La “Ley de vagos y maleantes” del pasado nos vendría de perlas en estos tiempos, para apartar de la sociedad a todos los indeseables que no acatan las leyes y crean guetos impenetrables.

Martínez Almeida flaquea ante los ingobernables okupas.

Martínez Almeida flaquea ante los ingobernables okupas.

Pedro Sánchez continúa con el juego de los enigmas. España es ahora su finca y le gusta divisarla desde el Falcon. Tener a la gente en ascuas y a los periodistas haciendo conjeturas sobre si habrá pactos o elecciones, le produce un placer enfermizo. El cuaderno azul de Aznar, que parece que era solo leyenda y nunca existió, se queda en nada al lado del de Sánchez que, de existir, sería de un color inventado, un color “fake”, como todo él. Pero parece que ya nada nos asombra.

Estamos ante un personaje tremendamente peculiar, un psicópata perfecto, al que solo le preocupa él mismo, el postureo y su continuidad en el poder. Pero, para nuestro mal, no tiene un pelo de tonto y eso lo ha convertido en el mayor caradura con suerte que ha pasado por la política española desde que tenemos uso de razón. Porque un político se puede equivocar, y eso es perdonable. Pero alguien que ostenta el máximo poder de una nación no puede ser tan vanidoso, tan frívolo, tan hipócrita, tan mentiroso, tan tramposo y tener tan pocos escrúpulos como Pedro Sánchez. ¡Y todo le sale gratis! Es casi imposible hacerlo comparecer en las Cámaras a dar explicaciones por todos sus despropósitos. Como mucho, las da en las entrevistas ad hoc de las televisiones de sus amigos y periodistas pelotas que, en lugar de sacarle los colores, le dan baños de espuma y masaje oriental, al estilo de la sauna gay de su suegro. El caso es que siempre se las arregla para irse no de rositas, sino reforzado como estadista y bienhechor ante una audiencia borracha de megadosis de crónica rosa y sensiblería barata. Pero no es Sánchez el único culpable, sino el socialismo en pleno que cierra filas con él y están eufóricos con los pronósticos gourmet de la cocina de Tezanos. Aparte, claro está, del apoyo de los Oteguis de turno y los Torras antiespañoles que se fotografían juntos, en plan burla al resto de españoles de bien.

Martínez Almeida pierde frente a los okupas de “La Ingobernable”

Pierde la ley y el orden y gana el despropósito, los antisistema, los incívicos, los que rehúsan respetar las normas de convivencia. Hoy se cumplía el plazo para que los okupas del edificio de la calle Gobernador, en las inmediaciones del Museo del Prado, lo abandonasen voluntariamente. La respuesta de esta mafia urbana fue una cena de gala que culminó con una desafiante chocolatada acompañada de hashtags como #indesalojables y #NoNosVamosDesayunamos. Una buena recua de personas, de estas dispuestas siempre a ir contra la autoridad hicieron de acompañantes necesarios hasta la madrugada.

Martínez Almeida prometió en campaña ser implacable contra la okupación y aludió a este edificio como prioritario. Sin embargo, no solo no se han ido, sino que se han reído en la cara del alcalde y en la de todos los madrileños, legítimos dueños del inmueble. Tal y como está de enyerbado el asunto, mucho nos tememos que la cosa irá para largo, y a saber. La vía judicial no siempre favorece a quien tiene razón. Estamos viendo a diario sentencias extravagantes, ante las cuales la única expresión que cabe es: “no entiendo nada”. Hay muchas cosas que no entendemos de este mundo que parece girar al revés en una suerte de carrusel loco. ¿Alguien se imaginaba que esta gente, en guerra permanente con la sociedad, iba a abandonar una plaza conquistada por asalto? ¡Pero en qué cabeza cabe! Según las representantes del Ayuntamiento, personadas en la zona, acompañadas de varios policías, “no se daban las condiciones de desalojo”. ¿Condiciones de desalojo? ¿Habrá que esperar una conjunción propicia entre Marte y Júpiter? Esta gente, más propiamente dicho, gentuza, está muy organizada y se las sabe todas. “La Ingobernable” –extensible a La Dragonera y a otros espacios okupados—es un conglomerado de colectivos muy heterogéneos, pero con una característica común: el odio al sistema y el rechazo a las normas sociales de convivencia. Son parásitos profesionales, bien comidos y bien bebidos, zapadores y activistas políticos de izquierdas, partidarios del gratis total –excepto para los que trabajamos, que tenemos que pagarlo todo incluso sus caprichos del “dolce far niente”—, escoria social de la peor, la mayoría de ellos ociosos, que no tienen respeto por nada, que entienden que lo que no se tiene se le puede arrebatar a su legítimo dueño. Almeida no ha podido con ellos en este primer envite. Quizá hace falta más decisión y menos miedo a los titulares de prensa y a las cadenas de la progrez. Puede ser que Almeida resulte algo blandengue para la lucha en la que estamos inmersos, con una izquierda asilvestrada y un Ciudadanos díscolo, con vocación de Ícaro.

Con el proyecto Madrid Central claudicó a la primera de cambio. Yo creo que VOX se hubiera mantenido implacable y habría conseguido desalojar a los okupas y rescatar el edificio de los madrileños. Si Ortega Smith fuera alcalde, hoy habríamos tenido una buena noticia.

La situación se está volviendo tan insostenible, tan caótica, tan a favor de los que no acatan las leyes y cometen delitos, con tanta gente sin oficio ni beneficio, con tantas bandas y tribus urbanas enemigos de las normas de convivencia, con tanto inmigrante ilegal delincuente, que no va a quedar más remedio que elaborar leyes duras que castiguen severamente a los que vulneran la convivencia social. La “Ley de vagos y maleantes” del pasado nos vendría de perlas en estos tiempos cuasi apocalípticos –socialmente hablando— para apartar de la sociedad a todos los indeseables que no acatan las leyes y crean sus guetos impenetrables. Lo siento, pero yo no quiero convivir con esta gente y reclamo protección.

Para colmo, si un sujeto de estos, entra en nuestra casa por la noche –ya me dirán con qué intención— y, movidos por el instinto de supervivencia natural, le disparamos con una escopeta y tiene la mala suerte de morir, nos vamos a ver inmersos en un proceso en el que se nos va a acusar de falta de proporcionalidad. Total, cárcel para mi marido o para mí, que somos las víctimas, e indemnización para la familia del atracador. Eso tiene que cambiar. Parece que el derecho a la defensa propia en el ámbito del hogar solo le interesa a VOX. Por eso, los delincuentes campan a sus anchas.

 

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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