Pacos

Paco Sande

El educar a un niño solo en la lengua gallega, es convertirlo en un a isla oral.

Hace unos días el señor Francisco Caamaño, natural de Cee, La Coruña, criticaba la política lingüística del señor Alberto Núñez Feijóo, Presidente de la Junta (Xunta) de Galicia, afirmando que lo que a éste le gustaría, es hablar señorito».

El señor Francisco Caamaño natural de Cee, La Coruña, durante toda su infancia, casi siempre, habló en castellano. ¿Qué ocurre? ¿Es que entonces al señor Caamaño no le importaba hablar señorito o es que todavía no había visto la luz?

¿O será, simplemente, porque ahora el señor Francisco Caamaño trata de ser “amable” con los galeguistas en un vano intento de obtener sus votos?

De ser así, el señor Caamaño, natural de Cee, La Coruña, es un iluso, pues los galeguistas jamás le darán su voto a un partido nacional-españolista. (O eso es lo que se supone que es, todavía, el PSOE)

Y, el señor Caamaño, natural de Cee, La Coruña, debiera saber que si el señor Feijoo habla señorito, es porque eso es lo que deseamos que haga, todos aquellos que su dia lo votamos, la mayoría de los gallegos. ¿Se entera el señor Caamaño, natural de Cee, La Coruña y por lo tanto, casi vecino mío?

En uno de mis últimos blogs he recibido un amable comentario del señor Alberto Rguez Boo, quien me remite a un artículo del señor Manuel Caramés, pediatra en el Barco de Valdeorras.
En el, este doctor dice que él aun habiendo nacido en Zamora prefiere expresarse en la lengua de Rosalía y Castelao y, sin poder evitarlo empatíza mas con aquellos niños que también hablan gallego y en cambio su compañera, natural de Vigo, y que domina ambos idiomas, prefiere expresarse en la lengua de Cervantes, con esto quiere dejar constancia de las diferencias en ideas que cada cual puede tener sin por eso estar nadie equivocado.

Sin tratar de dudar de la nobleza de sentimientos del buen doctor, me atrevo a conjeturar que está viendo a los niños gallegos lo mismo que el medico occidental en misión humanitaria en África, mira al indígena. La vida que llevan estas gentes le parece maravillosa, anclada en el pasado y en sus costumbres ancestrales, en contacto con la naturaleza, conservando el folclore local y tal y tal, pero él, al final del año volverá a su vida en la gran ciudad, con su baño caliente, su televisor, su casa de campo etc. y los indígenas que a él tanto le gustan seguirán allá en su selva, viviendo en sus chozas y él se sentirá contento porque habrá ayudado a que puedan seguir así.
¿No seria mejor, al menos para los indígenas, que llegasen a poder disfrutar de la calidad de vida que disfruta el buen doctor?

Que un niño en Galicia o en cualquier otra parte hable este o aquel idioma, no debería ser motivo para despertar más o menos empatía.

En ese mismo blog tengo otro comentario, este no tan amable, que me dice que mi desprecio hacia el gallego, debe ser a causa de algún trauma.

Pues no mi querido amigo, ni desprecio el gallego, en realidad, y al menos que haya gente delante que no lo entienda, en mi vida cotidiana siempre hablo en gallego, ni tengo ningún trauma, algo que tú, en respecto a tu persona, no sé si podrás afirmar.

Mi actitud al oponerme a que destierren el castellano de Galicia se debe a cuestiones prácticas.
Supongamos que nos dijesen que con solo nosotros desearlo, nuestros hijos serian capaces de hablar perfectamente una de las siguientes lenguas: ingles, francés o italiano, ¿Cuál elegirían?
(En realidad aquí pueden poner ustedes las lenguas que deseen, alijan una y luego piensen por que eligieron esa)

Yo no sé que elegirían ustedes, pero yo, sin dudarlo, optaría por el inglés. Y esto no es por que el inglés me parezca ni mas interesante, ni mas bonita que las demás, en realidad, cuando escucho a alguien hablar francés, pienso al momento que, sin duda alguna, esa lengua fue especialmente creada para hablar de amor y enamorar y cundo escucho hablar en italiano, me parece estar escuchando opera.

Pero escogería el inglés por su funcionalidad, por lo útil que es esa lengua en el mundo actual. Y es que las lenguas no son otra cosa que herramientas, herramientas que nos sirven para comunicarnos con los demás, y cuanto mas versátil sea una herramienta, cuanta mas utilidad podamos sacar de ella, mas valiosa nos va a ser. Y las dos lenguas más versátiles en el mundo actual son el inglés y el español.

Y descartar una lengua, como el español, que tenemos al alcance de la mano, que podemos aprender solo con desearlo, solo en razón de que nos parece que este le está robando espacio a la lengua local, y ésta, supuestamente es la nuestra, seria tanto como que, en un supuesto que tuviésemos que arar un campo de varios cientos de hectáreas y nos dieran a elegir entre el antiguo arado tirado por vacas o bueyes o un moderno tractor
agrícola capaz de hacer diez surcos en cada pasada, con cabina hermética y aire acondicionado, música de cd y tal y eligiésemos el arado, cualquiera que lo viera pensaría que estábamos locos. Pero en este caso, lo nuestro seria el arado con las vacas.

Y para una demostración práctica de que las dos lenguas más versátiles en el mundo en este momento son el inglés y el español, voy a poner otro ejemplo, comparemos el medio en que nos estamos comunicando en este momento Internet, con mirar a un cielo estrellado. Si mirásemos al cielo con el ojo desnudo, veríamos un cielo con infinidad de estrellas, pero si usásemos un telescopio las estrellas se duplicarían y si nos fuésemos a
Las Canarias al Observatorio astronómico de Roque de los Muchachos (ORM) y mirásemos por su telescopio, entonces se triplicarían.

Pues aquí seria lo mismo, alguien que se asome a Internet conociendo, digamos, el gallego, el castellano y el ingles, equivaldría a estar en el Roque de lo Muchachos, si solo conociese, gallego y castellano, entonces seria igual que aquel que usa un telescopio y si solo conociese el gallego, entonces estaría mirando con el ojo desnudo.

El educar a un niño en una aldea gallega, solo en la lengua gallega, es convertirlo en un a isla oral de la que le será muy difícil salir.

P.D. Rosalía, irritada con los fervores localistas precursores del actual nacionalismo, juró en 1881 no volver a escribir en gallego.
Cumplió: la autora escribió en castellano sus últimas obras, entre ellas la mejor de su vida, “En las orillas del Sar”, un año antes de morir en 1884. Pero este dato fundamental trata de ocultarse.

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