La administración de Donald Trump dio un paso significativo al firmar una orden ejecutiva que declara una emergencia nacional vinculada a Cuba, habilitando nuevas herramientas legales para intensificar la presión económica sobre el régimen de La Habana. El foco principal de la medida es el suministro de petróleo, un elemento crítico para la supervivencia económica y social de la isla.
El decreto faculta al gobierno estadounidense a imponer sanciones y aranceles a países, empresas o intermediarios que vendan o transporten petróleo hacia Cuba, en un intento por cerrar las vías alternativas de abastecimiento energético tras el colapso del apoyo venezolano.
El colapso del suministro petrolero y la crisis interna
Cuba atraviesa una crisis energética profunda, marcada por apagones prolongados, escasez de combustible, paralización parcial del transporte y afectación directa de servicios esenciales como hospitales, industria y producción de alimentos.
Durante décadas, el régimen cubano dependió del petróleo venezolano en condiciones preferenciales. La reducción drástica de esos envíos dejó al descubierto la fragilidad estructural del modelo energético cubano, altamente centralizado y sin capacidad de respuesta ante shocks externos.
La nueva ofensiva estadounidense apunta precisamente a impedir que terceros países sustituyan ese suministro perdido.
Aranceles a terceros países: un mensaje geopolítico
La decisión de Trump no se limita a sancionar directamente a Cuba. El mensaje va dirigido a terceros países: cualquier nación que decida abastecer de petróleo a la isla podría enfrentar aranceles adicionales, restricciones comerciales o sanciones financieras por parte de Estados Unidos.
Se trata de una herramienta de disuasión geopolítica, diseñada para elevar el costo de apoyar energéticamente al régimen cubano y aislarlo aún más en el plano internacional, especialmente en un contexto de reordenamiento energético global.
Embajadas y empresas activan protocolos de evacuación
En paralelo al endurecimiento de las sanciones, diversas embajadas extranjeras en La Habana han comenzado a revisar y actualizar sus planes de evacuación, según fuentes diplomáticas y reportes de prensa internacional.
Gobiernos europeos y latinoamericanos habrían instruido a sus misiones a evaluar escenarios de deterioro rápido del orden público, cortes prolongados de energía y dificultades de abastecimiento. Algunas empresas multinacionales con presencia en Cuba también estarían evacuando de forma preventiva a familiares de su personal extranjero.
Estas medidas no implican una evacuación inmediata, pero sí reflejan una creciente preocupación internacional por la estabilidad interna de la isla.
La respuesta del régimen cubano
El gobierno de Cuba ha rechazado la orden ejecutiva estadounidense, calificándola de “agresión económica” y acusando a Washington de utilizar la crisis energética como instrumento de presión política.
Sin embargo, el régimen no ha presentado un plan alternativo creíble para garantizar el suministro energético ni ha explicado cómo afrontará la escasez de combustibles en el corto plazo, más allá de llamados a la resistencia y denuncias contra Estados Unidos.
Un nuevo punto de tensión en el hemisferio
La combinación de sanciones energéticas, colapso del suministro petrolero y alertas diplomáticas sitúa a Cuba en el centro de una nueva fase de tensión regional. Para Estados Unidos, la medida se inscribe en una estrategia más amplia de control de flujos energéticos y contención de regímenes aliados a Venezuela e Irán.
Para la comunidad internacional, el escenario abre interrogantes sobre el impacto humanitario, la estabilidad política de la isla y el posible efecto dominó en el Caribe.
Conclusión
La orden ejecutiva firmada por Donald Trump marca un punto de inflexión en la política hacia Cuba. Al atacar directamente el corazón energético del régimen y advertir a terceros países, Washington eleva la presión a un nivel inédito en los últimos años.
Mientras tanto, el hecho de que embajadas y empresas extranjeras se preparen para escenarios de evacuación confirma que la crisis cubana ya no es solo económica, sino también un asunto de seguridad y estabilidad regional, con consecuencias que podrían extenderse más allá de la isla.
