Pacos

Paco Sande

La maestra «cristiana», el osito y el profeta.

Últimamente todos hemos seguido el drama de la maestra inglesa en el Sudan, condenada, primero, a ser flagelada en publico, pena que se conmutó por quince días de prisión y ser deportada del país, por el mero hecho de dejar que los niños, a los que ella enseña, le llamasen Mahoma (Mohamed) a un osito de peluche.
Esto, además, ha estado a punto de costarle la vida, cuando ayer una multitud enardecida se lanzo por las calles de Jartum, pidiendo su muerte y tratando de lincharla. Todo empezó cuando el pasado septiembre propuso a sus alumnos de seis y siete años un nuevo juego. Debían poner nombre a un oso de peluche, que se convertiría en un nuevo compañero en clase.

Los niños eligieron Mahoma, que aquí en español solo lo relacionamos con el nombre del profeta del Islam, pero que en árabe, Mohamed, también es el más común entre los hombres musulmanes. A ella le pareció perfecto.
La maestra había preparado incluso un diario para que los niños, que podían llevarse a la mascota a casa los fines de semana, redactaran qué habían hecho con el oso. En la portada pegó una foto del muñeco con un cartelito que leía: «Mi nombre es Mohamed».
Según la «sharia» ley islámica, que fue impuesta por el presidente Omar al Bashir cuando subió al poder en Sudán a principios de los años 90, está prohibido representar en imágenes al profeta.
Pero es que en realidad, esto ella, lo mas probable es que lo hiciera siquiera sin darse cuenta, y creyendo que escogía para el osito un nombre árabe como otro cualquiera, tubo la mala fortuna de que ese nombre fuera también el del profeta y, solo por eso, la están haciendo pasar un calvario que, si sale de el, no olvidara en su vida.
Y es que no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que nos falta.
Imaginémonos por un momento, que una maestra cualquiera, aquí en España, hiciera lo mismo. Imaginemos que les mandase escoger a los niños un nombre para el osito, un nombre cualquiera, y ellos escogían Jesús, el nombre de muchos españoles, pero también el de Jesucristo. ¿Pasaría por la mente de alguien querer linchar a la maestra por ello? Bien pues esto es, exactamente, lo que le ha pasado a la maestra inglesa en El Sudan.
Bien pues cualquiera aquí en España, y en su sano juicio, debía sentir pena por ésta pobre maestra encerrada en aquella infecta prisión sudanesa.
Debíamos estar furiosos por el trato recibido por ésta inocente mujer.
Ella nunca pretendió ofender a Mahoma.
Y, sin embargo tiene que pasar, por lo menos, otra semana sufriendo cautividad, y que las cosas no vayan para peor.

¿Esto no nos debía hacer pensar sobre nuestras relaciones con el mundo del Islam?

Bien, pues, según algunos, hay que aceptarlo porque es su cultura. La cultura de unos bárbaros. Igual que es su cultura, extirparle el clítoris a las mujeres, obtener una esposa a cambio de unos cuantos camellos, o que una mujer sea violada por tres hombres y la culpa es de ella, por haber nacido ¡supongo! Igual que es su cultura considerar impía a una mujer, y ésta no poder entrar en el templo, por el mero hecho de tener la regla o meterlas en una cárcel de tela, de la cual solo se pueden ver –algunas veces- sus ojos para no darle a esos “santos” varones malas tentaciones. Y eso ¿Hay que aceptarlo porque es su cultura? Y una mierda, lo que son todos ellos, es unos salvajes retrógrados que piensan con los genitales y que están anclados en la edad de piedra.
Las escenas de furia salvaje de una multitud pidiendo la ejecución de Gillian Gibbons, debían ser suficientes para hacernos sentir escalofríos, pues da miedo pensar que algún día esta gente llegue a ganar su “yihad” guerra santa.
Sr. Zapatero, si esta es su alianza de civilizaciones, viva vd con su alianza de civilizaciones, pero a nosotros líbrenos de ella.

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