Fernando Jáuregui – Países de locos.


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

Curiosa coincidencia en el tiempo: mientras en España se estudia acelerar la entrada en vigor de la jubilación a los 67 años, el hombre que preside el país vecino del norte adelanta la edad del retiro a los 60. Siete años de diferencia entre la nación del norte y la del sur, siete años que, a según qué edades, son una eternidad para el disfrute del ocio. Si le digo la verdad, amable lector, no acabo de entender muy bien algunas de las cosas que nos pasan a los de aquí abajo (tampoco entiendo algunas de las que pasan allá arriba, pero esa es otra cuestión). Por ejemplo, ¿de verdad hay alguien que pueda jubilarse a los 67 en España, cuando nadie alcanza la edad actual, 65, en pleno ejercicio del trabajo (se exceptúan presidentes de bancos y de grandes empresas, jueces y catedráticos, claro)? O también me pregunto, ¿tiene sentido decretar la jubilación a los 67 y propiciar Eres, también o sobre todo para las empresas públicas, que permiten a los interesados jubilarse -prejubilarse, lo llaman, pero viene a ser lo mismo_ a los 60?

España, cada día más, es país de contrastes. Y, aunque no sea necesariamente lo mismo, de desigualdades. A unos los prejubilaron con 52, para escándalo del personal, y ahí viven, conscientes de la suerte que tuvieron de que no les pillasen las vacas flacas. A unos se les terminó el contrato de dirección y cobraron indemnizaciones supermillonarias como pago a una gestión deficiente y a otros probos funcionarios que siguen aferrados al timón les recortan -palabro de moda_ el magro salario. Unos salen diputados autonómicos, o senadores, o les hacen presidentes de una diputación y hala, a vivir tan ricamente, y otros, en cambio, se van a quedar, merced a la tijera de podar, sin la poltrona, ya lo verán ustedes; que ya Esperanza Aguirre, me parece que con buen tino, ha empezado a anunciar que va a reducir a la mitad el número, ahora claramente excesivo, de diputados regionales. Y la «lideresa» marca, ya se sabe, tendencia: ¿cómo no se nos había ocurrido antes que a lo mejor aquí sobra una buena parte de la clase política?

Y ya puestos a pensar en jubilaciones, ¿por qué no anticipar, en lugar de postergar, unas cuantas, eso sí, a precio de jubilado «normal»? Seguro que la ciudadanía lo agradecería. Aquí, y hasta en la cada vez más lejana Francia.

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