Luis del Val – Limosnas para los bancos.


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Es ejemplar la rapidez con que los bancos y entidades financieras españolas colaboran para canalizar la ayuda hacia Haití. Los bancos son instituciones muy poco interesantes, pero muy interesadas, defendiendo con habilidad y discreción la manera de cobrarle al cliente sin disgustarle demasiado, o sea, proporcionándole la menor información posible, y siempre dando un paso adelante para ayudar a las víctimas de las catástrofes.

Ahí están para que usted pueda solidarizarse con los haitianos, sin que tenga que preguntar a dónde tiene que dirigirse para aportar su óbolo. No discurra, no se canse: en el banco más próximo. Además, el banco le cobrará sólo tres euros por la gestión. Si su aportación es de diez euros para los haitianos, entonces le cargarán un apunte de trece euros, con lo que el banco se lleva casi el treinta por ciento de la limosna, pero si su generosidad le impele a alargarse hasta los cien euritos, entonces el banco, que tampoco está para quitarle el dinero a los pobres, sólo se quedará con el tres por ciento. De esa manera, usted ayuda a los haitianos, no pierde demasiado tiempo y, de paso, proporciona una limosna a su banco, que bastante mal lo está pasando, el pobre, con la cantidad de pisos que tiene que embargar, porque hay gente muy grosera que se ha quedado en el paro y no puede pagar la hipoteca.

Vivimos en una época rodeados de aparatos multiservicios, y los bancos, que son muy modernos, convierten su ayuda caritativa a los haitianos en multifuncional, de tal manera que ayudan a Haití y, a la vez, ayudan a su cuenta de resultados, en una demostración de eficacia multidisciplinar digna de admiración. Tres euros puede que no hagan granero, pero ayudan al compañero. El resultado es que, además de ayudar al prójimo, ayuda a que no bajen los beneficios de su banco con esta pequeña limosna de la que es posible que no tuviera noticias.

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