LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Ignacio Camacho contra los camaleónicos empresarios por hacerle la rosca a Podemos

"Los lobbys de la CEOE y del Íbex van virando su tonalidad cromática para garantizarse tránsito por los despachos oficiales"

Ignacio Camacho contra los camaleónicos empresarios por hacerle la rosca a Podemos
Juan Rosell (CEOE). PD

Han llamado poderosamente la atención de los columnistas de la prensa de papel las palabras del presidente de los empresarios, Joan Rosell, asegurando que no tiene miedo a un posible gobierno de PSOE y Podemos. Así lo reflejan este 11 de febrero de 2016 gran parte de los articulistas habituales.

Uno de los que mejor conoce el paño y por el que arrancamos esta sección es Ignacio Camacho, ABC, que tirando de un testimonio de un antiguo dirigente patronal, asegura que los empresarios son camaleónicos, capaces de volverse del color del poder:

Que no tienen miedo, dicen los jefes del empresariado y algunos presidentes de grandes compañías. Los mismos que tratan de presionar a Rajoy para que se humille accediendo a dar paso a un acuerdo del PSOE con C´s. Los mismos que están preparando ERE preventivos por si la izquierda anula la reforma laboral. Los mismos que andan poniendo a buen recaudo su dinero «ante la incertidumbre financiera». Los mismos que estudian cómo deslocalizar sus domicilios fiscales por si cambia la tributación de sociedades. Y los mismos que temían pronunciarse sobre la secesión catalana mientras en privado proclamaban su intención de mudarse. Esos que ahora señalan que lo importante es que haya pronto un Gobierno estable… ante el que ponerse en la cola de los favores.

Añade:

Bien. Ahí queda su expresión de confianza, impresa y grabada para cuando se empiecen a quejar de las hostilidades. Para cuando clamen por la cuadratura del déficit o por el rescate de empresas en problemas. Para cuando se lamenten del crecimiento del sector público. Para cuando protesten por el cierre de las nucleares o por la morosidad en los contratos institucionales. Para cuando tiemblen por las dificultades de financiarse con la prima de riesgo alta. Para cuando lloriqueen en foros off the record con periodistas. Para cuando intenten movilizar a la oposición en defensa de una política business friendly. Para cuando las buenas palabras de los ministros socialistas se estrellen con el ceño implacable de los de la extrema izquierda.

El desaparecido Rafael Álvarez Colunga, el que fuera presidente de la patronal de Andalucía, dijo una vez que los empresarios tenían que ser camaleones capaces de volverse del color del que manda. Lele, que así le llamaban, era un hombre jocundo y llano; se entendía con Chaves y firmaba con él jugosos acuerdos de financiación corporativa y paz social. Una parte del dinero que recibía de la Junta lo utilizaba para financiar al PP; políticamente sabía flotar, aunque por desgracia falleció en un naufragio. Aquellas declaraciones le valieron una reprimenda de los suyos: una cosa era hacerlo y otra admitirlo con tanta franqueza.

Y remata:

Los lobbys de la CEOE y del Íbex le vienen a dar la razón. Empiezan a ver inevitable el acceso al poder de Podemos, de la mano de la socialdemocracia, y van virando su tonalidad cromática para garantizarse tránsito por los despachos oficiales, que no han estado demasiado accesibles durante el marianato. Los populistas se les perfilan ya como gente razonable. Al fin y al cabo ellos disponen de ingeniería tributaria suficiente para minimizar las subidas de impuestos, que recaerán como siempre sobre los empleados con nómina y los emprendedores pequeños y medianos. El mundo del dinero y los grandes negocios resulta por naturaleza adaptadizo al poder. Y la libertad, como cantó Pablo Guerrero, no es más que una palabra escrita en la pared.

Jaime González tampoco entiende las palabras de Joan Rosell prefiriendo ya la formación de un Gobierno, aunque sea con los podemitas como ingrediente esencial, a esperar a que pudiera darse la ansiada gran coalición:

¿Siente miedo, maestro?», le preguntaron un día a Antonio Chenel, «Antoñete». «Pues depende. Si estás dispuesto a arrimarte de verdad, pasas mucho miedo. Si vas dispuesto a tirar las tres cartas, pasas menos miedo que si vas al dentista». El presidente de la CEOE, Juan Rosell, no teme un posible gobierno PSOE-Podemos. Eso de pasarle la mano por la testuz al toro para que no derrote es un gesto equivocado, pues revela una docilidad incompatible con la naturaleza del morlaco. Una cosa es ser diplomático, y otra bien distinta untarle vaselina en los pitones.

Asegura que:

Dudo mucho que los arrumacos dialécticos del presidente de la CEOE sean compartidos por la inmensa mayoría de los empresarios que se ven obligados cada día a arrimarse de verdad. Puedo estar equivocado, pero, dado que Rosell y quien escribe parece que discrepamos sobre las intenciones del toro, no estaría de más que la patronal consultara a sus bases, ahora que se ha puesto de moda la democracia interna. La pregunta es muy sencilla: ¿teme usted un gobierno PSOE-Podemos? Siempre he creído que los valientes son aquellos con agallas suficientes para reconocer que tienen miedo, pero si Rosell tiene razón y gana el «no», propongo a la alcaldesa de Madrid que sustituya el caballo de Espartero por un monolito en memoria del empresariado español con su placa de rigor.

Y se pregunta:

Desconozco las razones por las que Rosell no teme un gobierno que, entre otras cosas, derogaría la actual reforma laboral, pero si el «no temo» del presidente de la CEOE busca aplacar la ofensiva de un eventual Ejecutivo con Pablo Iglesias en la vicepresidencia, le recomiendo que se ahorre el jabón y busque otra manera de hacer frente al toro, porque le puedo asegurar que no responde a las carantoñas y es muy mal mirado con quienes pretenden bañarlo en crema. Es más: por experiencia le digo que le provocan alergia.

Isabel San Sebastián tiene claro que las negociaciones que está habiendo son un mero postrero, un engaño para consumo de los ciudadanos y hasta de los medios de comunicación. Para ella está claro que el acuerdo PSOE-Podemos es más que un hecho constatado y constatable:

La política española se ha convertido en un espectáculo de prestidigitación en el cual nadie parece tomar en consideración la realidad en la que se mueve y todos los actores se esmeran en salvar las apariencias. Todos juegan al engaño a varias bandas, empezando por la propia. El final de la partida está cantado, pero hasta llegar a ese desenlace es preciso representar una función lo suficientemente creíble como para que unos y otros puedan saludar a su público sin sonrojarse.

Detalla que:

Encabeza la función el candidato socialista, Pedro Sánchez, a quien hay que reconocer excelentes dotes para la interpretación. Es preciso ser un comediante de talento para enfrentarse diariamente a periodistas y políticos con el discurso del «diálogo con todos», la «centraldad» y demás tópicos al uso, sabiendo perfectamente que las únicas conversaciones con posibilidades de culminar en un gobierno encabezado por él, que es la meta a la que aspira, son las que mantiene bajo cuerda con Podemos. La negociación abierta con Ciudadanos no tiene otra finalidad que la de servir de coartada con vistas al congreso de su partido, dado que los escaños de ambas formaciones suman 130 diputados y los restantes grupos de la Cámara anuncian unánimemente su rechazo a esa alianza. Lo que persigue Sánchez con ese paripé, por tanto, es ser investido presidente gracias a los votos de Iglesias, pudiendo culpar al PP del fracaso de la «alternativa moderada» por su negativa a abstenerse. ¿Qué sacan de ahí los de Rivera? Que nadie pueda acusarles de haber escatimado esfuerzos, una mejor posición de salida en los próximos comicios y algún protagonismo en esta fase temprana de la representación, en el bienentendido de que sus interlocutores socialistas les darán una patada en el mismo momento en que lo consideren necesario para cerrar su pacto con quienes ideológica y aritméticamente les interesan de verdad. Llegados a ese punto, es de suponer que los «naranjitos» se levantarán de la mesa, ya que deben de ser conscientes, cuando fijan sus líneas rojas, de que cruzarlas equivale a suicidarse.

Aclara que:

El líder podemita, a su vez, no esconde demasiado sus cartas. Él ha dicho desde el principio cuáles son sus intenciones, si bien ha puesto el listón de las condiciones muy alto a fin de poder bajarlo en la etapa final de la subasta. Su objetivo a medio plazo es sustituir al PSOE como partido hegemónico en la izquierda. Las poltronas que se adjudique en el próximo Gabinete son secundarias a ese empeño, que está al alcance de su mano tanto si Sánchez cede ahora, que cederá, como si se la juega a repetir elecciones. Por eso da una de cal y otra de arena, mostrándose hoy esquivo y mañana seductor. Juega al ratón y el gato con la ventaja se saberse imprescindible en ese Eje frentepopulista al que se unirá, entusiasta, el PNV, y que apoyarán por acción u omisión, digan lo que digan hoy, unos separatistas catalanes cuya máxima prioridad reconocida es sacar del gobierno al PP.

Y resalta que:

En cuanto a este último, me pregunto si Rajoy se cree su propio discurso o se limita a intentar mantener la moral de la tropa para acallar voces críticas. Oyéndole decir ayer en el Senado eso de «no es posible que gobierne quien no ha ganado las elecciones», venían a mi mente unas cuantas autonomías y ayuntamientos donde eso está sucediendo ya desde hace meses, sin que hayan saltado hasta la fecha las costuras de la democracia. ¿Qué pretende el presidente en funciones con semejante mensaje? Ganar tiempo. Lo de siempre. Porque engañar, lo que se dice engañar, no engaña a nadie.

En La Razón, Martín Prieto habla sobre los disparates perpetrados por la alcaldesa de Madrid, la ínclita Manuela Carmena:

París es antipáticamente chauvinista y NuevaYork, un altar puritano a la competitividad más despiadada, pero Madrid, como predicaba Camilo José Cela, es una ciudad cosmopolita con aires de poblachón manchego en el que nadie es más que nadie y a ninguno se le pregunta de dónde viene. Los madrileños son refractarios a los despotismos ilustrados o analfabetos: devolvieron a Italia a Esquilache, se sublevaron el dos de mayo y resistieron un cerco de mil días desobedeciendo estimaciones de Azaña y su Gobierno. Con Manuela Carmena, esa buena mujer, apetece pasar una tarde de chocolate con picatostes para aliviar la añoranza de su jubilación dorada. Instrumentalizarla como remedo de Tierno Galván es pretenderla florero político para disfrute de quienes no saben quién fue el Viejo Profesor.

Destaca que:

No es a esta dama a quien se le ocurre que los niños recojan las colillas o las madres limpien los colegios, los belenes vergonzantes, las cenas para pobres escogidos en el Ayuntamiento, las cabalgatas de diseño, la errónea purga del callejero, la lucha a manotazos contra la contaminación provocando atascos apocalípticos y dejando sin trabajo a los autónomos de furgoneta y changa, ni su empecinamiento en conservar la pastosa fachada del Edificio España, tarta arquitectónica franquista donde las haya.Y a sus titiriteros habría que sancionarlos devolviéndolos al preescolar por ver si se desasnan. La jueza buenista y amorosa no parece siquiera informada de lo que pergeña el rebaño podemita que cree pastorear: ingeniería social practicada por egresados de la más extravagante facultad de la Complutense.

Y sentencia:

El equipo municipal no es perverso; es ígnaro y anancefálico ante los verdaderos problemas de los madrileños, y en delirio regalaran ceniceros de bolsillo para que, paseando, nos convirtamos en antorchas humanas o demos en combustión espontánea. Carmena no es culpable de esta carrera de disparates sino el PSOE y su jibarizado y entristecido concejal Carmona, al que han torcido el brazo para que acepte y sostenga este municipio de guardería que tiene trastienda y ninguna enmienda. Da igual que dimita Celia Mayer, que no sabe ni explicarse, sustituta de un tuitero macabro necesitado de apoyo psicológico: correrán la lista colocando a otro paciente de confusión mental. Madrid está ofreciendo el preludio de lo que será España con quienes mueven los hilos de los titiriteros incrustados por Pedro Sánchez en las cuadernas del Estado. Cosas veredes, Sancho. Veremos cosas que nos helarán la sangre.

Arcadi Espada, en El Mundo, habla sobre el revanchismo del equipo podemita que manda en la ciudad de Madrid:

¿Por qué el franquismo no puso una calle a Federico García Lorca? Porque lo había matado. Es decir, no porque fuera un poeta menor, o en Madrid o en Granada no hubiera calles sin lápida. Sino porque el franquismo fue un régimen nacido de una victoria militar, basado en la extinción o el arrinconamiento de una parte de los ciudadanos. De ahí que uno de sus primeros trabajos fuera borrar todo signo de la existencia política, cultural o sociológica de millones de españoles. Al margen de algunas iniciativas particulares y locales, el franquismo no promovió la reconciliación de los españoles, a diferencia de lo que hizo en 1956 el Partido Comunista. A veces no se entiende con la suficiente claridad lo que significa reconciliación. No se trata de un abrazo ni de un perdón colectivo, aunque pueda haber ornamentaciones de ese tipo. Se trata de la participación de todos los ciudadanos en el espacio público, en igualdad de condiciones. Hasta su final, el franquismo mantuvo a muchos españoles aparte. No quiso o no supo aliarse con el tiempo para corregir su naturaleza, basada en el ¡ay! de los vencidos.

Aclara que:

Fue la democracia la que organizó la política de reconciliación, conscientes tal vez aquellos hombres transitorios de que la democracia es, en esencia, una reconciliación. El hecho de que el franquismo no fuera derrocado la facilitó. Y también lo hizo una certeza púdicamente reservada: y es que había muchos españoles dispuestos a actuar como demócratas que, sin embargo, no se avergonzaban del régimen anterior, del que reconocían al tiempo su deslealtad y su ineluctabilidad. La vergüenza es un asunto clave. Los españoles no se avergonzaron abrumadoramente de Franco como los alemanes de Hitler. No entro ahora en si eso es o no justo. Sólo que es decisivo a la hora de analizar el tratamiento democrático de su memoria y la de su régimen.

Y concluye:

Por las mismas razones que el franquismo no premió a Lorca se promueve ahora desde el templo del saber complutense la retirada de honores a Pla, Dalí, Mihura, Pemán o Gerardo Diego. El franquismo no perdió un minuto en averiguar qué mérito habría en describir la luna como «Ajo de agónica plata» y la podredumbre no lo pierde ahora en atender qué radical lección planiana se esconde en la frase: «La persiana es verde».

No han ganado una guerra civil, pero su raíz totalitaria es la misma. Si son demócratas es sólo porque pasaban por aquí.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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