Carmen Tomás – En camisa de once varas.


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

La entrada de Telefónica en el capital de Telecom Italia sigue levantando críticas. La prensa italiana se hace eco estos días de una posible fusión entre ambas operadoras. Esta polémica no le gusta al ministro de Industria. Sebastián, de hecho, ha defendido a la operadora, aunque sobre la posible fusión no se ha querido pronunciar. Dice que «el Gobierno no interfiere en las decisiones de compañías privadas». Está claro que el ministro Sebastián tiene muy mala memoria. No sólo es que su Gobierno ha intervenido, es que ha sido el mayor actor, por ejemplo, en la OPA a Endesa. Entonces no sólo aprobó normas exclusivas para expulsar del proceso a la alemana E.On, sino que se metió hasta las cachas en la entrada tanto de Acciona como de la italiana ENEL. Esto por no remontarnos a su participación en todo lo que tuvo que ver con el asalto al BBVA que protagonizó Luis del Rivero, presidente de Sacyr, y que fue, gracias a dios, un fiasco.

Ahora, Sebastián se ha ofrecido para mediar en el conflicto que mantienen precisamente el presidente de Sacyr y el de Repsol, Brufau. El lío tiene que ver con la decisión de Repsol de recortar el dividendo (Sacyr posee el 20 por ciento del capital de la petrolera). Y, claro, la constructora necesita capital y está que trina. Y digo yo, ¿qué narices tiene que mediar o interceder el ministro de Industria en un conflicto que tiene que ver con intereses cruzados de un accionista de una empresa privada?

Es sin duda esa necesidad vital, aunque nunca confesada, de Miguel Sebastián de estar en todas las salsas, en el fondo de intervenir en la economía y en la empresa, cuando algunos de sus escritos y algunas de sus propuestas pasaban de liberales. No hay quien lo entienda, más que por ese afán de protagonismo que durante todos estos años ha caracterizado a Sebastián tanto en su etapa al frente de la Oficina Económica de Moncloa como después con ese salto mortal que quiso dar a la alcaldía de Madrid o ahora desde el Ministerio de Industria. Es tan errático que igual se muestra a favor de la energía nuclear, llevando la contraria a Zapatero, como apoya al presidente en esa decisión incoherente, carísima y contaminadora como la que pasa por mantener o incluso aumentar las subvenciones al carbón. Con la cantidad de trabajo que tendría en este momento en este país el ministro de Industria no se entiende que ande mediando en los intereses de empresas privadas. Más bien debería estar en cómo ayudar al sector turístico que ha vivido un año 2009 para olvidar y que afrontar con peor perspectiva si cabe 2010. Un sector estratégico que aportaba a España el 14 por ciento del PIB y ahora no llega al 10 por ciento.

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