Pacos

Paco Sande

“Que verde era mi valle”,

Que verde era mi valle”, es el titulo de una película, de los años 60, basada en un hombre que recuerda y narra su infancia en un valle minero de Gales.
Y viene a cuento, porque yo también recuerdo mi aldea, lo verde y bonita que era.
Antaño en esa aldea en la que yo naci, al igual que en toda Galicia, ¡supongo!, cuando un chico y una chica decidían casarse, había llegado el momento de independizarse de los padres, y lo que se acostumbraba a hacer era: en un terreno, que los padres de uno de los cónyuges, y a modo de herencia, le daban en propiedad, o que después de unos años de duro trabajo conseguían comprar, se construían una casa.
Y así fue creciendo Galicia, o sea la Galicia, rural, se entienda, las ciudades eran otra historia, al principio, las casas aparecían diseminadas por caminos y corredoiras, pero luego y a partir de los 60, el índice de natalidad en Galicia comenzó a incrementarse, los jóvenes comenzaron a emigrar y mas y mas gente necesitó construirse su propia casa, cualquier finca, prado, monte, lo que fuera, cualquier terreno, al borde de una carretera o camino, valía para construir una casa, luego, el que hubiese camino ya no era requisito indispensable, se abría una pista, y casitas alrededor. Hoy cualquiera que venga a Galicia, especialmente a las Rías Bajas, se dará cuenta de a lo que me refiero. Si nos situamos en cualquier altozano, podremos ver las casitas, como regueros de hormigas, suben por los riscos, por caminos que van a las playas, en las mismas playas, en las lomas, en los valles, de frente, de perfil, del otro perfil, blancas, verdes, rosas, cremas, altas, bajas, grandes y pequeñas, las hay para todos los gustos.
Así es Galicia, ¡preciosa!
Hasta que a finales de los 80 llega a Galicia, un monstruo de la construcción en forma de, “los adosados”. Polígonos de viviendas, compuestos de “chalets” o casitas adosadas que empezaron a brotar por toda Galicia igual que hongos en un bosque húmedo.
Al ser relativamente fácil y rentable su construcción, se desencadenó, en este sector, un boom constructor sin precedentes. Su fundación era muy fácil: se compraba una gran porción de hectáreas de terreno de muy bajo coste, preferentemente que estuviese calificado como monte, terreno agrícola o terreno baldío y estéril, se recalificaba como urbanizable y tras unos pocos requisitos mas, en seguida se trazaba el plano de la urbanización, se dividía en parcelas, se construían en éstas las casitas adosadas o, algunas veces, solo una por parcela, -estas, “chalets”, solían venderlas luego, como de lujo, por cuatro o cinco millones de pesetas mas caras que las adosadas- se creaba una cuidadosa rejilla de calles y manzanas e, inmediatamente, se representaba en todo tipo de material promocional. Así actuaron no pocos empresarios que, casi, fundaron ciudades, donde antes era rural, estrictamente como aventuras especulativas.
Su empeño más difícil consistió en convencer a los futuros moradores de estas viviendas de las conveniencias de irse a vivir a una de estas urbanizaciones. Los gallegos del rural, acostumbrados a construirse su casa en un terreno de su propiedad y sin tener que apechugar con el inconveniente de tener que vivir adosado a ningún vecino, a veces molesto, eran muy remisos a comprar las nuevas casas.
Pero en ayuda de los empresarios apareció el Gobierno que, con su famosa ley del suelo, nos impedía construir nuestra casa en nuestro terreno. Porque, decían ellos, en Galicia se estaba construyendo sin ton ni son y había llegado el momento de ponerle fin al feísmo.
Así que, el que quisiera una casa, tendría, todavía tiene, o tenemos, que comprarles a “ellos” uno de estos adefesios. Esto, además, disparo el precio de la vivienda, y la casita te salía por un ojo de la cara.
Al principio, con la bonanza económica de estos años atrás, la cosa les salió redonda. Pero con la llegada de la “crisis” y las vacas flacas, el monstruo les ha estallado en la cara. Y con la ruina de varias importantes constructoras, por toda Galicia, se han quedado polígonos enteros de estas casas sin terminar, esqueletos desnudos de ladrillo y cemento, que nos hacen recordar las ciudades fantasma del Oeste Americano.
Y lo peor es que, más que viviendas de lujo, como ellos las califican, parecen, casas baratas, de aquellas que construía el Gobierno de Franco, con sus “plan de desarrollo”
-Me pregunto: ¿No podría el Gobierno Zapatero, en lugar de inyectar dinero en los bancos y cajas y sus taponeos varios como su famoso plan “E”, usar el dinero, en terminar de construir estas “casitas” y dárselas a los parejas jóvenes por una renta baja con opción, con el tiempo, a comprar, igual que hacia Franco?…-
Y dicen que lo hacían para evitar el feísmo en Galicia.
¿Es qué, no se dan cuenta que Galicia es bonita porque es como es? Si fuese diferente, seria otro lugar, a lo mejor también bonito, pero no seria Galicia.
Esperemos que alguien ponga coto a esta infame ley del suelo y los gallegos podamos seguir construyendo nuestras casas en nuestras tierras y a nuestro gusto.
Esto, además de dejar que todos los gallegos podamos acceder a una vivienda digna, acabaría con dos híper inflaciones, la del precio de la vivienda y la de la corrupción inmobiliaria.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído