Pacos

Paco Sande

Fascistas.

Aquí, si eres una persona que aboga por una España unida, respeto a la Familia Real, o a cualquier otro símbolo de España, como el Himno o la Bandera, respeto a la Constitución, a la democracia, a ley, a la justicia, a la familia y a aquél gobierno que el pueblo vote en las urnas y elija libremente, enseguida te tachan de fascista.
Pero no solo por eso. Si pones en duda cualquier dogma de los llamados progresistas, como que lo de la “primavera árabe” no pasa de ser un cuento como las “Mil y una Noches”, o que no en todos los casos de violencia domestica el culpable es el marido, o que los palestinos no son precisamente una hermanitas de la caridad y los judíos, quizás, quizás, tengan que ser duros por una cuestión de pura supervivencia, o que Franco fue un dictador pero construyó la España en la que todos vivimos ahora mismo, y que está en peligro de muerte por culpa de unos desaprensivos separatistas, si aseguras, además, que esos separatistas son el cáncer de España, o simplemente, dices que con la política de Rajoy, las estamos pasando canutas, pero hace lo único que se puede hacer y, de seguir con Zapatero, hoy estaríamos igual que Grecia o Chipre, entonces: eres un “facha de mierda”.
Eso es lo que ponía mi correo, que me llegó a través del móvil, ayer por la mañana.
Pero, ¿Qué es realmente el fascismo?
El fascismo nace una escisión del socialismo. El fascismo surge del seno del Partido Socialista Italiano y lo lidera el jefe de su ala izquierda, Benito Mussolini. Éste era el más firme partidario de la ‘acción directa’, de la violencia, dentro del PSI y en esa línea recibió encarecidos elogios de Lenin.
Cuando Mussolini impone sus tesis en el Congreso del PSI, Lenin escribe en el Pravda que el socialismo italiano está recorriendo la senda correcta. En el organigrama del partido socialista italiano, Mussolini, a pesar de su juventud, es el número tres y pronto se le pone al frente del periódico del partido ‘Avanti’, con lo cual se convierte en el guardián de la ortodoxia.
En tal puesto, Mussolini postula la neutralidad de la ‘clase obrera’, en coherencia con el dogma del internacionalismo proletario, pero cuando los clarines de guerra llaman a las trincheras a las naciones en la Primera Guerra mundial, los proletarios se dividen y cada cual lucha favor de sus respectivas naciones.
Poco tiempo después Mussolini, que era un líder que deseaba ser querido y popular, olfatea los aires nacionalistas y los encuentra cautivadores.
Trata por todos los medios de hacer oscilar al PSI hacia sus nuevas tesis y viendo que no lo consigue, seguido de sus partidarios, rompe con el partido socialista y funda el Fascio.
Sus seguidores “fascistas”, a pesar de que la propaganda de la izquierda siempre aseveró lo contrario, surgen, casi en su totalidad, de antiguos socialistas y entre el proletariado, especialmente de la región de Trieste, uno de los primeros focos donde prendió.
El fascismo fue siempre sindicalista, corporativo y sus lemas totalitarios estaban sacados del socialismo: «Todo para el Estado, todo dentro del Estado».
Copiando en toda su estética al socialismo, el fascismo se revistió de toda la parafernalia de uniformes identificativos e himnos y lemas gloriosos.
La idea de Mussolini pronto prendio y comenzó a extenderse por Europa. Uno de sus más fervientes admiradores fue otro socialista: Adolf Hitler, el cual tenía un busto del italiano en su despacho.
Hitler proclamó siempre su condición de socialista y su partido fue el “Partido Nacional Socialista”, “NAZI” es simplemente una abreviatura
El SNAP, Partido Nacional Socialista Alemán, nació de la fusión del partido socialista del Norte, de Hamburgo, capitaneado por Strasser, con Goebbels como figura, y el partido socialista de Hitler, afincado en Baviera. Lo que hace Hitler es cambiar el concepto de odio al capitalismo por odio a una supuesta raza inferior, y la idealización de la heroica lucha de clases que, supuestamente, siempre mantuvo el proletariado contra la burguesía, por la heroica lucha que la raza aria tiene que mantener para prevalecer sobre las razas inferiores.
Esta tendencia nacionalsocialista tiene imitadores en toda Europa, siempre en la misma línea de escisiones del partido socialista. Así aparece Quisling en Noruega, León Degrelle en Bélgica, e incluso en Inglaterra, surge el partido fascista de una escisión del partido laborista, sin olvidarnos del primer ministro frances de Vichy, Pierre Laval, el cual es un socialista tipo Mussolini.
En lo que se refiere a España, el PSOE, en su idea inicial, es un partido totalitario, que propugna la violencia irrestricta y el genocidio de las clases medias, de la burguesía, en la misma línea que el bolchevique ruso.
Una de las primeras intervenciones de su fundador Pablo Iglesias, fue para alentar un atentado contra Maura, que se produjo una semana después.
Así que ya ven: el fascismo fue y será siempre socialista.
Aunque, en nuestros días, la palabra fascista ha terminado por ser usada por todos aquellos que se consideran “progres” –progresistas- o sea de izquierdas o nacionalistas separatistas, algo que estos días mola mucho y es de lo mas “cool”, para lanzarle a todo aquel que no comulgue con su credo, y les vale lo mismo para un roto que para un descosido.
O sea, que ellos, en su hemiplejia moral, ven fascista que se implemente la ley y el orden, si el gobierno que ordena hacerlo no está formado por las personas o el partido que ellos quisieran como gobernantes, aunque dicho gobierno haya sido elegido libremente por el pueblo.
Pero que se haya puesto insultar al Rey, como deporte nacional; no acatar, en algunos lugares de España, la sentencia de los tribunales a que se respete la enseñanza en español –castellano- en las escuelas e impartir clases únicamente en la jerga local; o que una turba de cretinos, llegue hasta la mismísima puerta de la vivienda de los ministros y alcaldes del Partido Popular, armando un alboroto y coaccionándolo con gritos y amenazas, eso no es fascismo.
Estos tíos, y tías, ante todo paridad, debieran recordar un poquito de historia antes de hacer estos “escraches”. Debieran recordar que, aquella Guerra Civil también empezó así, con “escraches”.
Precisamente, el desencadénate final surgió de un “escrache”. Un escrache que fue a buscar a su casa al líder derechista Gil Robles, pero, al no estar éste en casa, se dirigieron a la casa de otro líder, Calvo Sotelo, al que acabaron asesinando. ¡Un “escrache”!
Voy a contarles la siguiente leyenda:
El dios número trece.
Cuanta la leyenda que en el principio de todo había trece dioses. Doce de los cuales se conocían entre ellos, pero nadie conocía al dios número trece.
Y con el fin de conocerlo, decidieron hacer una fiesta e invitarlo y, para eterna desdicha de los otros doce, el número trece acudió.
El dios número trece era La Muerte.
O sea: Piensa bien lo que deseas, no vayas a conseguirlo.

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