Pedro Calvo Hernando – Rajoy como eje del problema.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Escucho en la SER una entrevista con el ministro de Economía y es una de las pocas veces que no siento malestar interno cuando me llegan mensajes del Gobierno y su partido a través de sus principales protagonistas. Es parecida a la sensación que tengo cuando veo o escucho al ministro de Asuntos Exteriores. Doy gracias a Dios por ello y pienso que Luis de Guindos y José Manuel García Margallo, junto a muy poquitos más, salvan al poder del PP de la catástrofe final, porque nos hacen pensar que no todo está perdido o que no todos son absolutamente inútiles y reprobables. Se acercan quizá el ministro de Industria, la ministra de Fomento o la misma vicepresidenta. Se me dirá, quizá con razón, que me excedo en mi esfuerzo por el intento de salvar a algunos. Pero dejo claro con ello que no me alegro de la desgracia gubernamental-pepera y que desearía que eso cambiara incluso de forma radical. Lo de Guindos en la SER no es convincente, pero tampoco te deja el clásico sabor a ponzoña que producen casi todas las intervenciones públicas de gente como Floriano, Cospedal, Gallardón y demás.

Pero claro, el eje fundamental del problema es el presidente del Gobierno, que marca la pauta y el estilo de todo un sistema, que pasa por la grandes cuestiones que preocupan a la ciudadanía como si no existieran y por supuesto sin el menor atisbo de solución. Nada, por ejemplo, sobre el caso Bárcenas, el independentismo catalán, el conflicto de Gibraltar o la guerra de Siria. Nada de nada. Y sobre el desempleo y la crisis económica, lugares comunes y trampas verbales que a nada conducen. Es difícil atisbar cuánto puede durar esta extraña situación ni hasta dónde pueden llegar las protestas sociales que se reproducirán desde el otoño en senda de lo sucedido el curso pasado. Lo que no es difícil es saber, porque lo vemos con total nitidez, el desgaste creciente del sistema y la casi total desafección de la gente respecto del mismo. Todo ello significa una enfermedad gravísima de la democracia, que puede llegar a ser irremediable y que nos arrastraría a un abismo insondable.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído