Leerse las columnas de La Vanguardia que rellena Pilar Rahola, se ha convertido en un emocionante viaje a la antigüedad. Si el lector cierra los ojos, entre párrafo y párrafo, naturalmente, puede acabar imaginándose que está en Delfos, que le están transmitiendo un oráculo y que, la abajo firmante, bajo el seudónimo de Pilar Rahola, es en realidad las mismísima Sibila teletransportada en el tiempo al siglo XXI y en el espacio a Cataluña.
Como la genuina pitonisa original, lo sabe todo, de todo, y lo transmite con una sensación de infalibilidad que ya quisieran inculcar los sesudos asesores de la Curia Romana a sus sucesivos vicarios de Cristo en la Tierra.
¡Ustedes se lo pierden, sino consultan la prolífica producción de oráculos de PR en el santuario de papel periódico del Conde de Godó! Si quieren averiguar qué va a ser de España, de Cataluña, de Europa, de la Constitución, de la democracia, del futuro en general de 47 millones de españoles y el futuro en particular de 7 millones y medio de ellos que habitan a orillas de un pedazo del Mare Nostrum (que de momento siguen siendo aguas jurisdiccionales españolas), olvídense de La Moncloa, del Palau de la Generalitat, del Congreso, del Parlament, de Bruselas y demás espejismos, y acudan al único oasis en el que se puede aplacar la sed de sabiduría: la columna de Pilar.
El PP se las pone como a Fernando VII
En la última, hace una reflexión sobre «El peligro» Como esta mujer no tiene un pelo de tonta, aprovecha sendos «patinazos» que los Populares Carlos Floriano y Alicia (como llama ella a la candidata a Honorable por el PP de Cataluña) le han servido en bandeja para poner al público a su favor. Floriano, en su incontinencia verbal, ha calificado el pensamiento de Artur Mas de «peligro para democracia» y Alicia Sánchez-Camacho ha rematado el centro (no precisamente de cabeza) con una sentencia que atenta contra el principio de presunción de inocencia: «Cataluña no merece un gobernante fuera de Ley».
Así se las ponían a Fernando VII, ¿eh, Pilar? La grandeza de la democracia consiste precisamente en que los pensamientos nunca son peligrosos hasta que no se convierten en hechos. Y, por otro lado, Artur Mas es un gobernante dentro de la Ley hasta que sus hechos no demuestren lo contrario. En Política, como en el mus, la boca no hace juego.
Rahola está hecha un lío con la democracia
Hasta ahí todo va bien. Pero Pilar Rahola pierde la concentración a medida que avanza el artículo, y se tira sin paracaídas cuando decide divagar sobre de la democracia:
«No deja de ser extraordinario que se use la propia democracia justamente para negarla, y que lo hagan desde una triple perversión: convertir la Constitución en un texto inmutable e inamovible más propio de la fe dogmática religiosa que de la política democrática; no recordar, además, que dicho texto nació con el cadáver de Franco aún caliente y con más ruido de sables que de palabras; y en consecuencia, hacer que la Constitución secuestre a la democracia. Porque se mire por donde se mire, ni las constituciones están por encima de la voluntad popular, ni los políticos son gurús que puedan defender el santo grial contra la gente, ni tiene ninguna excusa que dicho texto se haya cambiado para todo menos para la cuestión territorial».
¡Abra usted el paracaídas auxiliar, señora Rahola!
a. Convertir la Constitución en un texto inmutable e inamovible, no es una perversión, sino una gilipollez histórica. ¿De qué sirve una Constitución en estado de hibernación? La perversión consistiría en que en que las reformas se hiciesen al capricho de una minoría contra la voluntad de una mayoría. Por ejemplo: que seis millones de ciudadanos (millón arriba millón abajo) le impusiesen una reforma a su medida a cuatro decenas de millones
b. El texto es posible que haya nacido con el cadáver aún caliente de Franco. Pero hasta ahora nos daba mucha tranquilidad saber que dos ilustres paisanos suyos, Jordi Solé Tura y Migue Roca Junyent, hubiesen firmado al pie de la Carta Magna sin aparentes reparos de conciencia.
c. Una mayoría de españoles parece que está dispuesta a reformar la Constitución en muchos de sus ámbitos, incluido el tabú territorial. Pero entre todos, al criterio mayoritario de los ciudadanos con derecho a voto, y no bajo amenazas y coacciones de minorías. ¿Está usted de acuerdo? ¿o se va a sacar de la manga una teoría sobre la democracia cualitativa que prevalezca sobre la democracia cuantitativa? Como filóloga, sabe mejor que nadie lo que significa esa palabra.
No se trata de proteger la democracia del ejercicio de la democracia, sino de que el ejercicio de la democracia de unos cuantos no imponga sus criterios al ejercicio de la democracia de la mayoría.
¡Eso sí que sería un peligro! Hable usted con la filóloga hispánica y catalana que lleva dentro, y póngase de acuerdo en ambas lenguas, desde ambas sensibilidades, sobre el significado de esa palabra, democracia, que últimamente le tiene hecha un lío.

