Pacos

Paco Sande

La Roja

Cuando el domingo por la tarde, en compañía de mis cuñados, todos vestidos con la camiseta de la Roja y y provisionados de una caja de de cervezas, aceitunas, anchoas, queso, jamón y otros fiambres, nos dispusimos a ver la final de la Copa de Europa, todos, y yo el primero, esperamos ver un buen partido y con un poco de suerte que ganase España.
Pero lo que sucedió a continuación, no lo hubiese imaginado ni en mis más salvajes expectativas.
Lo que vimos allí no fue futbol, fue la obra maestra de unos genios.
Dicen que todos los genios crean su obra maestra, pues lo que vimos el domingo fue la obra maestra de la Selección Española de Futbol.
Aquello fue más que futbol, fue un recital de armonía, balance, genio, compañerismo, generosidad y saber hacer.
¡Fue magia!
Como un torero haciendo su gran faena, con una gallardía que nos hizo recordar a los protagonistas de las películas de capa y espada, la Roja nos hizo una demostración de como se puede crear poesía juagando al futbol.
Cuando, ya casi al final, las cámaras enfocaron a Balotelli, su cara era un poema, miró hacia arriba e hizo aquel gesto, aquella expresión, de alguien que, completamente desorientado y aceptando lo inevitable, se pregunta: ¿Pero qué coño ha pasado aquí?
Y luego el gesto de Casillas, que para evitar humillar más a un adversario que solo continuaba jugando porque así lo dictan las reglas del juego, pidió al árbitro que finalizara el partido.
Eso es nobleza.
Y llegó el final y con él, el triunfo de una Selección que, al ganar de un tirón: La Copa de Europa, la Copa del Mundo y otra vez la copa de Europa, marca un hito en la historia del futbol.
Y por unas horas los españoles nos olvidamos de la crisis y nuestras miserias y nos entregamos al deleite que produce el sentirse los campeones del mundo.
No todos, claro, siempre están ahí los nacionalistas radicales, esos que les repatea el hígado el ver como la Bandera Española ha vuelto a ondear en todos los rincones de España, desde Galicia a Andalucía y desde ahí a la Vascongadas y, también, en Cataluña ¿Cómo no?
Aunque en algunos de estos sitios haya personas como, por ejemplo, Pilar Rahola que bajo los efectos de un ataque masivo de xenofobia racista suelte lindezas como lo que sigue:
«La alegría de la copa se acompaña de la exaltación de un Estado nación que para los catalanes resulta muy lesivo. Pedir que vitoreemos una bandera con la cual nos dan en el cogote, nos expolian fiscalmente, agreden nuestro idioma y, en definitiva, nos tratan como si fuéramos de segunda, es pedir mucho».
¿…? Ante este comentario no puedo ni imaginarme como esta señora, y todos que como ella piensan, pudieron sentirse al ver el recibimiento que recibía la Selección, el estallido de españolismo sano y sin complejos (se hablaba de casi un millón de personas) que acudieron a recibirlos en el centro de Madrid).
De gentes como la señora Rahola solo puedo decir que siento mucha pena por ellos.
Y, mientras tanto: Viva la Selección Española.
Viva la Roja.
Vivan los Campeones.
“Y Viva España”

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