El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

No hay otro paraíso que el perdido

NO HAY OTRO PARAÍSO QUE EL PERDIDO

ALGO MUY SIMILAR ESCRIBIÓ BORGES

George Orwell, seudónimo literario del escritor británico Eric Arthur Blair, en el texto al que puso este rótulo, “Por qué escribo”, donde adujo las razones por las que se decantó por el don, que advirtió en él, de la escritura, y fue publicado en el número de verano de 1946 de la revista literaria “Grangrel”, dice, en las líneas que, siempre que vuelvo a leerlas, las hubiera subrayado de nuevo, si no hubiera culminado dicho menester en la prístina, amén de otras, impactantes, importantes, interesantes, estas: “Cuando me siento a escribir un libro no me digo: ‘Voy a hacer un libro de arte’. Escribo porque hay alguna mentira que quiero dejar al descubierto, algún hecho sobre el que deseo llamar la atención. Y mi preocupación inicial es lograr que me oigan. Pero no podría realizar la tarea de escribir un libro, ni siquiera un largo artículo de revista, si no fuera también una experiencia estética”.

Bueno, pues, mutatis mutandis, algo parecido me acaece cada tarde, cuando, tras haber conseguido cazar al vuelo o pescado sin anzuelo una Costanza (así llama este menda a cada idea que, amén de tener la virtud de encenderse como una bombilla, se atreve a cruzar por su cacumen, y este aventajado discípulo de Artemisa/Diana logra darle alcance con una de las flechas que portaba en su aljaba o carcaj), me dispongo a pasarla al folio en blanco. Y es que acaso solo quien ha aprendido a invertir (prefiero este verbo a perder) el tiempo, sentarse, empuñar un BIC azul, estupenda arma, dura como el acero y suave como la seda, y deslizar su punta sobre un papel (la primera versión sigue quedando plasmada, de ordinario, en una media cuartilla gualda), es el único capaz de sacarle rédito, recobrarlo y ganarlo, si no en su totalidad (hoy no hay nadie que sea el vivo retrato del personaje literario Ireneo Funes, salido del magín del escritor argentino Jorge Luis Borges, sobre la faz del planeta azul, la Tierra), en una buena parte.

Si consideramos verdad radical, válida y vigente que el hombre es un ser falible, ya que “errare humanum est”, errar es humano, aquí no fracasa quien se propone y, a renglón seguido, se pone a coronar cuanto debe o se ha autoimpuesto, quien intenta llevarlo a buen puerto; aquí naufraga estrepitosamente el que procrastina, un día sí y otro también, su obligación, por sentir un miedo cerval a malograr dicha pretensión o deseo. Algo semejante dijo y/o dejó escrito bellamente, negro sobre blanco, el padre Pedro Arrupe, el “papa negro”, prepósito general de la Compañía de Jesús de mayo de 1965 a septiembre de 1983: “No tengo miedo al nuevo mundo que surge. Temo más bien el que los jesuitas tengan poco o nada que ofrecer a este mundo. Poco que decir o hacer, que pueda justificar nuestra existencia como jesuitas. Me espanta que podamos dar respuesta de ayer a los problemas de mañana. No pretendemos defender nuestras equivocaciones, pero tampoco cometer la mayor de todas: la de esperar con los brazos cruzados y no hacer nada por miedo a equivocarnos”.

Hay quien no entiende por qué vuelvo un día, y otro, y otro, al extinto, sí, pero imperecedero (mientras recordemos o siga vivo el espíritu de ternura que, a modo de cordón, mantiene unidos y/o rodea a cuantos estudiamos allí), también, seminario menor, que los religiosos camilos regentaron durante tantos años en la localidad riojana de Navarrete y hoy, en los límites de esa misma extensión o  propiedad, se levanta el hotel “San Camilo”; lo hago porque allí estuvo, al menos, mientras yo permanecí interno en dicho colegio, estudiando los tres últimos cursos de la desaparecida Educación General Básica (EGB), el paraíso.

Al grupo de religiosos camilos que me desasnaron, educaron y formaron como persona y ciudadano libre de la república literaria les estuve, estoy y estaré eviternamente agradecido. El beneficio que me depararon queda fuera de toda duda. ¿Puede extrañarle a alguien que con dos de los profesores que tuve allí, Jesús Arteaga Romero y Pedro María Piérola García, dos azquetanos de pro, más mi progenitor, Eusebio, haya recreado el personaje literario de fray Ejemplo?

“No hay otros paraísos que los paraísos perdidos” es el último verso (o frase) de ese borgiano poema (en prosa) titulado “Posesión de ayer”, que contiene otros versos o locuciones con los/as que también abundo o estoy de acuerdo: “Sólo el que ha muerto es nuestro, sólo es nuestro lo que perdimos”; “Todo poema, con el tiempo, es una elegía”; “Nuestras son las mujeres que nos dejaron (oración que alargo con catorce palabras de mi propia cosecha: amarlas durante la eternidad, pues quien de verdad ha amado nunca deja de amar)”.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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