Francisco Muro de Iscar – Jóvenes desencantados.


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Lamentablemente no es lo que más preocupa al Gobierno y a la oposición, a los sindicatos o a los empresarios. El problema de este país, además de la creación de empleo, es el de los jóvenes. Se nos ha llenado la boca diciendo que tenemos la generación joven mejor formada de todos los tiempos y que una formación universitaria garantiza un mejor salario. Aunque discrepo en alguna medida de ambas afirmaciones, démoslas por buenas. Los datos apuntan en otra dirección: el porcentaje de jóvenes titulados superiores (en FP superior o Universidad) que ni estudian ni trabajan ha crecido en estos últimos años un 69 por ciento, hasta alcanzar el 21,4 por ciento del total. Ni ellos encuentran trabajo.
Estos jóvenes que no responden al cliché de los nini -los que no han querido estudiar ni trabajar- son los grandes damnificados de ahora. Posiblemente no encuentren trabajo en los próximos diez años, el plazo que los expertos estiman necesario para que volvamos a las cifras de empleo de antes de la crisis. Cerca del 60 por ciento de los puestos de trabajo destruidos desde 2007 corresponden a estos jóvenes. Cuando el mercado les llame serán gente sin experiencia, con conocimientos desfasados y con una historia de frustración personal y familiar. Además, tendrán que competir con jóvenes que acaban de terminar su carrera. Ellos y los mayores de 50 años que han perdido el trabajo en la crisis y que pueden jubilarse sin volver a trabajar y sin derecho a una pensión digna son el gran drama de esta crisis.
Hablamos no de una sino de dos generaciones perdidas o abandonadas a su suerte. Son, además, jóvenes absolutamente desinteresados por la política. El 56,5 por ciento suscribe la frase de que «la política no tienen nada que ver conmigo ni afecta para nada a mi vida privada». No es difícil de entender. Pero tampoco son rebeldes ni ha crecido su compromiso social. El porcentaje de jóvenes que no participan en ninguna asociación ha pasado del 69 por ciento en 1994 al 81 por ciento en 2010, según datos de la Fundación SM. Sólo nos superan en ese desinterés los jóvenes griegos o polacos.
Tampoco ha reaccionado nadie con preocupación a dos datos recientes. El primero, que un 67 por ciento de los menores de 15 años disponen de móvil y lo que más les preocupa en esta vida es «quedarse sin cobertura». Muchos de ellos padecen ya una adicción que les traerá problemas. Pero mucho más grave es que los jóvenes de esa edad, de 14 y 15 años beben más que antes, se emborrachan frecuentemente, y tienen acceso al alcohol sin ningún límite ni control, a pesar de las supuestas prohibiciones legales. Algo parecido se podría decir de las otras drogas. El desencanto social y el desinterés por la política se reflejarán en el futuro de la democracia. La irresponsabilidad con la que miramos el acceso de los más jóvenes, casi niños, al alcohol y las drogas, puede tener efectos devastadores sobre ellos y su futuro. Y nadie se preocupa.

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