Pacos

Paco Sande

¿Para qué sirve la Historia?

El otro día conversando con un amigo sobre el hecho de que en España se lee muy poco y entre la juventud todavía menos, algo en lo que ambos estamos de acuerdo, llegamos a un punto en el que yo le comentaba: Nada, no se lee nada y los chicos de hoy salen de la escuela sin saber historia.
Entonces él, que, al parecer, no es un forofo de la historia, en realidad, de ninguna lectura si excluimos el periódico y alguna revista, me espetó: ¿Para que sirve la historia?
¿Qué importa lo que ocurrió hace un montón de años?
¿Qué importa la historia?
La Historia importa por una serie de razones. La primera es que, la historia es un fluir de infinitos cauces donde en cada recoveco, en cada encrucijada, se tomó solo una entre varias posibles rutas.
El punto exacto donde se encuentran hoy España, Europa y el resto del mundo es solo a causa de haber elegido una entre un millón de posibilidades; el increíble resultado de cada decisión, lucha, esfuerzo y accidente en que se vieron envueltos todos aquéllos que nacieron antes que nosotros.
Nosotros solo podemos especular sobre lo que hubiese pasado si Portugal o Flandes o Sudamérica, no se hubiesen independizado de España, o si Isabel I de Castilla, (Isabel la Católica) se hubiese casado con el rey Alfonso V de Portugal, algo que estuvo a punto de hacer, en vez de con Fernando de Aragón, o si el viaje de Colon a las Indias, lo hubiese financiado el Rey de Portugal o el de Inglaterra, ambos a los que acudió el almirante, en vez de Los Reyes Católicos, hoy en Sudamérica y México se hablaría el portugués o el ingles ¿y en Estados Unidos?
En la historia tenemos un variada panoplia de posibilidades donde un rey, un gobernante, un ejercito o, a veces, simplemente un individuo, pudo haber tomado una decisión, un camino que nos abocaría a una historia que podría haber sido completamente diferente.
Realmente podemos conjeturar una serie de historias alternativas en donde una gran mayoría nos llevan a que la Guerra Civil Española, puedo haber sido ganada por los republicanos, (¿Qué hubiese pasado en tal caso? ¿Habríamos acabado siendo un país satélite del bloque soviético, del que acabásemos de salir, algo así como sucede con Polonia?) Como, así mismo, un poco mas adelante en la historia tres cuartas partes de estas alternativas nos llevan a un final en el que Hitler habría ganado la II Guerra Mundial.
Uno no puede realmente entender donde nos encontramos hoy sin saber como hemos llegado hasta aquí.
En las películas y novelas en los que se interpretan dramas basados en la vida real, podemos ver cientos de dilemas, morales, políticos, económicos y sociales, y aprender como el ser humano reacciona y se comporta cuando es puesto bajo presión.
Y eso es, exactamente, lo que podemos ver estudiando la historia y aunque aquí las situaciones pueden resultar arcaicas cuándo comparamos, armas de fuego de repetición automática, aeroplanos, submarinos y hasta bombas atómicas, con guerreros a caballo armados con espadas y arcos de flechas en un mundo y un tiempo en que la sífilis era una enfermedad endémica, si hay algo que permanece constante, que no ha cambiado ni un ápice a través de los siglos, es la naturaleza humana.
A través de la historia podemos ver que cuando un gobernante, sea este rey, ministro, sacerdote o un simple dictador, llega a la ecuación de ligar su destino a la salvación y grandeza de su pueblo, su raza y cultura, o a la conquista de civilizaciones o la salvación e ilustración de todos aquéllos seres humanos que no hayan visto la luz igual que él, ahí la hemos cagao.
La historia nos enseña que, los salvadores de la humanidad siempre han dejado tras de si un rastro de sangre.
Que detrás de un héroe siempre hay una tragedia.
Podemos ver, así mismo, como la instauración de independencias y fronteras, por ejemplo Palestina, Irlanda del Norte, la independencia de Pakistán de la India o la desmembración de Yugoslavia, han sido siempre un punto infalible para indicarnos donde iba a tener lugar la próxima guerra.
Con la historia podemos mirar hacia atrás y ver donde la gente se equivocó, podemos ponernos en su lugar e imaginarnos que somos, por ejemplo Isabel I de Castilla, ¿Qué hubiésemos hecho en su lugar? ¿Casarnos con el portugués, o con el de Aragón?
¿O hubiésemos mejor dejado gobernar a la sobrina de Isabel, Juana la Beltraneja, con la que, a causa de disputarle el trono, tuvo que mantener una guerra civil?
Y, finalmente, la historia debería servirnos para no cometer las mismas equivocaciones.
Desgraciadamente no es así.

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