Pacos

Paco Sande

¡Como nos equivocamos!

Una vez recibí una carta de una firma que no conocía de nada y en ella me decían que me había tocado un millón de pesetas. ¿Pero si no había jugado a nada?, no importa, le ha tocado un millón, para recibirlo solo tiene que elegir uno de nuestros productos y adquirirlo y usted será el afortunado ganador de ese millón de pesetas que le acaba de tocar.
Era la primera vez que recibía una carta así, después de esa he recibido montones, iguales o parecidas, pero ya jamás le hice el menor caso, pero en aquella primera carta, me pudo mas la curiosidad y lo de ganar el millón, que la sensatez, ¿Pero quien coño té va a dar un millón de pesetas así por las buenas? Ese seria el razonamiento lógico, pero, ya digo, me pudo mas la curiosidad y decidimos, mi señora y yo, seguirles el juego y pedimos el articulo mas barato que ofertaban en el catalogo adjunto, unas tijeras.
Al cabo de unos días recibimos en mi casa, y pagar contra rembolso, las tijeras y con ellas una carta en la que me comunicaban que al haber adquirido uno de sus productos, mi nombre había entrado en un sorteo, no se en que fecha, ni en que lugar y delante de no sé que notario y en el que podría ser agraciado con un millón de pesetas…. ¡Ooooh!

Con Alberto Núñez Feijoo nos ha pasado igual. Antes de las elecciones nos prometió que si él las ganaba, antes de sus 100 primeros días como presidente de la Junta «Xunta», derogaría el decreto del gallego y nos permitiría a los gallegos elegir la lengua en que nuestros hijos podrian estudiar.

Bien, pues el señor Alberto Núñez Feijoo ganó las elecciones y ahora, al igual que lo de aquel millón que yo “había ganado”, también esta vez voy a entrar en una especie de sorteo antes de tener derecho a poder elegir la lengua en que puedan estudiar mis niños.

Porque, en vez de derogar el maldito decreto de una vez y darle la oportunidad a los padres de Galicia de educar a sus hijos en la lengua que les de la puñetera gana, el señor Feijoo, antes de concederme ese derecho, que me prometió, va a lanzar una encuesta entre los padres de alumnos para saber lo que estos prefieren, encuesta que se hará después de que los padres reciban una visita o una carta de parte de la “mesa de normalización lingüística” o de algún militante del BNG o de cualquier ente galeguista, -en realidad, muchas de nuestras escuelas ya han sido tomadas a saco por estos impresentables- “animándoles” a que elijan el gallego como única lengua.

He escrito, “animándoles”, entre comillas, porque la clase de animo que suelen dar estos “demócratas”, nos deja como con aquel gorrilla que nos “ayuda” a aparcar el coche y luego nos “pide” la voluntad, no tenemos ganas de dársela, claro, al fin y al cabo, nos sobrábamos y nos bastábamos solos para aparcar el coche, pero, sobre todo, porque pensamos ¿y por qué darle algo a este pelma todos los días? pero, ¿Y si nos estropea el coche?

Y aquí lo mismo ¿Y si luego nos tratan mal al niño?

Y nuestros hijos son muchísimo mas importantes que nuestro coche.

Usted lo que debe hacer señor Feijoo, es dejarse de encuestas y demás gaitas y darnos la oportunidad a los gallegos de poder elegir la lengua que mas nos guste con toda libertad, redíos.

Y, además, proteger de estos “nazis” a todos aquéllos que no comulgamos con su liturgia, especialmente la señora Gloria Lago, presidenta de Galicia Bilingüe que estos días está siendo victima de una infame campaña de odio hacia su persona, por parte de estos indeseables.

Porque, y aunque la mayoría de los gallegos no se han dado cuenta, en Galicia hemos empezado a vivir con miedo.

Paradójicamente, no tuvimos miedo cuando vivíamos bajo la dictadura de Franco y ahora, en que vivimos en una “democracia” sabemos lo que es vivir con miedo.

Durante la dictadura, y yo la viví, cuando queríamos hablar de política, hablábamos mal del régimen, y todos estábamos de acuerdo, y ahora, en cambio, antes de hablar tenemos que cerciorarnos, si no somos afines al “galeguismo”, de que no haya un galeguista de por medio.

En 1972 fue el año en que yo cumplí los 20 años y, también, el año en que hice la mili, el General Franco estaba viejo y decrepito y su régimen se acercaba a su fin a ojos vista e, incluso, dentro del ejército todo el mundo lo comentaba sin tapujos. La dictadura tocaba a su fin y todos los españoles presentíamos y deseábamos que, por fin, fuéramos a poder vivir en un país “normal”. Si en aquel entonces alguien me hubiera dicho lo que nos esperaba a los gallegos, la terrible y nueva dictadura que nos tenia deparado el destino, me hubiese reído en su cara y le hubiese dicho que se lo hiciese mirar, porque se le había ido la chaveta.

¡Como nos equivocamos!

Píensenlo.

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