Carlos Carnicero – Banqueros, ellos se lo guisan y se lo comen.


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Una demostración de la anestesia que ha promovido el neoliberalismo en nuestra sociedad es la pensión que se ha adjudicado José Ignacio Goirigolzarri. A sus 55 año, el consejero delegado del BBVA cobrará mas de tres millones de euros al año, respaldados por un fondo de 52,49 euros que el banco tiene reservado para él. Para los que se pierden con los euros, una transformación a pesetas: el segundo del BBVA cobrara 500 millones de peseta al año hasta completar un total previsto de 8.713 millones de pesetas. Por favor, amable lector: abra y cierre los ojos unas cuantas veces.

A cambio el número dos del banco ha accedido a que el presidente de la institución, Francisco González, que cumple ya los sesenta y cinco años, pueda continuar en el puesto de presidente por el que el año pasado recibió 16 millones de euros; es decir, 2.656 millones de pesetas.

Naturalmente en un sistema de cooptación como es el que gobierna los bancos, todos los miembros de la jerarquía aplauden hacia arriba y un poco hacia abajo los éxito de gestión.

La pregunta inevitable es: son tan inteligentes estos empleados como para auto gratificarse de esta manera. Son ellos mismos los que se contratan, los que se evalúan y los que se gratifican. En esta España de cuatro millones de parados no hay conciencia siquiera para que se extienda la indignación por unos sueldos y unas pensiones tan obscenas. Aludía el presidente de Gobierno a los poderosos: los tiene a la vista, debiera fijarse en ellos y tomar alguna medida en vez de invocarlos como un sortilegio.

El argumento de que es una empresa privada (el BBVA) ni siquiera es de recibo. La ley de Sociedades Anónimas ha permitido que personas que no tienen riesgo y que son empleados de lujo se fijen las retribuciones con un control del Consejo de Administración que actúa bajo el imperio de que si los resultados son buenos, los premios deben ser astronómicos. El problema es que un asunto como este tiene una enorme carga de desestabilización social. Los mismos que cobran estos salarios y estas pensiones son partidarios de las reducciones de plantilla, de los ajustes salariales y del abaratamiento de los despidos. Uno echa en falta sindicatos que se nieguen a discutir convenios colectivos desde estas ofensas y asociaciones de consumidores que recomienden dejar de trabajar con bancos que tienen comportamientos tan obscenos.

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