Julia Navarro – Escaño Cero – Que paguen ellos


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

En Estados Unidos congresistas y senadores dependen de la opinión directa que de ellos tengan sus electores, es decir, responden ante quienes les votan y no ante su partido, al reves de lo que sucede en nuestro país. De manera que no es de extrañar que una gran mayoría de los congresistas norteamericanos hayan votado en contra del Plan propuesto por el presidente Bush para salvar Wall Street.

Difícilmente los ciudadanos norteamericanos están dispuestos a pagar las consecuencias del cpaitalismo de casino que ha hecho multimillonarios a muchos sinvergüenzas en los últimos años. Que tenga que ser la sufrida clase media con sus impuestos, o las clases mas desfavorecidas renunciando a prestaciones sociales, las que tengan que pagar los platos rotos por los tiburones de Wall Street es cuanto menos injusto.

Así que los congresistas han rechazado un plan y sus impulsores tienen que sacarse de la manga otro plan para intentar paliar los efectos de la catástrofe financiera que ha adquirido carácter casi planetario. En España sería impensable que los diputados dijeran «no» a cualquier asunto que presente su partido, estén en el gobierno o en la oposición. Recuerdo que cuando la guerra de Iraq, muchos diputados del PP se lamentaban de la decisión de Aznar de meter a España de hoz y coz en un conflicto que rechazaba la inmensa mayoría de la sociedad, pero ninguno se atrevió a votar en contra. Lo mismo ha sucedido recientemente con el Estatuto de Autonomía de Cataluña: muchos diputados socialistas se quejaban en voz baja de las consecuencias que el consabido Estatuto iba a tener en el futuro. Sin embargo, todos votaron a una sin rechistar, porque nuestro sistema electoral hace que sean los «aparatos» de los partidos quienes deciden el futuro político de los parlamentarios y no directamenbte los electores.

Quizá haya llegado el momento de reflexionar sobre la conveniencia de reformar el sistema electoral para hacer posible que seamos los ciudadanos los que quitemos o pongamos a nuestros representantes en función de su trabajo en el Parlamento, y no que la decisión sea del «aparato» de cada partido en función de la fidelidad del parlamentario a las directrices de sus jefes que a veces chocan con lo que quieren los ciudadanos.

No soy una experta en asuntos económicos, y por tanto no tengo una varita mágica que me indique la solución, pero sí creo que más allá de las medidas que se tomen, lo que no es admisible es que los responsables de esta catástrofe se vayan de rositas. En mi opinión, deben ser llevados a los tribunales y recibir una sanción ya que por su culpa millones de personas en todo el mundo se van a quedar sin empleo sufriendo y van a pagar los platos rotos de la crisis.

Quienes han causado éste desastre no se pueden ir a su casa alegremente sino que deben de responder por lo que han hecho solo así sería tolerable que se eche mano del dinero público para intentar paliar la situación.

Julia Navarro.

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