¡Lo sabia…!
Sabia que su señora había sido imputada y, para distraernos, él nos hizo el papelito trágico-dramático, diciendo que, por el amor a su esposa, lo dejaba todo y dimitía como Presidente, pero que antes se iba a tomar cinco días libres para reflexionar.
Cuando le preguntó Feijoo en el congreso, si la señora Begoña Gómez,- señora de Sánchez- estaba imputada, él se salió por peteneras e hizo, mutis por el foro.
Y luego se toma los cinco días para, al final, reaparecer diciendo que lo ha pensado mejor y que se quedaba.
Pero ahí no queda la cosa, buscando mil y una artimañas para desviar los focos de la corrupción de Begoña, se busca un conflicto con Israel y otro con Argentina, metiendo al Estado Español en un asunto personal entre él y el Presidente de Argentina.
-Si Milei te ha ofendido o ha ofendido a tu mujer, vas y lo denuncias o mejor, lo retas a un duelo singular para defender el honor de tu señora, pero no metas en ello al Estado Español, puesto que ni tú, ni ella, sois el Estado, porque al final, por mucho Presidente que sea, no pasas de ser un funcionario más, ¿y ella…? lo que sea… En eso Milei te ha dado una lección-
Y es que este tío, a la hora de cometer tropelías, no tiene parangón.
Es la estampa más cruda y descarnada de la figura de un canalla, chusma, ruin, rastrero, sinvergüenza y mentiroso.
¡Un miserable!
Ahora con la aprobación de la Ley de Amnistía, ha llevado su felonía hasta las últimas consecuencias, dando con ello una puñalada mortal a nuestro Estado de Derecho, ratificando que el Ejecutivo pueda conceder impunidad a cambio de votos.
Esta es toda su obra, una obra basada en la mentira, la estafa, el cinismo, la insolencia y la desfachatez más absoluta.
Y si comparásemos la carrera de Sánchez con la obra de un artista, la “amnistía” sería su broche de oro, su mejor obra hasta la fecha, pero mucho me temo que todavía, su obra maestra, esté por ejecutar.
De momento, y ante toda imposibilidad de frenar el escándalo, y a muy pocos días de las elecciones europeas, ha vuelto a escribir otra carta a sus “corintios”
¿Qué es moralidad?
Juicio para distinguir el bien del mal, visión para descubrir la verdad, dedicación para lo que es bueno, integridad para atenerse al bien a cualquier precio.