La tragedia de Adamuz ha encendido el debate público y agitado las redes. Un descarrilamiento mortal en la línea ferroviaria de Córdoba ha dejado a familias destrozadas y un emotivo funeral en el Pabellón Carolina Marín de Huelva, donde estuvieron presentes los reyes. En medio del luto, Liliana Sáez y su hermano Fidel, hijos de una víctima, ofrecieron un discurso que tocó los corazones de todos los presentes. Sin embargo, rápidamente la atención se ha centrado en el presentador Iker Jiménez, que en su programa Horizonte no ha dudado en señalar a la vía como el principal culpable.
Desde su plató en Cuatro, Jiménez ha lanzado un mensaje contundente: «Aquí en el club de prensa no tenemos pelos en la lengua». Rememora el apagón nacional y cómo algunas voces intentaron desviar las culpas hacia medios independientes. En las redes, una reacción coordinada lo ha señalado como parte de la «fachosfera» por dudar de la infraestructura. Él responde con firmeza: «Mucha gente coordinada te decía que sospechar de la vía te convierte en un facha y de ultraderecha». Además, cita a El País, un diario centenario sin tintes extremistas, que respalda sus dudas sobre la vía.
Este enfrentamiento no es algo nuevo. Jiménez ha sido objeto frecuente de etiquetas ideológicas. Sus programas, que van desde el misterio hasta análisis políticos, han abordado críticas al Gobierno, protocolos del PSOE o incluso la DANA en Valencia. De hecho, Vox llegó a solicitar su comparecencia en el Congreso por sus comentarios. Sus detractores lo ven como parte de la «derecha mediática», pero él defiende su estilo periodístico sin filtros, tal como hizo al leer en directo el protocolo antiacoso socialista, advirtiendo sobre un «tsunami interno» con cinco casos reportados en una semana.
Las acusaciones y el contexto de polarización
La tragedia de Adamuz pone sobre la mesa las infraestructuras obsoletas y una creciente crispación política. Jiménez subraya el contraste: mientras ciertos influencers «anti-bulos» negaban cualquier fallo en la vía, El País lo reflejaba abiertamente en sus titulares. «Son personajes muy conocidos que nos enseñan lo que son los bulos», ironiza, refiriéndose a cómo eliminan tuits incómodos. Su compañera Carmen Porter dirige sus críticas al Gobierno: «Politizan al pueblo para dividirlo porque saben que si lo hacen ganan».
En este ambiente cargado, el presentador se victimiza ligeramente con humor: compara su situación con un «club de prensa» donde se dice la verdad sin tapujos. No es un fenómeno aislado; ya ha enfrentado pullas similares durante debates sobre temas como el COVID, la inmigración o las leyes trans. Ahora, con los pactos entre Podemos y PSOE para regularizaciones migratorias, Horizonte invita a analistas como Marc Vidal para desmenuzar los impactos económicos.
La polarización mediática se intensifica. Programas como el suyo, con tertulianos variados, chocan frontalmente con la narrativa oficial. Jiménez insiste: nunca oculta sus opiniones, a diferencia de otros. Esta postura resuena especialmente en un país donde accidentes como este ponen bajo cuestionamiento las inversiones realizadas en ferrocarriles.
