Pacos

Paco Sande

El guerrillero heroico…El Che y su mito.

El general de aviación René Barrientos era el presidente de Bolivia cuando Ernesto Guevara fue ejecutado en octubre de 1967. El Che es muy conocido en esta España nuestra, pero de Barrientos no se sabe nada.
Barrientos fue nombrado presidente cuando en 1964, el ejercito dio un golpe de estado contra el presidente Paz Estenssoro, el histórico líder del Movimiento Nacional Revolucionario. El general era un tipo apuesto, expansivo y bastante donjuán, al que le gustaba bailar cuecas con las señoritas de las haciendas y los pueblos, entre las miradas no sé si regocijadas o inquietas de los hombres del lugar. Desde luego, era totalmente pro-americano y prometía reformas económicas contrarias a las del MNR
Existe una fotografía del Che Guevara en la que aparece su rostro con la boina negra mirando a lo lejos.
Con ella se creo uno de los mitos mejor elaborados por la ficción marxista, la fábula del guerrillero heroico, dedicada a Ernesto Guevara. El mito se alimenta de su foto con boina que adorna franelas, lienzos y pósters vendidos a muchos jóvenes incautos que los exhiben como símbolo de libertad, sin conocer al personaje.
La fotografía del Che Guevara fue tomada por Alberto Korda el 5 de marzo de 1960 —cuando Guevara tenía 31 años— en un entierro por la víctimas de la explosión de La Coubre, pero no fue publicada sino hasta siete años después. El Instituto de Arte de Maryland (Estados Unidos) la denominó Korda’s photo, es decir, La Foto de Korda: «La más famosa fotografía e icono gráfico del mundo en el siglo XX.

Y sin embargo, de Él Che, me temo que lo mejor que se puede decir, es que era consecuente con sus pricipios.
Su idea de lograr un mundo más justo –como el que presumiblemente quería, podía ser una aspiración legítima, pero si fundamentó su esfuerzo en el error intelectual –el marxismo–, si recurrió a la violencia y al crimen para conseguirlo, y si en el camino contribuyó al establecimiento de una atroz y empobrecedora dictadura, ninguna persona honesta puede exonerarlo de sus gravísimas responsabilidades.
De El Che, se dice que asesinó personalmente a 216 personas.
Fidel Castro lo mando al Congo, -precisamente ahí es donde le dan el sobrenombre de Che, nunca antes se le había llamado de esta forma- cuando se le empezó a entrometer demasiado en sus asuntos y comenzó a estorbarle, se libro de él.
Por África pasó sin plena ni gloria y, ya cansado y quizás bastante amargado, le debió doler mucho el derrocamiento del MNR, que destruía de esta forma el sueño de su juventud. Quizás esto, unido a la idea de recuperar su aureola de héroe, tuvo algo que ver con su desatinada decisión de lanzar su insurgencia en Bolivia. Imposibilitado de actuar clandestinamente en un medio social como el de los mineros, totalmente urbanizados, puso sus esperanzas en levantar a los campesinos bolivianos contra el general que había frustrado su modelo revolucionario de juventud. Grave error. Barrientos era muy popular entre los campesinos.
Y los días de gloria del Che ya se habían esfumado.
Quien realizó la ejecución del Che fue un soldado del ejército boliviano, por lo que se asume que el soldado, antes de disparar, había recibido autorización de Barrientos. La propaganda antiamericana sostiene que la orden de ejecución la dio un tal Rodríguez, agente de la CIA, pero esto es improbable, porque esta agencia prefería conservar la vida del revolucionario para evitar el aura del martirio y para sacarle información.

El Che atacó un país extranjero; llevaba consigo la fama de sanguinario, por lo que sus intenciones eran manifiestas. Tenía millones de admiradores en el mundo, no sólo entre las masas y las élites, sino entre muchos gobernantes. Las campañas por su liberación eran previsiblemente temibles. Su supervivencia como preso hubiera planteado problemas graves de seguridad a Bolivia. Su extradición a los Estados Unidos hubiera entrado en contradicción con el nacionalismo de los militares bolivianos.

El Che había llevado la violencia a dos continentes, por lo que no parece contrario a las leyes de la guerra que se dispusiera de su vida según una de las leyes supremas que rigen en los conflictos armados: la necesidad.
Murió acribillado a balazos en una vieja escuela de Bolivia, en una aldea que si mal no recuerdo se llamaba La Higuera o algo así, acabo como un perro, olvidado, en aquel momento, del mundo y sobre todo de los hermanos Castro que, eso si, se apresuraron a reclamar su cuerpo para seguir beneficiándose de él, aun después de muerto. Bueno, en fin, la foto es muy bonita.

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