El Ángel de la Muerte de Auschwitz

Israel postergó la captura del Doctor Mengele y el monstruo nazi se ‘evaporó’

Revelan por qué el Mossad no lo atrapó en 1968 aunque estaba a tiro; cuando cambió de opinión, ya era demasiado tarde

El terrible Mengele murió tan fresco en 1979 mientras disfrutaba de su exención nadando en una playa de Sao Paulo

Uno de los mayores éxitos en la historia del Mosad provocó paradójicamente una de sus grandes decepciones.

El 11 de mayo de 1960, varios agentes del servicio secreto israelí capturaron en Argentina a uno de los criminales nazis más buscados, Adolf Eichmann.

Pero el anuncio de su traslado a Israel tuvo un precio: La huida de otro «pez» gordo y cruel llamado Josef Mengele. El «Ángel de la Muerte de Auschwitz».

Cuando capturamos a Eichmann en Buenos Aires, logramos saber que Mengele también vivía allí. Teníamos su casa bajo control,

Según recoge Sal Emrgui en El Mundo, el entonces jefe de la temida unidad de operaciones del Mosad, Rafi Eitan.

Tras participar en el secuestro de uno de los arquitectos de la Solución Final en la Shoa, no viajó a Israel con su presa nazi que se había camuflado bajo la identidad de Ricardo Klement.

Eitan se quedó en Buenos Aires para detener al hombre que con un solo gesto selectivo envió a los judíos a las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau y realizó sádicos experimentos médicos con los presos.

En 1948, Mengele voló a Argentina haciendo valer una documentación falsa que la Cruz Roja, aún a sabiendas de que estaba ayudando a un genocida, le proporcionó.

Tampoco lo persiguió con especial interés el gobierno alemán, hasta el punto de que el exiliado pudo vivir con su nombre real escrito sobre una placa en la puerta de su casa argentina. No se emitiría una orden de arresto hasta 1959. Mengele encontró en Paraguay y Brasil, por este orden, el refugio que necesitaba.

La caza del Mossad no comenzaría hasta 1960, cuando Simon Wiesenthal, el hombre que murió en 2005 siendo reconocido como el hombre que cogió a más de mil nazis, se puso en contacto con ellos.

También ayudó Wilhelm Sassen, un antiguo nazi que conocía personalmente a Mengele y que apuntó a Sao Paulo cuando se le preguntó por el escondite de su colega y sus compinches. Poco más podía estrecharse el cerco después de que el agente israelí Zvi Aharoni viese el 23 de julio de 1962 al objetivo en una granja brasileña, según recoge Alejandro Díaz-Agero en ABC.

sser Harel lideraba entonces al Mossad. Ese mismo día la agencia supo que Egipto estaba reclutando científicos alemanes para construir misiles, y replicar el movimiento de quien era su mayor enemigo pasó a ser el objetivo número uno de Harel y, consecuentemente, del Mossad.

Bergman explica que entonces el departamento de inteligencia israelí era todavía una organización joven, falta de medios punteros para actuar, y que a ello se sumó el carácter obsesivo de Harel, que no sabía hacer otra cosa que entregarse a la tarea que le ocupara.

El último intento

Pero la voluntad de Begin traspasaba las fronteras del raciocinio. Sabedor de estar en el primer escalón de poder del país, ordenó hacer de la captura de Mengele la prioridad de los servicios de inteligencia del país, desoyendo los consejos de los especialistas en la materia que veían en el auge del terrorismo, la guerra de Yom Kipur de 1973 o el impulso militar que los soviéticos estaban dando al cuerpo militar sirio asuntos de mayor enjundia.

Para Begin, la importancia de alcanzar a Mengele era tal que podía servir para amilanar a los palestinos. Y quería más: para él este era sólo el primer nazi que aún debería probar el sabor de su bota. Si no se les podía juzgar, que al menos se les diese muerte.

Lo intentó primero el Mossad en 1982 planeando el secuestro y la tortura hasta la muerte del hijo de 12 años de Hans-Ulrich Rudel, un nazi que era amigo de Mengele desde su infancia, hasta conseguir que el padre revelase el paradero del criminal, pero Rudel murió antes de poder realizar la operación. La alternativa fue pinchar los teléfonos de Mengele y su hijo Rolf.

Cumplían años el mismo día, motivo por el cual esperar que una conversación teléfonica entre ambos se produjese era, como poco, coherente. No desbarató el plan el hecho de que Rolf viviese en la República Democrática Alemana, territorio hostil para un servicio de inteligencia que pretende pasar desapercibido en el mayor caladero de espías del planeta.

De poco les sirvió la firmeza de su decisión: Mengele había muerto en 1979 mientras disfrutaba de su exención nadando en una playa de Sao Paulo.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído