La Bolsa estaba por los suelos, Esperanza Aguirre en pleno streaptease autonómico, la prima de riesgo elevando su tarifa de prostitución financiera, el Ministro de Economía en caída libre de un Guindo, el Ministro de Hacienda brindando sus «faenas» Montoro en mano, Cataluña cobrando la cama aparte, Ana Mato vendiendo Sanidad «todo incluido», MAFO haciendo un inesperado cameo, Froilán reponiendo «la escopeta nacional», Soraya uno desaparecida en combate, Soraya dos volando junto a Rubalcaba sobre el nido del cuco mediático y el Senado repitiendo su eterna y monótona versión de Pirandello: 264 personajes en busca de autor.
Las España de este martes 10 de abril de 2012 dejó a los españoles como la célebre chica de Nacha Pop al nostálgico Antonio Vega, al que se le echa tanto de menos. Murmurando ante los televisores, a medida que se iban terminando los telediarios: «chica, vete a tu casa, no podemos jugar»
Porque este juego colectivo a la ruleta rusa, dándole vueltas al tambor de un revolver en el que gira la bala mortal del rescate, es posible que le haga subir la adrenalina al personal, pero cualquier psiquiatra lo calificaría de estado de locura, que no deja de ser una alternativa subconsciente al estado de bienestar. El nieto del Rey se pegó un tiro en el pie, pero los súbditos de su Majestad están decididos a darse el tiro de gracia en la sien.
En este desolador paisaje económico, político y social, el papel de la prensa de los mirones y los mirones de la prensa, quedó perfectamente reflejado en estos días, al ponerse el sol, en éste viejo imperio en el que el astro rey no se ponía nunca in illo témpore y ha dejado de salir por las mañanas desde hace unos años.
Lo más grave que ocurrió este martes negro para olvidar, fue el «mutis por el foro» de Mariano Rajoy. Lo que ocupa hoy lugares privilegiados en las páginas de periódico y en las tertulias audiovisuales, es el silencio de un Presidente que dejó a los medios de comunicación compuestos y sin un titular para el día siguiente.
Pero, en el fondo, lo que ocurrió este martes 10 de abril de 2012 en los corredores del Senado es que se pudo contrastar un modelo de Presidente que intenta evitar ser esclavo de sus palabras, de sus improvisaciones, frente a otros modelos de Presidentes que renunciaron a ser dueños de sus silencios y de sus reflexiones.
En Galicia, donde nació el actual inquilino de La Moncloa, se usa una frase muy plástica para describir a los que hablan por no quedarse callados: «o falar non ten cancelas» (el hablar no tiene cancelas) Y sólo el tiempo despejará la duda que esta mañana se cierne sobre una parte de la opinión pública española: si el silencio a tiempo de un estadista, cuando los voraces mercados atacan de oído, será más terapéutico o no que la incontinencia verbal.
Quizá una parte de la alternativa por la que ha apostado una mayoría de españoles, hace poco más de cuatro meses, sea también un Presidente que hable menos y haga más. Un director capaz de anunciarle a la opinión pública, sin palabras: ¡Silencio, se gobierna!


