Alberto Núñez Feijóo se enfrenta a un reto complicado en su liderazgo.
De acuerdo con el barómetro de marzo de Sigma Dos para El Mundo, el Partido Popular obtendría en la actualidad 135 diputados en el Congreso, lo que representa una reducción de dos escaños respecto a los 137 que tiene actualmente y por debajo de los 137 logrados en las elecciones de julio de 2023.
Este es el primer momento en toda la legislatura en que los populares se encuentran ante una proyección electoral que les deja por debajo de su marca anterior, lo que pone de manifiesto que algo no marcha bien en la estrategia del partido desde Génova.
Este deterioro no ha sido repentino.
El PP lleva ya siete meses consecutivos en caída libre, acumulando una pérdida de 1,2 puntos porcentuales desde las elecciones generales del 23-J.
Mientras que en febrero alcanzaba un 32,4% de intención de voto, en marzo ha bajado al 31,9%.
Pero lo más inquietante para Feijóo no es únicamente la fuga de votos propios, sino la evidente incapacidad para detener la hemorragia hacia su derecha. Mientras el PP pierde apoyo, VOX sigue creciendo sin pausa, reduciendo una distancia que hace apenas tres años parecía insalvable.
La formación liderada por Santiago Abascal ha vivido un cambio electoral sin precedentes. Con un 18,3% de intención de voto, podría conseguir 64 escaños según la última encuesta, comparado con los 33 actuales en el Congreso. Esto implicaría prácticamente duplicar su representación.
Abascal se encuentra ahora a 5,9 puntos porcentuales por encima del resultado obtenido en julio de 2023, cuando logró un 12,4% de los votos.
La convergencia entre ambas formaciones es numéricamente evidente.
En 2023, el PP y VOX estaban separados por más de 20 puntos porcentuales y 104 diputados. Hoy esa distancia se ha reducido a solo 13,6 puntos y apenas a 71 escaños. La tendencia es clara: mientras uno se desploma, el otro avanza. Y lo más preocupante para los populares es que no hay señales que indiquen un freno a esta dinámica.
Ni siquiera movimientos internos dentro de VOX, como la expulsión del histórico Javier Ortega Smith o las críticas lanzadas por este hacia la dirección del partido han tenido un impacto significativo en sus perspectivas electorales. La fidelidad entre los votantes de la formación se mantiene alta, con un impresionante 84,6%, la cifra más elevada dentro del espectro político español.
Una característica distintiva para Vox dentro este escenario es su notable capacidad para retener electores. Con una fidelidad del impresionante porcentaje del 84,6% entre sus votantes, Abascal presenta así una base electoral más sólida comparada con la menor fidelidad observada entre los votantes populares. Esto explica por qué a pesar de los esfuerzos realizados por Feijóo para recuperar terreno mediante nuevos documentos marco o reestructuraciones negociadoras; muchos votantes siguen abandonando al PP rumbo hacia posiciones más conservadoras.
La encuesta realizada por Sigma Dos tuvo lugar entre el lunes y el viernes anteriores a su publicación y refleja cómo han respondido los ciudadanos ante el reseteo negociador entre Feijóo y Abascal, así como ante el nuevo «documento marco» definido por el PP para marcar sus líneas rojas al pactar con Vox. No obstante, estos movimientos tácticos parecen no haber influido en las intenciones electorales. Los ciudadanos continúan confiando cada vez más en Vox para influir sobre los gobiernos del PP.
El colapso de la izquierda y la estabilidad relativa del PSOE
Mientras el PP cae y VOX asciende sin tregua, el panorama entre las fuerzas izquierdistas presenta matices diferentes. El PSOE ha logrado aligerar una caída que había durado tres meses consecutivos, subiendo del 26,1% en febrero al 26,4% este mes. Este leve repunte le permitiría alcanzar los 108 diputados, dos más que en febrero; sin embargo, sigue lejos de los 121 que posee actualmente.
Lo que sí resulta devastador es la fragmentación dentro de la extrema izquierda. Sumar y Podemos, juntos apenas alcanzarían solo 16 escaños (14 y 2 respectivamente), frente a los 31 parlamentarios logrados en julio de 2023. Esta descomposición del espacio ultra contrasta con la relativa estabilidad del PSOE pero no compensa la pérdida generalizada de representación por parte de toda la izquierda.
El viacrucis electoral de Sánchez en Castilla y León
El panorama nacional tiene repercusiones específicas en territorios concretos. Castilla y León celebrará elecciones autonómicas el próximo 15 de marzo; justo dos semanas después se realizó este sondeo. Según otra encuesta publicada por Sigma Dos a través de El Mundo, se prevé que el PP suba hasta un 4,4%, pasando del 31,4% al 35,8%, lo cual podría traducirse entre uno y cuatro escaños más; alcanzando así entre 32 y 35 diputados. Por su parte, el PSOE mantendría unos resultados prácticamente idénticos a los obtenidos hace cuatro años: bajaría del 30% al 29,8%, aunque podría tener dificultades para mantener sus actuales 28 procuradores e incluso perder hasta dos.
VOX experimentaría una ligera caída del 0,8%, aunque esto le permitiría conservar sus actuales 13 asientos e incluso sumar uno adicional en Soria. La base del trabajo realizado por Sigma Dos proviene de un total de 1.954 entrevistas realizadas entre el 9 y el 19 de febrero; esto revela que el PP crecería principalmente atrayendo votantes provenientes de Ciudadanos, además despojando más de 11.300 votos al PSOE.
La encuesta también muestra que los jóvenes castellanos y leoneses tienden claramente hacia el bipartidismo: un notablemente elevado porcentaje opta por el PSOE (28,3%), seguido por un considerable apoyo al PP (22,2%) y finalmente VOX con un modesto (12%). Este dato indica que la polarización entre las dos grandes fuerzas sigue siendo relevante entre las nuevas generaciones electoras.
El juego provincial será crucial. Mañueco podría arrebatarle a Martínez un procurador tanto en Palencia como otro en Burgos; mientras otros dos están en juego en Ávila y Valladolid además del disputado asiento correspondiente a León. El PSOE luchará también por sumar uno extra en Soria.
