Andrés Aberasturi – Y ahora ¿a quién culpamos?


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Así que no era la pobre Grecia (lo de «pobre» va sin segundas) la culpable todos los males de España y Europa. Ganan las elecciones los que están dispuestos a seguir en el euro y la alegría dura media hora en las bolsas y treinta minutos en los demás mercados. Y luego, pasada esa primera y muy efímera euforia, no sólo las cosas vuelven a si sitio sino que, al menos en España, se hunden más de los que estaban: la prima de riesgo se dispara otra vez a máximos históricos y las bolsas caen hasta perderse entre las ranuras del parquet. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Sobre quién echar si no la culpa, sí al menos la responsabilidad de nuestras desgracias? Lo lógico sería que todas las miradas se volvieran hacia Alemania, pasando, claro, por el Banco Central Europeo y a falta de conocer que se cuentan los del G-20. Pero ya se empieza a poner de bruja piruja a la señora Merkel que, además, mete en muchos líos a su propio gobierno: mientras su titular de Exteriores hablaba de cierta flexibilidad con Grecia, un portavoz de Merkel lo desmentía tan rotundamente que hasta a los periodistas les entró la risa cuando un colega griego le dijo al portavoz que realmente no sabía cómo informar a sus compatriotas porque el mensaje era distinto según con el que hablaras.

Y esto, que puede parecer una anécdota a la que en España estamos ya de sobra acostumbrados, es también, posiblemente, un reflejo de la realidad europea: no se aclaran, no nos aclaramos. El BCE ni sabe ni contesta y la duda está en saber en qué momento piensa intervenir o si ya ha optado por dejar que se hundan poco a pocos las economías de los estados en situación más complicada. Tendría gracia que el Banco que nos inventamos entre todos los países del euro, terminara siendo el verdugo impasible de la muerte de algunos.

Pero esto es lo que hay y la alternativa puede quedar muy bien en la Historia como actitud rebelde pero con lamentables resultados. España sola no va sino al desastre, lo mismo que Italia y no digamos Grecia: no tenemos dinero y nadie quiere prestarnos, así de fácil, así de duro. Podemos discutir si nos lo merecemos o no, podemos discrepar de Rajoy y podemos elegir asistir a una de la cuarenta manifestaciones que hay convocadas para hoy, salen hoy; el resultado es que no hay dinero, es que debemos mucho y cuanto más pedimos para pagar lo que debemos, más nos endeudamos. ¿Qué palabra de «no-hay-dinero» no terminamos de entender?

Y el problema -que efectivamente se agrava en España por su desmesurado número de parados- es un problema europeo que empieza a resultar verdaderamente incómodo por lo que tiene de sumisión -otra vez- a Alemania. Con el cambio en Francia y con Gracia dispuesta a seguir en Europa pero queriendo negociar su futuro, aligerar un poco la carga, todos miran a Alemania que parece ser la única empeñada en continuar con esta política de ajustes duros. Es verdad que hay que equilibrar el déficit para luego crecer, pero también es verdad que si te mueres de tanto querer equilibrar, ya es inútil la promesa de crecer.

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