
(PD).- Solbes (Economía y Hacienda) deambula por Europa como un boxeador sonado; la hermana De la Vega (Vicepresidenta) predica por África la buena nueva progresista y se dedica a convertir negritos; Magdalena Álvarez (Fomento) se prueba ante el espejo las estolas de astracán que se ha traído de Siberia; y Mercedes Cabrera (Educación, Política Social y Deporte), que pasará a la historia como la ministra de los cuatro suspensos, se lamenta amargamente de que el Tribunal Supremo le haya tumbado la iniciativa. Está visto que en este Gobierno provisional la que más trabaja es Bibiana Aído, (Igualdad) y aun así ha necesitado un año para enterarse de qué va lo suyo. Se lo ha dicho Rajoy a ZP: «Cambie su equipo económico y la mitad de su Gobierno».
Un Gobierno así puede durar, como los zombis, toda la vida, pero lo más seguro es que acabe provocando el pánico entre la población. O sea, que a Zapatero no le queda más remedio que hacer limpia y poner caras nuevas donde hay desconcierto, cansancio y agotamiento mental. Pero no lo tiene fácil, y no precisamente porque el nivel intelectual para ser ministro haya subido. Zapatero lo tiene hoy más difícil porque es más débil, porque tiene menos apoyos en el Congreso y, sobre todo, porque necesita al PP para que le eche una mano con lo de la crisis económica, escribe José Antonio Gundín en El Semanal Digital.
Por tanto, se acabaron los ministros cañeros tipo Bermejo o Caldera, militantes de la secta y martillo de «peperos». Se impone un nuevo perfil, un modelo pret a porter que lo mismo sirva para besarle la mano a la derechona que para estimular a las decaídas huestes socialistas, pero sin herir sensibilidades. La derrota de Galicia ha sido muy dolorosa para Zapatero, pero más lo está siendo su victoria en el País Vasco, pues no sólo ha perdido un aliado; además tiene que bailar con el PP, con lo mucho que había disfrutado con el Pacto del Tinell.
Ante la desoladora perspectiva de cuatro millones y medio de parados dentro de un año, al Gobierno de Zapatero, sean cuales sean sus integrantes, le queda muy poco margen de maniobra, por no decir ninguno. De ahí que Solbes quiera quitarse de en medio sin demora. Como diría un técnico sanitario, la situación es incompatible con la vida gubernamental y la única opción de sobrevivir que tiene es arrojarse en brazos de Rajoy para bailar juntos el último vals.
Concluye su análisis Gundín:
«Si Rajoy se niega al arrime, caerán sobre él los más negras maldiciones por no ayudar en trance tan vital al Gobierno de España. Pero si se abraza a Zapatero, lo más seguro es que el PSOE le acabe señalando a él como el culpable de la crisis, después de haber culpado a Bush, a Aznar y a la derecha internacional indistintamente. En suma, Zapatero se enfrenta a una Legislatura incierta en la que nada le está saliendo bien, ni siquiera las victorias. Su principal adversario, el coco, el sacamantecas del PP se ha convertido en su aliado en el País Vasco. Ya no sirve para meter miedo a los progres, ya no hay demonio. Lo único que hay es una crisis económica mucho más temible, destructiva e inmisericorde que diez partidos populares».