Rafael Torres – Al margen – Todos a la cárcel.


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Si la gente se halla encerrada en esta cárcel de miedo y pobreza en que la han sepultado, es natural que quiera compartirla, en tanto averigua el modo de fugarse de ella, con los que la han conducido al cautiverio. En otro módulo, pero en la cárcel, tras siete rastrillos, y siete cancelas, y siete cerrojos, por lo menos hasta que devuelvan el último euro que, camuflados en la banca, en fundaciones de mecenazgo, en la política o en cualesquiera institución pública o privada, robaron a los trabajadores, a los jubilados, a los enfermos, a los minusválidos y aun a los niños de pecho. Solo de ahí, de la recuperación íntegra del fabuloso botín amasado por todos los granujas que saquearon el tesoro comunal que se hallaba sin guarda ni custodia, puede llegar el rescate que libere de los ominosos barrotes de la indigencia a los españoles.

Diga lo que diga ese Rajoy en tránsito desde ningún sitio al partido contra Italia, diga lo que diga ese De Guindos que, en efecto, parece estarse cayendo del guindo constantemente, y digan lo que digan las incalificables agencias de calificación, la Bolsa de los ludópatas dinerarios sin conciencia, la Europa de los prestamistas y toda la patulea de vividores que merodea por los contornos de nuestra desgracia nutriéndose de ella, digan lo que digan, si España recuperara lo que le robaron a los españoles, y que debe andar por ahí, por algún sitio, en ocasiones provocadoramente visible ante los ojos de los condenados, éstos recobrarían la libertad, la dignidad, las perras, y estarían en condiciones de rechazar amablemente la limosna de 100.000 millones que les hace más mendigos, y aun de invitar a unas cañas y a unas tapitas a los jerifaltes del BCE, del FMI y demás antros del dinero.

Porque pudiera ocurrir, si no van los ladrones a la cárcel, todos a la cárcel, que la gente averiguara por fin cómo fugarse, y que, como los esclavos coloniales que huían al campo y se convertían en cimarrones, se hiciera montaraz. No se le va dejando a la gente otra alternativa, aunque lo mismo ésta de echarse al monte sea la única, si es que no la mejor.

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