Pacos

Paco Sande

Los dioses castigan a los hombres concediéndoles lo que les piden.

El concepto de nación surgió de la suma de elementos comunes como la historia, lenguaje, cultura, costumbres, leyes, instituciones y otros elementos relacionados con la vida material y espiritual de las comunidades humanas.

Simón Bolívar, el “libertador” de América Latina, dijo: “que los pueblos de América, estaban llamados a crear la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”.
Simón Bolívar, que sin duda fue un gran hombre, aquí se equivocó de medio a medio, su gran “Colombia” pronto se le desgajo en pedacitos, para convertirse en nacioncitas, todas con su dictador, su guerrilla y su revolucionario particular, éste ultimo, acabaría siempre por tumbar al dictador de turno, convirtiéndose él mismo en dictador y vuelta a empezar, así una y otra vez, una sucesión de dictaduras y revoluciones, que terminaron por convertir el sueño de Bolívar en una parodia de lo que él deseó, un país grande, prospero y libre.

En el norte de ese mismo continente tenemos la otra cara de la moneda, los Estados Unidos de América.
Estos consiguieron su independencia de Inglaterra en 1783.
Las 13 colonias recién liberadas no tardaron en extenderse desordenadamente hacia el Oeste en busca de tierra y oro, exterminando indígenas hasta que arribaron a las costas del Pacífico, competían los Estados agrícolas esclavistas del Sur con los Estados industriales del Norte que explotaban el trabajo asalariado, tratando de crear otros Estados para defender sus intereses económicos.

Para los estadounidenses, la expansión hacia el Oeste era un simple y mero hecho divino que no necesitaba justificación legal o diplomática alguna. “La justificación estadounidense se basa legítimamente en nuestro destino manifiesto a expandirnos y a poseer la totalidad del continente que la Providencia nos ha dado”, escribió el periodista John L. Sullivan en un articulo publicado en el Democratic Review de Nueva York, en agosto de 1845.
Muy pronto, políticos y otros lideres de opinión aludieron a este “destino manifiesto” para justificar la expansión imperialista de los estados Unidos, propagando la convicción de que la misión que Dios eligió para el pueblo estadounidense era la explorar y conquistar nuevas tierras a fin de llevar a todos los rincones de Norteamérica la luz de la democracia, la libertad y la civilización.

En 1848 arrebataron a México más del 50 por ciento de su territorio, en una guerra de conquista contra un país, militarmente débil, que los llevó a ocupar la capital e imponerle humillantes condiciones de paz. En el territorio arrebatado estaban las grandes reservas de petróleo y gas que más tarde suministrarían a Estados Unidos durante más de un siglo y lo siguen en parte suministrando.

Hoy día, los estados Unidos de América, representan la primera potencia mundial en todos los campos.
En tecnología, en medicina, en armamento, en la paz y en la guerra, son los primeros.

Y esto no es debido al mero hecho de que esta gran nación esté poblada por gente capaz y emprendedora, que lo son, sino en el hecho de que 300 millones de almas trabajen juntas para un proyecto común.

Cuestión de números, “Sheer numbers”, que dirían ellos.

Pero esto, dicen, no va a seguir siendo así por mucho tiempo, ahora hay que tener en cuenta a los países emergentes, países como La China, La India o El Brasil, los que ellos llaman “bricks” ladrillos, países que están destinados a convertirse en las nuevas potencias, y aquí, tampoco es porque los chinos sean laboriosos y trabajadores, que también lo son, o los indios tengan una rara habilidad para entender fácilmente los logaritmos y la informática, que la tienen, sino, una vez más, por el mero hecho de los números; si hacemos una tabla por países en la que se tenga en cuenta el PIB por habitante, La india, China o El Brasil, quedarían en un puesto bastante discreto, casi ridículo para el puesto que ocupan en el mundo, pero el numero de habitante de estos países es tal, tan masivo, tan apabullante, que su PIB, hace palidecer al de cualquier otro país.

Esto debiera de servirles de lección a todos los nacionalistas-separatistas de este país nuestro, debieran darse cuenta de que la unión hace la fuerza y, sin embargo, entra el año y sale el año y ellos siguen en sus trece, creyendo todos ellos que, si estamos donde estamos, es por que el vecino es una rémora, un peso muerto del que hay que librarse.

Y la cosa no tiene visos de cambiar, a excepción del “País Vasco” donde López nos ha sorprendido a todos gratamente, frenando, al menos momentáneamente, la fiebre nacionalista, en Galicia y Cataluña, la cosa ha ido a peor si cabe.

Aquí en Galicia, tenemos al Presidente Feijoo, que nos prometió, a los que lo votamos, que esto quede bien claro, porque los nacionalistas, ni lo votaron ahora, ni lo harán en si puñetera vida, ni creen que Feijoo los represente, que si ganaba las elecciones, nos daría a los padres gallegos la oportunidad de elegir idioma. Ganó, pero ahora no tiene lo que hay que tener para hacerle frente a los nacionalistas y se acoquina ante ellos, y con el cuento de que va a poner una tercera lengua, (el ingles) nos deja, prácticamente, como estábamos. Los gallegos solo podremos elegir la lengua en matemáticas y sociales.
Total, que no deja contento a nadie, y cabreados a muchos, decepcionados a todos, y con ganas de volverlo a votar, a nadie.

Y en cuanto a Cataluña, la cosa es todavía mucho peor, el tripartito, y más allá del tripartito el catalanismo todo, que, últimamente, ha comenzado a celebrar referendos ilegales en pro de una hipotética independencia de Cataluña ha hecho que gente responsable, gente que lo ultimo que quisieran es ver una España en pedacitos, digan basta, que se vayan de una puñetera vez.
No se dan cuenta que inconscientemente, están vendiendo su feliz impunidad histórica. Aún no se han dado cuenta, pero perdida la coartada secular del «expolio fiscal» y su airado corolario –el «Espanya ens roba!»–, acabaran de condenarse a contemplar su personal e intransferible mediocridad en el espejo cruel de la gestión cotidiana. Y es que, a partir de una Cataluña independiente ya no valdrán más excusas victimistas, ni tampoco esa cargante cantinela del agravio comparativo que hubimos de soportar durante el último cuarto de siglo.
¿Y las infraestructuras? ¿Y la conexión eléctrica con Francia? ¿Y el cuarto cinturón de Barcelona? ¿Y la línea 9 del Metro? ¿Y el trazado del AVE hasta la frontera? Ah, no, eso es prosaica gestión, asuntos menores, pura bagatela; algo que, como maná, cayó del cielo.

Debieran tener en cuenta todos esos nacionalistas, que entierran su vida y sus energías en el apostolado obsesivo de la metafísica identitaria, que un país es como el clásico camión-tráiler de seis ejes, veintitantos metros y no se cuantas ruedas, que tanto abundan últimamente por nuestras carreteras; los vemos tirando de un pesado remolque, a veces cargando una voluminosa carga, con maquinaria para alguna central eléctrica, un aéreo generador o, incluso, a veces con una viga, para algún puente, de 50 metros de largo y varias toneladas de peso. Aquí, es el tractor el que tira del conjunto, pero es el remolque el que debe soportar el peso de la carga.

Debieran tener en cuenta también que, en alguna parte dejó escrito Cernuda que los dioses castigan a los hombres concediéndoles lo que les piden.

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