Pacos

Paco Sande

El problema de las lenguas “regionales” y el cuento de la pastora Marcela.

Leo en un periódico de aquí de Galicia, en la sección, cartas al director, una señora, una tal Gloria, que escribe el siguiente comentario: (Traducido del gallego) Ahora que el señor Feijoo ha ganado las elecciones, parece ser que su deseo es cambiar el decreto del gallego, dando a los padres la oportunidad de elegir la lengua en que desean que sus hijos reciban las materias troncales en la escuela. ¿No se da cuenta este señor que si hace tal cosa, esto llevara a la segregación de las lenguas y la discriminación de los gallego hablantes?
Si dejamos que cada cual elija el idioma en que quiere que sus hijos estudien, la mayoría optará por el castellano, consiguiendo de esta forma, la marginación y discriminación de aquellos niños gallego hablantes. Pues estos, al ser minoría, se sentirán aislados y segregados del resto de sus compañeros.
Esto llevara a que más y más padres opten por el castellano y viendo la situación por la que ya está pasando el gallego, éste, incluso, puede llegar a desaparecer.
Por lo tanto desde aquí quiero rogarle al señor Feijoo que lo piense dos veces antes de adoptar esta medida.

Muy bien; esto es lo que yo llamo, un razonamiento rotundo.

O sea ¿Qué ella misma admite que, la gran mayoría optará por el castellano?
Pero esto no se debe permitir, so pena de que no queramos que una minoría se sienta discriminada. En otras palabras: Que una gran mayoría tiene que aceptar lo que no desea en aras de que una minoría no se sienta fuera de lugar.

Voy a poner otro ejemplo: En la cantina donde yo suelo parar a comer, desde hace unos 14 años, al principio todo el mundo se sentaba y comía donde mejor le apetecía y, fumadores y no fumadores, comíamos todos juntos, así en mogollón. Yo no soy fumador, no he fumado nunca, pero durante años estuve tragando mas humo de tabaco que la chimenea de locomotora, hasta que hace unos años, como todo el mundo sabe, entro en vigor a ley antitabaco y la cantina fue divida en dos por una mampara, en una parte los fumadores y en la otra lo no fumadores. Al principio, la mayoría se fue a la parte de los fumadores,-allí casi todo el mundo era fumador- y en la zona de no fumadores, nos quedamos cuatro gatos, pero poco a poco, mas y mas gente comenzó a quedarse en la zona de no fumadores, unos por que dejaron de fumar y otros porque, aunque seguían fumando, preferían comer con un ambiente libre de humos. Hoy casi todo el mundo se queda en la zona de no fumadores y para la otra zona solo van cuatro o cinco, eso, de unos cincuenta que cómenos en el lugar.
Bien, a la vista de lo anterior me gustaría preguntarle a la señora Gloria: ¿Ella que propondría? ¿Qué a la vista de los cuatro fumadores que se han quedado solos en la zona de fumadores, para que estos no se sientan discriminados, deberíamos fumar todos los demás o seria mas razonable esperar que ellos dejen de fumar, por lo menos mientras comen, y se unan a nosotros?

Hay un capitulo en el Quijote que trata sobre una hermosa pastora llamada Marcela. Dicen que era tal su hermosura que de ella se acaban enamorando todos los mozos que la conocían.
De ella se enamoro también un estudiante llamado Crisóstomo, que por amor a la moza se mete él mismo pastor, pero que acaba muriéndose de amores al ser rechazado por la endiablada moza Marcela.
Y Don Quijote le rogó a Pedro le dijese que muerto era aquél y que pastora era aquélla; a lo cual Pedro respondió que lo que sabia era que el muerto era un hijodalgo rico, vecino del lugar que estaba en aquellas tierras, el cual había sido estudiante muchos años en Salamanca, al cabo de los cuales había vuelto a lugar con opinión de muy sabio y muy leído. Por habérsele muerto el padre, era heredero de mucha cantidad de hacienda y gran cantidad de dineros, y en verdad que todo lo merecía: que era muy buen compañero y caritativo y amigo de los buenos.

Y quieroos decir ahora, porque es bien que lo sepáis, quien es esta rapaza; quizás y aun sin quizás, no habréis oído semejante cosa en todos los días de vuestra vida.
En nuestra aldea hubo un labrador aun más rico que el padre de Crisóstomo, el cual se llamaba Guillermo, y al cual dio Dios una hija, de cuyo parto murió su madre, que fue la mas honrada mujer que hubo en estos contornos,…con aquella cara que de un cabo tenia el sol y del otro la luna. De pesar de la muerte de tan buena mujer murió su marido Guillermo, dejando a su hija Marcela, muchacha rica, en poder de un tío suyo sacerdote y beneficiado en nuestro lugar. Creció la niña con tanta belleza, que nos hacia recordar la de su madre, que la tuvo y muy grande. Y así fue que cuando llego a la edad de catorce o quince años, nadie la miraba que no bendecía a Dios, que tan hermosa la había criado, y los mas quedaban enamorados y perdidos por ella.
Y en lo demás sabréis, que, aunque el tío proponía a la sobrina y le decía las calidades de cada uno, en particular, de los muchos que por mujer la pedían, rogándola que se casase y escogiese a su gusto, jamás ella respondió otra cosa sino que por entonces no quería casarse.
Pero hételo aquí, cuando me cato, que remánese un día la melindrosa Marcela hecha pastora; y dio en irse al campo con las demás zagalas del lugar y dio en guardar su mismo ganado. Y así como ella salio en publico y su hermosura se vio en descubierto, no os sabré buenamente decir cuantos ricos mancebos, hidalgos y labradores han tomado el traje de Crisóstomo y la andan requebrando por esos campos.
Y no se piense que Marcela ha dado indicio, ni por semejas, que venga en menos cabo de su honestidad y recato. Que puesto que no huye ni esquiva de la compañía y conversación de los pastores, y los trata cortés y amigablemente, en llegando a descubrirle su intención cualquiera de ellos, aunque sea tan justa y santas como la del matrimonio, los arroja de si como un trabuco. Y con esta manera de condición hace mas daño en la tierra que si por ella entrara la pestilencia; porque su afabilidad y hermosura atrae los corazones de los que la tratan a servirla y a amarla; pero su desdén y desengaño los conduce a términos de desesperarse, y así, no saben que decirle, sino llamarla a voces cruel y desagradecida, con otros títulos a este semejantes, que bien la calidad de su corazón manifiestan. Y si aquí estuvieseis, señor, algún día, veríais resonar estas sierras y estos valles con los lamentos de los desengañados que la siguen. No está muy lejos de aquí un sitio donde hay casi dos docenas de altas hayas, y no hay ninguna que en su liza corteza no tenga grabado y escrito el nombre de Marcela. …Y de éste y de aquél, y de aquéllos y de éstos, libre y desenfadadamente triunfa la hermosa Marcela, y todos los que la conocemos estamos esperando en que ha de parar su altivez y quien ha de ser el dichoso que ha de venir a domeñar condición tan terrible y gozar de su hermosura tan extremada.

Aquí hemos de pasar a los dos siguientes capítulos, donde se da fin al cuento de la pastora Marcela.

Estando ya listos Don Quijote, Sancho y todos los demás acompañantes, para dar sepultura al desdichado Crisóstomo, los estorbo una maravillosa visión –que tal parecía ella-; …y fue que por encima de la peña donde se cavaba la sepultura pareció la pastora Marcela tan hermosa, que pasaba a su fama su hermosura.
Mas apenas la hubo visto Ambrosio, cuando con muestras de ánimo indignado, la dijo:
Vienes a ver, por ventura o fiero ¡basilisco de estas montañas! Si con tu presencia vierten sangre las heridas de este miserable, a quien tu crueldad quito la vida, o vienes a ufanarte en las hazañas de tu condición…
No vengo ¡oh Ambrosio!, a ninguna cosa de las que has dicho –respondió Marcela- sino a volver por mi misma, y a dar a entender cuan fuera de razón van todos aquéllos que de sus penas y de la muerte de Crisóstomo me culpan; y así ruego a todos los que aquí estáis me estéis atentos; …Hizome el Cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis, decís, y aun queréis, que este yo obligada a amaros.
Yo conozco, como es natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama. Y mas, que podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo, y siéndolo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal decir “Quiérote por hermosa; hazme de amar aunque sea feo”. Pero puesto caso que corran igualmente las hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos; que no todas las hermosuras enamoran; que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad, que si todas las bellezas enamorasen y rindiesen, seria un andar las voluntades confusas y descaminadas, sin saber en cual habían de parar; porque, siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habían de ser los deseos. Y, según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario y no forzoso. Siendo así, como yo creo que lo es, ¿Por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien?
Si no, decidme: si como el Cielo me hizo hermosa me hiciera fea, ¿fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amabais?

Aquí dejo “resumido” el cuento de la hermosa pastora Marcela, creo que esto ilustra, bastante bien, la tesitura por la que, actualmente, estamos pasando los gallegos, los vascos y los catalanes.

¿Debería Marcela ser libre de escoger como prefiere vivir su vida, o debería escoger a alguno, para que los demás dejasen de morir por ella?
Marcela tiene el derecho de elegir y amar al hombre que mas le guste, pero si la obligan a tener que elegir por la fuerza, entonces, tendrá el derecho a elegir, pero perderá el derecho a no elegir y ese derecho a elegir se convertirá en deber, y entonces perderá su derecho a ser libre.
Y con las lenguas “regionales” ocurre lo mismo.
¿Debe el individuo ser libre de escoger la lengua en la que prefiere hablar y educar a sus hijos? ¿O debe coartarse este derecho, en predominio de una lengua que, de no ser usada, pudiera desaparecer?
¿Debe el derecho de la lengua a seguir viviendo, prevalecer sobre el derecho del pueblo a poder elegir?

Las lenguas, como todas las cosas vivas, nacen, viven y mueren.
Hubo lenguas que en su día fueron habladas por millones y hoy están muertas y casi desaparecidas. El Griego, el Arameo, o el Latín, son algunas de seas lenguas, o el Runasimi, -la lengua de los incas- el náhuatl, -la lengua de los aztecas- o el Maya yucateco.
Y, tanto el gallego, como el vasco, como el catalán, vivirán tanto como la gente que las habla, quiera que vivan, pero si los imponen morirán antes.

Todo el mundo tiene el derecho a tener su ideología, sus gustos y sus creencias, pero nadie tiene el derecho de imponérselas a la sociedad.

Todo este lió de las lenguas que venimos sufriendo en España, tendría fácil solución si, esta mezcla de nacionalismo, teología de liberación y marxismo que encarnan los partidos nacionalistas, entendieran la moraleja del cuanto de la pastora Marcela.

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