No más Mentiras

Antonio García Fuentes

VIAJE A PAÍSES ALPINOS VIII

VIAJE A PAÍSES ALPINOS VIII

Amanece el día dieciocho (jueves) y recibimos la cotidiana llamada del «despertador», pero hoy el teléfono suena a las seis de la mañana.- Nos apresuramos todo cuanto podemos, bajamos al comedor, el que se encuentra en la planta baja del edificio, dejando al paso, nuestros equipajes en el hall; desayunamos rápido, ya que Carlos nos apremia y dice que «el barco nos aguarda a las siete».- Así y por esta premura, portamos nuestros equipajes y a toda prisa, hacia igual lugar donde ayer desembarcamos y allí en el gran canal, nos aguarda el «San Salvador», que fue la embarcación que ayer nos transportó, la que es del tipo «golondrina» y es algo así como «un autocar del mar».- Subimos a bordo, bastante sofocados por «la carrera», en la que a algún componente del grupo, se le ha abierto una maleta y ha tenido que sufrir el incidente de ver su contenido «por el suelo», todo lo cual nos retrasa unos minutos, los que aprovecho para apreciar el día que nos ha amanecido y otear los alrededores del embarcadero.
Ya luce el sol y estimo que nos seguirá haciendo buen tiempo; reparo en los pequeños jardines que existen a la entrada de la contigua terminal de ferrocarriles y en ellos observo, varios olivos, plantados allí como árboles de ornamentación y a los que la humedad veneciana y la de su gran canal, parece ser que «les cae muy bien», puesto que se muestran muy frondosos y pese a que aún «son bastante jóvenes».- Esta estampa «olivarera» nos agrada a quienes somos nativos de tierras enormemente olivareras, por ello hago notar estos árboles a algunos compañeros del grupo, los que al igual que yo, se sorprenden el verlos «dentro de esta laguna».
Cuando -por fin- emprende la navegación («canal abajo») nuestro barco y en dirección a donde nos espera nuestro autocar, miro el reloj y este marca las siete y treinta y cinco.
Al paso de nuestra embarcación, observo en el canal, el gran ajetreo y tráfico que ya circula por él y sobre todo la gran actividad que existe a la salida del mismo y en los muelles que allí existen de carga y descarga de mercancías, donde grandes camiones, surten a no menos grandes barcazas, las que «suben por esta principal vía y penetran en la ciudad», la que tiene que ser surtida de todo cuanto necesita y precisamente por estos medios, por lo que es fácil imaginar este grande y cotidiano movimiento, necesario para nutrir esta importante población y el que yo hoy veo a plena luz del sol, en toda su intensidad y colorido.
Salimos a aguas libres de la laguna y lo hacemos bordeando una parte del puerto marítimo y allí observo un gran barco de carga, el que me llama la atención por el nombre del mismo y porque ayer cuando cruzamos en dirección contraria, también se encontraba allí anclado.- Se trata del «Turkmenistan», cuyo nombre guarda indudable relación con la ya desaparecida, «URSS», por lo que me pregunto… ¿Qué hará este barco aquí… tal y como hoy se encuentra este desmembrado imperio comunista?.
He de decir que la mañana es fría y con un exceso de humedad y ello por cuanto ya dije ayer, a pesar de todo, llegamos a nuestro autocar con optimismo y así a las siete y cincuenta y cinco minutos, el vehículo parte en dirección a Viena, que es nuestro destino de hoy, por tanto nos espera un largo recorrido y en el que atravesaremos la cordillera de los Alpes.
Luce un sol de primavera, si bien observo hielo en los campos y debido a la gran escarcha caída en la noche (ha escarchado muy fuerte) y mientras rueda el autocar, sigo apreciando esta fertilísima llanura, la que bien cuidada denota su gran actividad y producción agrícola-ganadera.
Pasaremos por las inmediaciones de Udine, Tarvisio y en dirección a la frontera austriaca. A lo lejos ya se ven perfectamente las altas cumbres de los Alpes italianos y puede que también algunas de los austriacos. Hemos girado a la izquierda y dejado la autopista que lleva a Trieste, por tanto, hemos estado muy cerca de esa parte de la antes denominada Yugoslavia y la que, «hoy fragmentada y ensangrentada», mantiene unas guerras interiores de no sabemos qué consecuencias presentes y futuras, de este nuevo drama humano y el que se está dejando desarrollar sin que nadie sepa decir el porqué de ello… y en el que ya han muerto una docena de militares españoles, que vinieron aquí en son de paz y para ayudar a estos pobres desgraciados, de estas cercanas y atormentadas tierras balcánicas».
Son las 10,45 cuando cruzamos el río «Tagliamento», el que baja de las cumbres alpinas, con bastante caudal de aguas azuladas y limpísimas; y seguidamente, dejamos la llanura y entramos en un estrechísimo valle o garganta, que nos va adentrando en la cordillera alpina italiana (Alpes Dolomitas) por tanto empezamos a subir por estas estribaciones.
El paisaje ha cambiado con una brusquedad asombrosa, puesto que circulamos a muy buena velocidad por estas autopistas. La panorámica se nos muestra bellísima y la podemos ver al pleno sol que aún disfrutamos, si bien por poco tiempo puesto que entramos en zona de nubes y nieblas, todo lo cual se va acentuando a medida que vamos penetrando en el corazón de la cordillera; pero todo ello nos va a proporcionar, «miles de estampas diferentes y bellas y que llevarían un largo libro el intentar describirlas».
Entramos en el primero y larguísimo túnel, de los muchos que atraviesan las montañas y que son de iguales características a los ya descritos anteriormente; y los que se van a ir sucediendo hasta entrar en Austria, todo lo cual representa otra costosísima infraestructura viaria, cuidada al máximo para que a través de la misma se circule a velocidades (siempre) por encima de los cien kilómetros por hora. Nos detendremos en un establecimiento de carretera, que es restaurante, gasolinera, autoservicio y tiene igualmente bar, donde tomamos café y gastamos la moneda fraccionaria italiana, la que ya no nos va a servir en el resto del viaje, pues sabido es que la moneda metálica no es convertible, ni tiene circulación fuera del país de origen.
A las once en punto cruzamos la frontera austro-italiana, lo que realizamos con toda facilidad, pese a que Austria (1993) no pertenece aún a la «CE» y por tanto, no existen los compromisos aduaneros que mantienen hoy «los doce de la CEE», pese a ello, «un soñoliento gendarme austriaco», nos examina y con un ademán, nos da paso franco en breves instantes (somos turistas y el turismo interesa a cualquier país).
A medida que hemos ido entrando en los Alpes, notamos que «la nieve se nos va acercando», algunas veces hasta llegar al borde de la carretera; igualmente todo está cubierto de un inmenso bosque donde predominan los cedros, abetos, alerces y otras coníferas, los que engalanados con la nieve, se muestran revestidos de esa extraña belleza y serenidad, que acentúan estas escarpadas pendientes alpinas, donde muchos de los árboles, parecen colgados de las escarpaduras montañosas.
Villach (Provincia de Carintia) es la primera ciudad austriaca por cuyos alrededores pasamos, posteriormente pasaremos por una hermosa comarca donde abundan los ríos, lagos y bosques, todo lo cual lo podemos ir viendo a plena luz solar, puesto que de nuevo el día «ha abierto totalmente». Carlos (respondiendo a mi pregunta) dice que esta comarca se conoce con el nombre de «Interlaken», si bien no he podido confirmar ello, en Austria, sí que existe el nombre en Suiza y cercano a Berna.
Posteriormente nos saldremos de la autopista para visitar, recorriendo parte de la misma, sin bajar del autocar, la ciudad de Klagenfurt, capital de esta provincia (Carintia) y la que fuera capital de un antiguo ducado de igual nombre; y que es la primera ciudad de cierta importancia, en esta parte de Austria; la que Carlos quiere mostrarnos para que veamos «el orden y la buena organización ciudadana, que a simple vista muestra», para que con ello, apreciemos, el gran contraste que existe de una a otra parte de los Alpes. Le agradecemos ello, puesto que esta visita no estaba en el programa de viaje.
Efectuado el recorrido continuamos viaje, encontrándonos al paso con cielos nublados, niebla, e incluso en una parte del mismo, con nieve en abundancia, lo que no entorpece nuestro viaje puesto que las autopistas están totalmente limpias de nieve y pese a que en sus márgenes y en algunos tramos, esta es abundante.
Abundan igualmente, los bosques de diferentes tipos de árboles maderables, predominando las coníferas… y donde no existe bosque, toda la tierra está perfectamente roturada y cultivada hasta el más mínimo espacio de estos ubérrimos campos austriacos; incluso en los taludes de las carreteras y límites de propiedad, hay plantados árboles; o sea, que no se desperdicia ni un sólo palmo de terreno, ni por descontado… «nada de los productos o subproductos que de estas tierras se obtienen», puesto que incluso observo cierta madera no apta para usos de carpintería, la que sin embargo, bien troceada y debidamente apilada, aguarda ser retirada en los bordes de caminos o carreteras… seguro que para el servicio doméstico o de calefacción… «en la civilizada Europa, nada se desecha».
A las 13,30 h. nos detenemos en un restaurante de la autopista, el que situado cerca de la ciudad de Graz, lleva por nombre o denominación, el de, «Graz-Kaiserwald», donde cada cual come por su cuenta y riesgo, puesto que la comida no entra en lo que comprende el viaje, es por tanto «libre».
Como yo de «alemán y de chino», no sé nada en absoluto y los camareros que atienden, son «puros austriacos», pues nos entendemos con el idioma «universal»; y con la mímica, los gestos y señales, al final mi esposa y yo, logramos comer estupendamente; tan es así, que luego algunas de las compañeras de viaje, al llegar «su turno», indican al camarero, «el mismo número de menú que nosotros hemos elegido» (han visto lo que comemos y a su pregunta les he indicado el número correspondiente y que figura en la carta). Después hemos tomado postre y café; y pagado su importe, hemos salido al exterior, donde aún podremos disfrutar de un rato del ya «tímido y frío sol austriaco», mientras corre el tiempo de descanso que nos ha marcado el guía… «feliz por esta primera prueba del alemán», enciendo mi primer puro de hoy y fumo gran parte del mismo, al purísimo aire de estas montañas, admirando sus bosques y campos, los que para nosotros son todo un espectáculo, más aún por cuanto en algunas partes, la nieve los adorna. Transcurrida una hora de tiempo que nos han concedido, continuamos viaje.
Como aún nos queda un buen trecho hasta llegar a Viena, nos ponen una película para entretenernos esta segunda parte del viaje. A las 16,30 horas, estamos entrando en la capital de Austria, donde ya empieza a anochecer. Veo marcado en un termómetro luminoso (el que se encuentra cercano al primer semáforo donde tenemos que detenernos) tres grados bajo cero, lo que nos confirma, las temperaturas que vamos a tener que soportar, durante todos los días que nos encontremos entre Austria, Suiza y la parte de Alemania, que vamos a visitar.
Tras un recorrido que nos ocupa unos quince minutos, llegaremos a nuestro hotel, donde con «cierta dificultad» (la que luego contaré) tomamos posesión de nuestra habitación, en la que reposamos suficientemente y tomamos un baño que nos restablece del cansancio del largo viaje. El establecimiento hotelero en el que nos encontramos, es el siguiente… se trata del «Parkhotel Schonbrunn», el que ocupa uno de los viejos palacios que fuera propiedad de la nobleza austriaca; y el que está situado en lo que fuera ese barrio «noble», muy cercano al palacio imperial (del que el hotel toma el nombre). Barrio en el que igualmente habitaron los más famosos músicos y compositores que en Viena, realizaron su inmortal obra. El palacio fue acondicionado y convertido en hotel, respetando salones e incluso un teatro interior que posee. Posteriormente se amplió, a los bastante grandes jardines del palacio, en los que se realizó una obra «moderna». Resultado de todo ello es, un enorme establecimiento hotelero, que cuenta con más de quinientas habitaciones, bastante bien acondicionadas y todos los servicios propios de un «gran hotel», pero en el que inexplicablemente existe «un detalle», incomprensible para cualquiera que conozca la «organización hotelera normal y corriente» (no hablemos de la tan «perfecta» alemana). Resulta que en este enorme conglomerado de habitaciones hoteleras, su interior es un verdadero laberinto, pésimamente señalizado y en el que se crean problemas verdaderamente grotescos, puesto que se llegan a «perder» los clientes en estos intrincados pasillos, cosa inexplicable y absurda y de la que pueden hablar quienes han estado en el mismo. Y lo curioso es que pese a las continuas quejas que existen -me lo confirmó un empleado- no se resuelve este absurdo problema, el que por otra parte, no resultaría muy costoso (como propietario de un «mediano hotel» creo saber algo de ello)…»indico todo cuanto antecede, puesto que yo y mi esposa nos perdimos en el laberinto, al igual que la mayoría de los componentes del grupo, y de otros que entraron con nosotros», luego -es claro- que una vez recorrido «el itinerario» un par de veces, puedes salir y entrar en «el dédalo», no sin ciertas dificultades. Pero -insisto- se llega a sentir un «preocupante grado de indefensión y abandono, en esta situación», donde incluso llamas por teléfono a la recepción y no te entienden, porque pese a «lo de gran hotel», no existe en ese momento quien entienda el español, que por si alguien lo ignora… «lo hablamos ya unos trescientos veinte millones de hispano-parlantes»… ¡Horriblemente absurdo! Hoy 2019 los hispano hablantes en el mundo, llegan a los 600 millones o quizá más.
Tras esta «primera y amarga experiencia vienesa», en un país en que se presume de… «que todo está actualizado, en orden y en un estimable control»… llegamos (con retraso) al comedor, donde damos las oportunas quejas a nuestro guía, que «pone cara de circunstancias y no sabe encajar la justa queja que le hacemos, puesto que si allí estamos en por culpa de él»; y lo correcto es que -al menos- hubiésemos efectuado (dirigidos por él) una oportuna queja colectiva, a «tan inútil dirección hotelera».
Como no es cosa de «cambiar de hotel», se van calmando los ánimos (hubo personas que llegaron a rozar la histeria, viéndose perdidas en aquellos pasillos) y cenamos, con cierto malestar de cuerpo, una cena que no estuvo mal («al César lo que es del César») y luego tras la misma, nos dividimos en grupos y pasamos a los amplios salones del hotel, donde departimos y fumamos, comentando principalmente los incidentes comentados; y donde destacamos el que la señalización interior de este hotel, debe haber sido realizada por un loco.
«Agarrado a mi segundo puro, fumo el mismo con la parsimonia que ello requiere»… hasta lograr que la tranquilidad y «la estabilidad de ánimo, vuelva a nosotros»… y así a las diez de la noche, nos retiramos mi esposa y yo en dirección a nuestra habitación (el recorrido lo efectué tres veces con anterioridad y como «entrenamiento»).- Son algo más de las diez de la noche cuando entramos en la alcoba, donde nos aguarda otro inconveniente.
Trato de llamar por teléfono a casa, o a casa de alguno de mis hijos, pero ello no me es posible, por lo visto y aunque el teléfono es «directo», han debido de bloquear la línea, supongo que en el control hotelero, «pensarán que no vamos a pagar la llamada» (se suele emplear este sistema con los grupos). Trato de hablar con recepción y como yo no sé alemán, ni quien me atiende, tampoco sabe (o quiere saber -«vete tú a saber») español», no me es posible realizar esta llamada, por lo que… «nosotros nos quedamos sin poder hablar con la familia… y el hotel se queda sin la ganancia que indudablemente representa el servicio telefónico, el que se suele cargar bien en ciertos hoteles»… y de verdad que lo siento, no por mí, sino por mi esposa, que deseaba impacientemente el haber hablado con nuestros hijos y sobre todo el oír a «nuestra pequeña nieta de casi dos años de edad»… de verdad que sonrío, cuando escribo todo esto que me ha ocurrido en este… «gran hotel de una ciudad con la solera histórica, como lo es Viena»… y con esta sonrisa me dirijo a la cama pensando… ¡Cuando los imbéciles políticos, acordarán el fomentar o implantar un idioma (uno sólo) en el que nos podamos entender todos los habitantes de esta pequeña «esfera» que flota milagrosamente en el cosmos!… ¡Bha!… Y no, no estoy pensando en que sea suprimida ninguna de las denominadas «lenguas vernáculas o nacionales», no, pero… ¿Qué costaría lo que antes digo, si se implantara en todas las escuelas e institutos del mundo… «más o menos» civilizado?… poco, muy poco, para los grandes beneficios que ello conllevaría en relación a la verdadera comunicación y entendimiento entre los «humanos».
Me acuesto y leo un rato, hasta que «el sueño viene».

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí más temas)

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Antonio García Fuentes

Empezó a escribir en prensa y revistas en 1975 en el “Diario Jaén”. Tiene en su haber miles de artículos publicados y, actualmente, publica incluso en Estados Unidos. Tiene también una docena de libros publicados, el primero escrito en 1.965, otros tantos sin publicar y mucho material escrito y archivado. Ha pronunciado conferencias, charlas y coloquios y otras actividades similares.

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