Pacos

Paco Sande

Dos madres trabajadoras.

Hoy es el día de la madre y sobre madres quiero escribir. Dos madres exactamente, dos señoras a la que yo conozco.
La primera, vamos a llamarla Ana, -este no es su verdadero nombre, naturalmente- tiene 31 años, está casada y tiene dos niños, uno de casi tres años y otro que está a punto de hacer un año.
Ana es una madre trabajadora, tiene una carrera, es licenciada en enfermería y trabaja en un hospital de… por aquí. El marido de Ana es medico y también trabaja, pero él en un centro de salud cercano. Los dos tienen un buen puesto de trabajo, trabajan duro, pero sacan unos buenos dinerillos y progresan bastante bien en la vida, tienen un coche cada uno, un piso y ahora acaban de comprarse una casita en el pueblo del marido, a la que van los días libres y durante el verano. Ana no se queja de la vida que le ha tocado, aunque para tener lo que tiene, tenga que trabajar de lunes a viernes desde las 8 de la mañana a las 4 de la tarde, y durante este tiempo tenga que dejar a sus niños al cuidado de una canguro que además le prepara la comida y le limpia la casa. Ana recibe del estado una ayuda económica por ser madre trabajadora, lo que le dan no es mucho, pero siempre ayuda.
La otra madre, vamos a llamarla Rosa, -tampoco es su verdadero nombre- también tiene la misma edad que Ana, 31 años, también está casada y también tiene dos niños, pero Rosa al contrario que Ana, no tiene carrera, ni estudio superior alguno, dejo la escuela al terminar su educación primaria, la logse, la eso, lo otro, o como quiera que ahora se llame, y comenzó a trabajar, tuvo varios trabajos, en alguno de los cuales ni siquiera la aseguraban, eran en negro, como se dice en la jerga del ramo, hasta que recaló en una fabrica de conservas en la que trabajaba por sistema 9 horas y cobraba 8, una era para la empresa, pues ya se sabe, lo tomas o lo dejas, esto es lo que hay. Aquí estuvo hasta que tuvo su primer hijo, luego tuvo que dejarlo para cuidar del niño del marido, que es albañil, y de la casa. Pero, para ayudar un poco al marido, cojío un trabajo como canjuro, en realidad ella es la canjuro de Ana, donde trabaja de ocho a cuatro y de lunes a viernes.
Rosa no está asegurada, pues sus jefes no pueden permitirse el lujo de tener a una canjuro asegurada, es demasiado caro, pero ella está contenta con ellos, son buena gente, de veras, el trabajo no es duro y, además, le da tiempo de estar con sus niños, que durante la mañana deja con su madre, y de hacerle la cena a su marido.
Rosa y su marido se han comprado un pisito no hace mucho, por el cual deben pagar una hipoteca durante tantos años que Rosa ha perdido la cuenta de los que son, no sabe si 20, o 25, pero por ahí anda la cosa. Tienen un coche de segunda mano, pero casi nuevo, y, además, el marido le ha puesto un tubo de escape de estos gordos que tanto les gustan ahora a los chavales, que el coche, andar no andará mucho, pero hace un ruido que no veas. Con todo, Rosa, también está contenta con la vida que le ha tocado, solo ve una nube en su futuro y es que, con la maldita crisis su marido pierda el trabajo.
Desde luego, Rosa no recibe ninguna ayuda del estado, pues al no estar asegurada, Rosa no cuenta como una madre trabajadora.
Ahora Rosa ha visto en un periódico local que, a partir de mayo el Ayuntamiento de La Coruña pone en marcha un programa piloto, que otorgara a las madres trabajadoras canjuros gratuitos a domicilio. Rosa piensa que si la cosa cunde, ella puede llegar a perder su empleo.
Habrá quien se pregunte, bien ¿Y por qué Rosa no opta por coger uno de esos puestos como canjuro del ayuntamiento? Pues simple, para optar por uno de esos puestos se necesita ser “profesional titulado” y Rosa no es “profesional titulada”. O sea Rosa, no está cualificada para ser canjuro. Lo lleva haciendo durante los últimos tres años y muy bien, según sus jefes, pero, el ayuntamiento exige titulo, y la burocracia es la burocracia.

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