DESDE PÚBLICO A INFOLIBRE PASANDO POR EL PAÍS

Concurso de descalificaciones en la izquierda mediática para ver quien insulta mejor a Bolsonaro

Renata Ávila habla de ‘compromiso intelectual y periodístico contra el fascismo", que en la jerga significa mucho escrache

Concurso de descalificaciones en la izquierda mediática para ver quien insulta mejor a Bolsonaro
Jair Bolsonaro YT

La toma de posesión de Jair Bolsonaro se ha convertido en la excusa para que las cabeceras españoles disputen entre ellas sobre quien insulta o descalifica mejor al nuevo jefe de Estado del país sudamericano elegido democráticamente.

¿Le acusan de odio a la izquierda los medios odiadores profesionales hacia la derecha? Sigue el mal perder de los medios progresistas.

Ya durante 2018 esta competición estuvo muy presente en todos los medios, en la hemeroteca están las crónicas de El Mundo en las que Agnese Marra poniendo a Bolsonaro la coletilla de ‘ex policía homófobo racista’ o las de El País con el oxímoron de ‘ultraconservador’.

El diario Público, alguno de cuyos directores dio lecciones al resto de la prensa sobre la poca objetividad que, según él, era tratado el gobierno de Venezuela en tiempos del comandante Hugo Chávez, titulaba con gran objetividad este 31 de diciembre de 2018 que «el ultraderechista Bolsonaro» irrumpía por año nuevo «con su discurso xenófobo y machista». Puntúa bajo en el rankín de insultos, porque lo de ‘ultra’ está demasiado trillado.

La misma puntuación se merecería InfoLibre al titular «la investidura de Bolsonaro coloca a la ultraderecha al mano de la mayor democracia de América Latina». Puestos a insultar, que prueben otros latiguillos, no sé, «neonazi», «hijo de Satán», «reencarnación de Hitler», que al menos se esmeren un poco más.

Daniel Gatti en su nota en Público sobre el mismo tema por cambiar de adjetivo: «Ofensiva neoliberal azota Latinoamérica». ¿En qué quedamos? ¿Ultraderechismo o neoliberalismo? Qué más da, para Público y demás camaradas se trata simplemente de etiquetar como malos-malosos todo lo que no sea izquierda. —Los empresarios toman el poder: así es la ofensiva neoliberal que azota a Latinoamérica

Los de ElDiario.es aumentaban el ataque no sólo a Bolsonaro sino a sus 22 ministros. Víctor David López aseguraba que el gobierno se encomendaba a Dios como eje de su gobierno. Es de esperar que sea con más fundamento que el que usó Cristina López Schlichting para aplicar la misma acusación a Santiago Abascal por usar en Vistalegre la expresión coloquial «gracias a Dios».

Eliane Brum puntúa bastante más con su artículo en El País por el titular «El Dios del odio de Bolsonaro». A pesar de que lo que más parece haber es odio contra él, que hasta le metieron una puñalada, literalmente, en campaña. (salvo que le acusaran de haber golpeado con su tripa odiosamente la hoja de un cuchillo)

Según Brum el nuevo presidente de Brasil será un desastre porque su Dios del odio odia a todo lo que venga de la izquierda. Es decir, que Eliane Brum acusa a Bolsonaro de hacer lo mismo que ellos, pero al revés (dado que, por seguir su jerga, el Dios de la izquierda llama ultra a todo lo que no sea progresista).

En el «ranking» también merece un hueco la tribuna en Infolibre de Mateo Quirós y Francisco Soler, los dirigentes de Equo, que reciben a Bolsonaro con un artículo titulado «El futuro de los niños», asegurando que nuestros pequeños benajimes están en peligro por la llegada democráticamente de dirigentes como Bolsonaro (sonaría mejor si la web tuviera un dispositivo para que sonara Carmina Burana mientras se lee el texto).

Pero la nota ganadora bien podría ser la de Renata Ávila en ElDiario.es titulada «Cinco acciones para neutralizar a Bolsonaro en sus primeros 100 días de gobierno» (afortunadamente no contempla el magnicidio entre ellos, ya intentado contra Bolsonaro).

Renata Ávila habla de ‘compromiso intelectual y periodístico contra el fascismo», que en la jerga de la extrema izquierda, suele traducirse en mucho escrache, mucha manifestación y máxima leña desde los medios. No parece que esas prácticas hayan funcionado mucho hasta ahora.

Salvo que la izquierda planee volver a sus orígenes y proponer no reconocer como legítimo ningún resultado electoral que no sea favorable a la izquierda.

Quizá sería más recomendable «para derrotar» a la derecha, ganarla en las elecciones y plantearse si para ello hay cosas más útiles que reiterar los insultos de «ultraderechista», «machista», «homófobo» y demás como principal argumento electoral.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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