. ¡Cuidado hombres de Kazán!.

Las críticas y la polémica se multiplican; desde los hombres que se quejan de los peligros para la salud de dicha práctica, hasta los que afirman que todo es un burdo montaje publicitario y que ni siquiera es la misma activista la que hace los vídeos, sino otra llamada María Rein, igualmente conocida en el mundillo.

Stanislav Kudrín, uno de los hombres asaltados, ha confirmado que su video fue preparado, lo que desacredita muy mucho esta desagradable iniciativa, que esperemos no consiga imitadoras.

Lo que queda claro, es que esta acción es mas desafortunada que el hecho que supuestamente la provoca; rociar los genitales de un hombre con un producto químico, altamente tóxico como la lejía, que contiene un fuerte oxidante, además de decolorantes, no es una forma de reivindicar nada, sólo una agresión premeditada, que sí que debería ser perseguida conforme a ley, ya que supone un peligro mayor para la seguridad, salud e integridad de las personas agredidas, que la fea e irrespetuosa visión de un hombre o chico desparramado, con sus piernas abiertas en una silla de transporte público. 

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