Pacos

Paco Sande

El Valle de los Caídos

El Valle de los Caídos está enclavado en la Sierra del Guadarrama, a unos 50 kilómetros al noroeste de Madrid, a corta distancia de El Escorial.
El lugar fue escogido por el propio franco al término de la Guerra Civil.
El templo, excavado en roca de granito, tiene 262 metros de largo, por 41 de alto. La cruz, visible desde larga distancia, tiene 150 metros de alto, pesa más de 181.000 toneladas y sus brazos miden cuarenta y seis metros.
El coste de tan colosal monumento, fue de 1.033 millones de pesetas.
En la construcción intervinieron constructoras como Banús, Agromán, y Huarte, que desarrollaron las obras sobre los planos los arquitectos Pedro Muguruza y Diego Méndez.
Los grupos esculturales de los cuatro evangelistas, son obra del escultor Juan de Ávalos.
La construcción del monumento funerario fue hecha con la pretensión de enterrar juntos a los caídos de ambos bandos de la Guerra Civil.
Allí reposan cuarenta mil muertos en aquel conflicto.
Entre otros donativos, se utilizaron 950.000 pesetas de un millón que Gil Robles había aportado para la causa de la rebelión de julio de 1936.
En las obras trabajaron presos republicanos a cambio de reducción de penas y un pequeño salario.
Paul Preston, enumera los presos que trabajaron en la construcción del mausoleo en más de 20.000 y un total de 14 muertos. Los catorce muertos corresponde a la realidad, lo demás es pura exageración de la realidad, como todo lo que escribió Preston sobre la Guerra Civil.
El mausoleo es un monumento de una belleza sobrecogedora.
El conjunto destaca sobre el valle de una forma impresionante.
Dicen que el monumento fue un intento de Franco de emular a Felipe II, y su obra de El Escorial.
Franco en el momento de planificar su construcción, declaro que sería un monumento para “perpetuar la memoria de los caídos en nuestra gloriosa Cruzada. Los heroicos sacrificios que la victoria encierra y la transcendencia que ha tenido para el futuro de España esta epopeya”.
Sea como fuere el monumento sigue despertando el asombro de todos aquellos que lo visitan por primera vez, el respeto de aquéllos que ya lo conocen y el odio entre el progresismo mas recalcítrate de nuestro país.
Estos últimos desearían dinamitarlo y borrarlo del mapa; dejar la montaña como si allí nunca hubiese habido ningún monumento y entonces se sentirían algo más felices.
Cuando los talibanes llegaron al poder en Afganistán, lo primero que hicieron fue dinamitar cuatro Budas gigantes milenarios. Posiblemente, el mundo perdió mas con la destrucción de aquellas estatuas, que si hubiese desaparecido de la faz de la tierra la raza talibán entera.
La vida del ser humano es efímera, las obras son eternas. Monumentos a la gloria o a la infamia, son el testimonio más fiel de nuestra historia.
Aunque esto ya se que es muy difícil de que el progerío de nuestro país lo entienda.
Ellos lo único que anhelan seria borrar de la historia a su odiado enemigo, pera la mayoría, un enemigo en retrospectiva, pues no habían nacido cuando aquél palmo.
Y como, para bien o para mal, el borrarlo de la historia va ser imposible, pues por lo menos, destruir su obra.
De seguir esta máxima los antiguos cristianos que arrogaron a los árabes de España, hoy no podrimos contemplar obras como: La Mezquita de Córdoba, La Giralda de Sevilla, La Alambra de Granada o la Torre del Oro, por nombrar solo algunas.
Están acostumbrados.
El mayor periodo histórico de destrucción artística en España, tuvo lugar entre los años 1931 y 1936, con la quema y destrucción de templos, iglesias, casas parroquiales, conventos y capillas por parte de las izquierdas y bajo Gobiernos de la “Gloriosa Segunda Republica”, que conllevó a la perdida de obras de valor incalculable.
Cuando denunciaron ante Azaña la quema intensiva de templos, éste respondió, que todos los conventos de España no valían la vida de un republicano.
Las fuerzas políticas de extrema izquierda siguen empecinadas, obcecadas y obstinadas en hurgar en el pasado, reescribir la historia a su gusto y hechura y destruir todo aquello que a ellos no les guste.
En lo que llevamos de democracia ya se ha destruido una parte importantísima de nuestro legado histórico, como, por ejemplo, el valiosísimo Archivo de Salamanca.
Que lo sigan destruyendo o no, depende de nosotros.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído