Lo que ha ocurrido en España estas semanas con la huelga judicial –que no lo es de derecho, sino de hecho– debería alarmar a cualquiera que aún crea en el Estado de Derecho . Porque no se trata solo de un conflicto laboral encubierto. Estamos hablando de una violación consciente, masiva y tolerada de la ley por parte de quienes tienen el encargo de interpretarla y aplicarla. Los jueces no pueden ir a la huelga. Lo dice la ley. Pero lo han hecho. Y no pasa nada.
Desde el colectivo UMDVERDES, donde nos reunimos guardias civiles que en su día luchamos por una Guardia Civil más democrática, vemos este espectáculo con una mezcla de estupor y amarga ironía . A nosotros nos encerraron, nos echaron del Cuerpo, nos ingresaron en psiquiátricos militares y nos persiguieron como delincuentes. ¿Nuestro crimen? Fundar asociaciones, pedir derechos, denunciar la corrupción.
Y mientras tanto, esos mismos jueces que ahora piden aumentos salariales y reformas estructurales, fueron entonces los verdugos togados de muchos compañeros . Avalaron procesos injustos, nos negaron recursos, legalizaron atropellos institucionales. Hoy, cuando vulneran la ley ellos mismos, no hay castigo, ni reproche, ni tan siquiera un toque de atención .
España sigue siendo un país con dos justicias: la de la casta togada y la del tricornio democrático . Y lo peor no es solo la impunidad de los jueces huelguistas. Lo peor es que las heridas de aquellos años de plomo siguen abiertas , sin reparación, sin reconocimiento y sin memoria.
Operaciones como “Columna”, que desplegaron recursos del Estado para destruir a nuestros compañeros con métodos inconfesables, fueron posibles porque nadie desde los tribunales alzó la voz para frenar el atropello . Y hoy, quienes sí alzan la voz –los magistrados que claman por sus derechos vulnerando la ley–, cuentan con cobertura institucional y silencio mediático.
Desde UMDVERDES no nos callaremos. Ni ahora ni nunca. Seguiremos exigiendo justicia para quienes pagamos con nuestras carreras y nuestras vidas por defender la democracia dentro de la Guardia Civil , y señalando la hipocresía de un sistema que protege a los poderosos cuando delinquen, y machaca a los humildes cuando denuncian.
Porque si algo nos enseñaron aquellos años oscuros, es que sin verdad, sin reparación y sin justicia, no hay democracia posible.
